El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: CompagInah

Algunos rasgos de los habitantes de Colima durante los años 1000 al 1500 d.C.

Por Arqlga. Maritza Cuevas Sagardi
Arqlgo. Rafael Platas Ruiz
INAH Colima

El periodo cultural que se desarrolló en Colima durante los años 1000 al 1500 d.C. se le conoce  como fase Chanal, la misma se caracteriza por ser el momento en el cual la región alcanza su mayor densidad demográfica a partir del establecimiento de un gran centro de poder que se encontraba situado en los terrenos que ocupa hoy en día la actual comunidad del El Chanal, extendiéndose en un área de más 100ha sobre ambas márgenes del río Colima, cuya arquitectura estuvo determinada por la construcción de palacios con pórticos, recintos ceremoniales con juego de pelota, el uso de banqueta-altar y altar-plataforma, grandes conjuntos habitacionales conectados por pasillos y andadores; resaltó la existencia de una tradición iconográfica expresada en lajas de piedra adosadas a muros y escalinatas; además de la presencia de algunos montículos y plataformas de poca altura de carácter cívico religioso.  Las características de la cultura material de los individuos de esta urbe, muestra claras influencias del altiplano central con rasgos Tolteca- Chichimeca, y se caracterizó por imponer una religión con dioses perfectamente definidos, además de un sistema social basado de una milicia, la cual tenía la función de facilitar el tributo de las numerosas aldeas y grupos que habitaron la región.

Durante los trabajos realizados como parte de la arqueología de salvaguarda del patrimonio en el estado, se han efectuado investigaciones en diversos sectores de la zona conurbada de las ciudades de Villa de Álvarez, Comala y Colima, mismas que han permitido contrastar diversas interrogantes que se han hecho sobre el patrón de asentamiento y la manera que se apropiaron del entorno geográfico los individuos adscritos a la fase Chanal, principalmente aquellos que vivieron fuera de lo que se conoce como el sitio nuclear o rector. El registro de algunos elementos arquitectónicos de este periodo en diferentes sectores del valle, principalmente en el área que nos ocupa han dado cuenta que estas sociedades mostraban un patrón semidisperso donde podría existir una simple unidad habitacional o un grupo de tres a cuatro unidades organizadas en pequeños barrios que dependían de una economía basada en la producción agrícola, donde los campos de cultivo guardaban una estrecha relación y cercanía con las áreas de vivienda. Este rasgo se ha documentado hacia la zona norte del valle, por ejemplo, el patrón de asentamiento fue fuertemente determinado por la topografía de los terrenos que a su vez demarcó los espacios agrícolas, es decir las áreas de producción.

Como es sabido el sector norte de los municipios de Colima y Villa de Álvarez presenta una ladera inclinada donde sobresalen un sin número de promontorios de origen volcánico que muestran formaciones semicirculares, o en algunos casos figuran plataformas rectangulares que llegan a alcanzar alturas hasta de 12 a 15m. En muchos de los casos la formación geológica de estos montículos generó que se formaran pequeñas hondonadas o micro llanuras entre un promontorio y otro, estos espacios fueron sumamente aprovechados para la agricultura ya que de manera natural seguramente guardaban más humedad, y en ellas se encontraban depositados los rastros de aluvión y minerales, por lo tanto, parece indicar que estas eran las áreas de cultivo, y las viviendas construidas cerca de ellas eran emplazadas en la parte superior de las lomas, determinando así el patrón de asentamiento.

Lo poco extenso de la superficie productiva entre los promontorios a cargo de un individuo o un grupo familiar seguramente no era tan grande como para satisfacer las necesidades propias y los requerimientos del tributo, por lo tanto, se desarrolló un sistema de terraceado con muros de contención sobre las laderas y faldas de los promontorios donde tenían sus viviendas, ganando así una mayor superficie de producción agrícola.

La combinación de algunos de estos rasgos que marcaron el patrón de asentamiento a partir del aprovechamiento del entorno fueron documentados en la superficie que englobaron los terrenos que pertenecían a la Ex-hacienda del Carmen. Antes de la construcción de los fraccionamientos que podemos ver hoy en día, se encontraban plataformas naturales que se caracterizaron por mostrar evidencias de un notable acondicionamiento con fines agrícolas ligados a espacios habitacionales.

La relación de espacios habitacionales con áreas de produccón agrícola fueron documentadas cuando se exploró el predio donde se construyó el fraccionemiento Colinas de Santa Fe, sobre la margen centro-sur del terreno se extendía una elevación cuya silueta se mostró extendida e irregular, con un largo de unos 150m y a altura de aproximadamente 10 a 12 m con respecto al trazo de la calle del fraccionamiento Colinas del Sol, ubicado en su lindero sur. En su parte superior se apreciaba una meseta donde sobresalían a su vez unos promontorios de planta circular, algunos de origen geológico y otros artificiales.

En la parte superior del promontorio se encontraron tres cuerpos arquitectónicos que presentaron plantas rectangulares, cuyo sistema constructivo se basó en elaborar un cajón conformado por piedras de origen volcánico de pequeñas a grandes dimensiones que acomodaron formando cimientos de dos y tres hiladas, según el nivel requerido para compensar el terreno. Una vez constituido el cajón confinaron en él una gran cantidad de relleno de tierra y escoria volcánica hasta darle el nivel deseado de 1m referido en la parte más conservada de las construcciones, a partir de este nivel quedó establecido el piso interior; posteriormente le adosaron sobre su cimento otros elementos para establecer la entrada al recinto.

La ilustración muestra como lucía promontorio donde fueron registradas las viviendas y los alineamientos de piedras.

En cuanto a las particularidades de los cimientos que conformaron los cuerpos tenemos que contaron con largo 6.70m, 7m un ancho regular de 40cm y una altura de 80cm a 1m, fue elaborado a través de 4 hiladas piedras de medianas dimensiones cuyo tamaño fue uniforme fluctuando entre los 20 y 25cm desde las primeras piezas de su desplante. Los materiales empleados para este y el resto de los cimientos fueron andesitas y basaltos, algunas de ellas trabajadas con un careo que fue acomodado siempre hacia el exterior, y otras simplemente fueron elegidas por este rasgo con que naturalmente contaban, esto con la finalidad de integrar como elemento decorativo a la vivienda la superficie lisa de la piedra.

La distribución que presentaron los tres cuerpos arquitectónicos guardaron una estrecha relación, donde la vivienda más pequeña fue desplantada a escasos 2m detrás la estructura 1, siendo posible que ambas estuvieran habitadas por un grupo familiar compuesto por varios miembros. La disposición de las fachadas de ambas construcciones refiere que al sur de la primera, y al oeste de la segunda se extendía un patio abierto al poniente y al sur, donde lo delimitaba una tercera vivienda.

Estas tomas nos permiten apreciar la distribución de los cuerpos arquitectónicos emplazados en la parte superior de la loma.

Se había hecho referencia a la relación que existió entre las áreas de producción agrícola y los espacios habitacionales durante la fase Chanal, los elementos identificados en la ladera sur de loma donde se encontraban las estructuras, fue acondicionada para ambos fines, dando referencias claras que fue durante la fase Chanal cuando el valle de Colima contuvo una mayor ocupación humana.[1] La densidad poblacional debió provocar la necesidad de producir más alimento en espacios más reducidos, seguramente es por ello que durante este momento cronológico y cultural se observaron procesos de intensificación agrícola (ver Olay, 2005) así como  el mejoramiento de sistemas agrícolas que quizás ya se había venido implementando desde periodos anteriores en la región sin embargo, fueron los grupos de este periodo cultural, los que dejaron huellas de algunas de las técnicas utilizadas a partir del acondicionamiento de los promontorios típicos de la topografía de la ladera sureña del volcán de Fuego.

Prolongadas líneas de piedras fueron colocadas y empotradas sobre las faldas y laderas de los promontorios distribuidas de manera horizontal y ascendente, formando terrazas que permitían retener los sedimentos ante la erosión causada por las lluvias, y a su vez preservando la humedad manteniendo suelos fértiles donde se sembraba, ganando así espacio y mayores áreas de producción. Una serie de alineamientos que a todas luces referían que se trataban de una serie de elementos que constituían terrazas de las cuales, a pesar de las afectaciones causadas por los despiedres del terreno aún pudimos registrar sus características y distribución.

Cinco alineamientos conformados por medio de piedras de medianas a grandes dimensiones cuya distribución fue dispuesta conforme la figura que mostraba la ladera de la loma, por lo tanto, sus trazos se mostraron irregulares, y en algunos puntos estos se perdían por las alteraciones que había sufrido con el tiempo. Las dimensiones que alcanzaron las más conservadas presentaron un largo de 40m en un eje oriente poniente y la separación entre una y otra varió desde 2m a los 7m.

Imagen 135. Panoramica de como se percibía la  ladera de la loma a la distancia. Nótese el trabajo de acondicinamiento del espacio con fines agrícolas.

El sistema constructivo empleado para estas terrazas fue básico ya que utilizaron la misma piedra que se encontraba en el lugar para formarlas; estas fueron de tamaño medio a grande, la técnica empleada simplemente se basó en excavar un poco y acomodar la roca para que alcanzara cierta fijación. Por lo general buscaban que la parte careada de la piedra quedara expuesta hacia el exterior tratando que se percibiera como un rasgo decorativo en el paisaje, y a su vez generando un efecto de monumentalidad en la elevación. Tras formar alargados alineamientos, se pudo ver que al momento de concluir uno, a causa de que la topografía no permitiera seguir proyectándolo, colocaron cimientos verticales de manera ascendente para amarrar y fijar las travesías de las terrazas, tal y como fue documentado en el extremo oriente de la loma.

La evidencia que se presenta es un claro referente de cómo fueron acondicionados los terrenos durante la fase Chanal en el valle de Colima, a partir de la asociación de elementos arquitectónicos de carácter habitacional ligados a espacios de producción agrícola, dejando de manifiesto la interacción del hombre con su medio y el aprovechamiento máximo del mismo para satisfacer sus necesidades básicas de consumo.

Bibliografía

– Olay, Ma. Ángeles, El Chanal, Colima. Lugar que habitan los custodios del agua, Universidad de Colima/Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2004.
– Olay, Ma. Ángeles, Volcán de Fuego, cuna del agua, morada del viento. Desarrollo social y procesos de cambio en el valle de Colima. Una propuesta de interpretación, tesis de Doctorado en Antropología, CIESAS, México D.F., 2005.
– Sauer, Carl y Donald Brand, Aztatlan, prehistoric mexican frontier on the Pacific coast, Berkeley y Los Angeles, University of California Press, (Iberoamericana 1), 1932.

[1] Carl Sauer señala, con base en un concienzudo estudio de las fuentes del siglo XVI, que la tierra caliente existente entre el triángulo formado por el volcán de Colima, el valle de Cihuatlán y el valle de Alima, llegó a contar con alrededor de doscientos mil habitantes. Una buena parte de esa población debió corresponder al valle de Colima. Carl Sauer, Colima de la Nueva España en el siglo XVI, Colima, Gobierno del estado de Colima, 1990, p. 112-114.

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