COLUMNA: Cuaderno de notas

La página en blanco y la poesía

Por Nadia Contreras

Mucho se habla sobre el síndrome de la página en blanco. Entre las acciones que recomiendan son: Respetar el propio ritmo, evitar pensamientos negativos, respiración profunda y lenta, además de mantener vivo el gran incentivo que es la lectura. Sin pretender parecer arrogante nunca he tenido conflictos con la hoja en blanco; mis conflictos se relacionan más con mi vida que divido tantas veces al día. La página en blanco, por ello, adquiere otro significado; es, además, puente inmediato con la poesía ya sea leyéndola o escribiéndola.

La página misma y los procesos actuales realizados en torno a ella son poesía. Justifico. La página no es tal cosa hasta que en ella se comienzan a transcribir digitalmente por primera vez textos literarios. Basta recordar el Proyecto Gutenbeg: Michael Hart, escritor, empresario y filántropo, decidió lanzar el Proyecto Gutenberg el 4 de julio de 1971. Su misión era la de ofrecer libros gratis a través de Internet con el objetivo de promover la alfabetización pública. Pero ¿cómo se pudo formar esta biblioteca digital tan pronto? Michael Hart era estudiante en la Universidad de Illinois, y tenía acceso a uno de los ordenadores del Laboratorio de Investigación de Materiales, que después formó parte de la red de ordenadores que participaron en el nacimiento de Internet. Hart decidió compartir obras literarias porque pensó que el público podría acceder a esta herramienta. El primer libro que compartió el Proyecto Gutemberg fue la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Después le siguieron obras de literatura clásica como Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas.

Hay, en toda esta información, algo muy interesante: La manera en que esa página en blanco se ha modificado. O como dicen, quienes se han puesto a estudiarla: modificación=metamorfosis. La página en blanco se ensancha, se alarga, se multiplica; responde a nuevos formatos, responde a incontables dispositivos. La página dejó de ser estática, es decir, un contenedor de límites específicos lleno de caracteres (una línea siempre continua que el poema en verso vendrá a cortar), para convertirse en algo más. ¿Caracteres? Hablemos primeramente de las tarjetas perforadas. Las computadoras carecían de pantalla y, por lo tanto, tenían que «ser alimentadas por medio de tarjetas perforadas». El proceso para crearlas es asombroso:

1.- El programador escribía el programa fuente en la hoja de codificación (muchas veces, varias).

2.- Entregaba las hojas de codificación a una persona llamada perforista que pasaba el programa de la hoja de codificación a las tarjetas perforadas (una tarjeta por línea) mecanografiando el programa en una máquina denominada perforadora de tarjetas.

3.- El programador recogía el taco de tarjetas perforadas y esperaba su turno para pasarlas por el lector de tarjetas que era el periférico que transmitía el programa fuente al computador donde el compilador hacía su trabajo devolviendo por la impresora el listado de errores, si los había.

4.- Si no había errores el programa podía ejecutarse, pero si los había, era necesario perforar nuevamente las tarjetas correspondientes a instrucciones erróneas y repetir el proceso de lectura de tarjetas y compilación del programa.

La página estática, invariable, se volvió dinámica. Hay, quienes incluso afirman, que la página como tal ha desaparecido. Leamos:

1.- No hay páginas en el ebook, sólo un % en el avance de la lectura.

2.- La extensión es variable. Si tenemos un manuscrito de 90 páginas, en el ebook, dependiendo del tipo de letra, tamaño, presentación (a una cara o dos), esta se modificará, agrandándose o reduciéndose. Ahora, imagen que leen este mismo libro en la pantalla de la computadora.

3.- La página es un pantallazo, eso dicen.

El concepto de página me parece vigente, sólo que ahora, propone infinitas direcciones. Página-pantallazo-poesía. La poesía, en palabras del escritor mexicano Marco Antonio Campos, es infinita y confirma: «en la poesía cabe todo». Pensemos en una página web. Una entrada, por ejemplo, de cualquier sitio, puede contener el texto y las imágenes que se quieran, de manera similar a esos pliegos antiguos. Pero aquí, en quien edita, debe caber la cordura.

En tiempos pasados, la página era sólo una página; al revés y al derecho, una página en blanco o impresa. Ahora, la página como término, es relativo. La página digital o electrónica es, en el fondo, código, lenguaje. Es decir: HTML, PHP, CSS, JavaScript. Los libros electrónicos son un tema apasionante si nos referimos a sus propios códigos: XHTML, XML, CSS, entre otros, dependiendo de las necesidades del propio texto, sus alcances. Y estos códigos, estos lenguajes, una vez interpretados, simularán un texto, una lectura.

Hagamos un ejercicio muy sencillo. Voy a digitalizar la parte inicial del poema Retorno de Electra, de la maestra Enriqueta Ochoa para una página web. La intención es explicar el término “relativo” que se asigna hoy a estos espacios de escritura, en donde los datos (retomamos los conceptos de código y lenguaje), una vez decodificados, se pueden leer sin problema alguno, de forma masiva, es decir, por un sinnúmero de lectores. Veamos los atributos:

Ahora pasemos a la conversión, la transformación, la metamorfosis:

Aquí, utilizo el escritorio de la plataforma de Blogger, que como ya les había adelantado en una publicación anterior, es un servicio creado por Pyra Labs y adquirido por Google en 2003, que permite crear y publicar una bitácora en línea. El concepto de página, como dije, es relativo. Y ¿qué sucederá, si a esta página (la misma página que a muchos bloquea, dejando las mentes en blanco y las emociones aplanadas), se le agregan, además de la letra, soundtracks, gráficas 3D, video en streaming? Como ven, lo que leemos en una página web es resultado de una transformación. Retomo la triada: página-pantallazo-poesía. Una transformación que, por mi formación literaria, asocio de esta manera. Jorge Luis Borges escribió: «Me han sucedido muchas cosas, como a todos los hombres. He encontrado placer en muchas cosas: nadar, escribir, contemplar un amanecer o un atardecer, estar enamorado. Pero el hecho central de mi vida ha sido la existencia de las palabras y la posibilidad de entretejer y transformar esas palabras en poesía». Se entretejen códigos, lenguajes, se transforman (parafraseando a Percy Bysshe Shelley), en la sangre misma de la naturaleza humana.

Si vamos al poema completo de Enriqueta Ochoa, encontraremos un abanico amplio de estímulos, emociones. No me refiero a aquello de lo que habla el poema sino a lo que hace un poema. La página (el trasfondo, sus estructuras, sus entrelazamientos, las secuencias de datos), como la poesía, permite mirar otra representación, otro aliento sobre las cosas del mundo. La lectura, como tal, es ya otro tema para discutir.

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