COLUMNA: Cuaderno de notas

Sobre las cosas del mundo, sus historias

Por Nadia Contreras

I

Mi relación con los objetos pequeños es muy estrecha, siempre me han gustado aquellos objetos que por su tamaño pasan desapercibidos de los estantes, de los escritorios, en fin, de la vida. Las piezas de cerámica que representan en miniatura gatos, lagartijas, conejos, tazas, vasijas, me parecen fabulosas. Hablo con ellas, les agrego este elemento; con el paso de los años, las vuelve íntimas. No hay objeto/utensilio insignificante, porque en este caso reduciría a insignificante un pedazo de mi existencia. Y si obsequio uno de estos, estoy obsequiando una parte mía, una parte que quizá fue feliz o que, en algún momento, estuvo triste. Por ejemplo, un cortauñas traído de mi casa anterior cuando vivía otra vida, una lámpara, una mesita de noche, un búho. Pero volvamos al presente. Hay poemas magníficos escritos en torno a los objetos. Por ejemplo, Plablo Neruda escribió un poema a los calcetines y Eliseo Diego, a las “Herramientas todas del hombre”. Veamos algunos versos de Eliseo Diego: «Y estas tijeras para cortar los paños, / para cortar los hipogrifos y las flores / y cortar las máscaras y todas las tramas y, en fin, / para cortar la vida misma del hombre, que es un hilo». Fijo el pensamiento en las palabras “máscara”, “trama”, “vida”, “hilo”. El verso «la vida misma del hombre, que es un hilo» es muy fuerte, desgarrador y más en este tiempo, en donde la vida se ha vuelto escurridiza, huraña. Ese hilo, pues, es muy delgado. Por su parte Gerardo Diego, en uno de sus poemas, hace referencia a la guitarra. Lean el poema en voz alta: «La guitarra es un pozo / con viento en vez de agua». El efecto de la sinestesia nos envuelve, el efecto de la metáfora: pozo, viento, agua. Estas tres palabras contienen la guitarra.
Podemos hacer una lista enorme de poetas que tomaron a las cosas, a los objetos, a los utensilios, como punto de partida para sus poemas. Entre éstos: José Gorostiza, Jorge Cadavid, Federico Díaz Granados, Octavio Paz, entre otros. No olvidemos dos poetas geniales que también abordaron la presencia de los objetos: Jorge Luis Borges y Gloria Fuertes. Del primero, tomo las siguientes líneas de su poema “Las cosas”: «¡Cuántas cosas, / limas, umbrales, atlas, copas, clavos, / nos sirven como tácitos esclavos, / ciegas y extrañamente sigilosas! / Durarán más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido»; y con el mismo título, de Gloria Fuertes: «mi armario se estremece si lo abro y me asomo, / las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas / y la cama se queja cuando yo me levanto. / Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe? / Como perros las cosas no existen sin el amo».

II

Vuelvo a la idea de las cosas. Dice Fuertes: «Como perros las cosas no existen sin el amo», lo que quiere decir que tampoco existiríamos sin las cosas. Los objetos, por más pequeños, por más insignificantes, los objetos del pasado, del presente, cuentan la historia de la humanidad. Hay, por ello, en cada cosa, una historia implícita.
Hace días compré un gatito de cerámica que ahora ha pasado a formar parte de mi escritorio. Es muy hermoso, colorido. Van algunas interrogantes: ¿Qué historia tiene la mujer que me lo vendió? ¿lo modelaron sus manos? Si fue así ¿Cuáles eran sus pensamientos mientras lo hacía? ¿qué imaginaba? ¿cuál era el diálogo con su persona, con su alrededor? Si este gatito pudiera hablar ¿Cuál sería su relato? Tal vez, esto era lo que hacía de niña y sigo haciendo, reconocer en los objetos un lenguaje. Walter Benjamin dice: «no existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga, de alguna forma, participación en el lenguaje, ya que está en la naturaleza de todas ellas comunicar su contenido espiritual».
De niña hablaba mucho con las cosas. Al principio lo hacía en voz alta, pero luego en susurros. Me tranquilizaba, me sentía segura compartir con las cosas mis preocupaciones, mis alegrías, las contradicciones de la infancia. No tuve la oportunidad de un diálogo franco con quienes me rodeaban, pero sí con los objetos. Hay un cruce en todo esto, porque una pintura, por ejemplo, no está consumada hasta que está frente a los ojos del espectador; a partir de la mirada, el cuadro adquiere un significado y las historias se entretejen: las del realizador y las de quien admira, contempla. Así nace la luz, así se atestigua su nacimiento.

III

¿Cómo se articulan las partes de un objeto? Pensemos, ¿Cómo se articuló la primera máquina de escribir? ¿Cómo se articuló la primera computadora? Si miramos y reflexionamos el lenguaje con que se elabora una página web, un libro electrónico… entenderemos que éste también nos cuenta una historia. Y una historia, sumamente interesante.
Posiblemente no importe demasiado conocer qué hay detrás de cada objeto que ocupa un lugar en la casa, en la oficina, etc. Digo ¿para qué? Hay objetos que nada dicen y así se quedarán para siempre, hasta que perezcan rotos en el piso o cambien de dueño. No obstante, vivimos en un mundo muy complejo, en donde el asombro, poco a poco se borra hasta desaparecer por completo. ¡Alteremos la cotidianidad infecunda! Una vez que hayas tomado cualquier cosa del mundo, la más pequeña, la más insignificante: una hoja de árbol, un reloj de bolsillo, una taza, una aguja, un dedal ¿qué nuevas formas puedes crear?, ¿qué nueva función puedes darle? ¿qué historia se tejería si juntamos ese objeto con otros? La historia, la nuestra, sin lugar a duda, también tendría una nueva forma, un nuevo espacio.

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