Opinión

COLUMNA: Cotidianidad

Cuando me olvidé de mí, por ti

Por Karla Aliset Morfin Arredondo

Si el amor te inmoviliza, te frena, te limita, genera temor, celos, miedos, heridas, perdidas, a eso no se le llama amor porque el amor saludable empuja, sacude y conmueve: te transforma.

Algunas personas son adictas a estar enamoradas. Terminan una relación cuando la magia desaparece; cuando empiezan a ver los defectos de la otra persona y darse cuenta que no es tan perfecta como se pensaba. El verdadero amor no es ciego, cuando amas a alguien puedes ver sus defectos y los aceptas, puedes ver sus fallas y quieres ayudarle a superarlas.

El amor propio es la base de una relación sana y completa con la vida y el Mundo. Una relación saludable, nunca va a requerir que sacrifiques tus amistades, tus sueños o peor aún tu dignidad. Una relación sana, es una relación que comprende que no hay un único punto de vista ni correcto, comprender que existen realidades separadas que permiten la conexión con el otro.

Eres tú quien decide y elige estar con alguien, por lo tanto, debes tener claro qué es importante para ti en una relación.

El verdadero amor no es aquel que posee a una persona, es aquel que deja volar para que juntos lleguen a la meta; es aquel que te da tu espacio para brillar para hacer todo aquello que tanto te gusta y te llena el alma; donde ambos se complementan.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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