El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: De Fuego y Sal

Minería necesaria

Por Arnoldo Delgadillo Grajeda

Una de las historias más impactantes que he leído sobre la resistencia contra la minería, es la escrita por el periodista Joshep Zarate sobre Máxima Acuña, la dama de la Laguna azul, una campesina del norte de Perú que entabló una batalla legal en torno a la propiedad de la tierra contra Yanacocha, una de las mayores minas de oro y cobre del mundo.

Sin embargo, el mismo autor, reconocido con el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2018, admite en su libro “Guerras del interior” (Penguin Random House, 2021), donde incluye la versión ampliada de la guerra de Máxima Acuña, que “cierto tipo de minería (yo diría toda) es inevitable y necesaria para llevar la vida cómo que llevamos”.

“Nuestras casas están hechas con cemento, hierro, arena y piedra, techadas con estructuras de aluminio y láminas de zinc, todos materiales obtenidos de minas a cielo abierto. Les agregamos los mosaicos, cerámicas o mármol, paredes y ventanas de marcos de aluminio y vidrio también obtenidos de materiales procedentes de minas”.

Continúa: “y qué decir de todos los cables eléctricos hechos con cobre y el acero de los automóviles, de la cuchara que nos llevamos a la boca, hasta el escalpelo del cirujano que opera corazones dañados”.

Después de algunos meses investigando a minas, y de conocer de cerca los procesos de obtención y manejo de minerales, al participar en la XXXIV Convención Internacional de Minería, coincido con lo planteado por Zarate, y apunto dos conclusiones:

  1. a) Es imposible pensar en un mundo sin minería.
  2. b) Entonces, lo que debemos de vigilar es el tipo de minería que se hace.

Arturo Tronco, director general de Peña Colorada –la más cercana referencia que los colimenses tenemos a una empresa de este ramo–, asegura que hay dos opciones: hacer minería bien o hacer minería mal. Y así es. De hecho, la nueva visión de Peña: “Transformación en equilibrio”, deja ver el compromiso de garantizar el progreso de la humanidad, pero cuidar el ambiente como regla insustituible.

He aprendido que el problema no es la minería legal que cumple normativas, genera empleos y paga impuestos, sino las extracciones ilegales, generalmente en manos del crimen organizado, de las que ni los periodistas nos atrevemos a hablar. Operaciones hechas a la luz del día, vistas por ejidatarios y campesinos, que también guardan silencio por el temor a la sangre.

Esta minería legal, de la que hablo, da empleo directo a más de 408 mil personas e indirecto a casi 2 millones; representa el 2.3 por ciento del PIB Nacional y 8.3 del PIB industrial; y en los últimos cinco años ha pagado más de 161,290 millones de impuestos para México.

Sin embargo, hay muchos mitos que rodean esta actividad, mismos que son alimentados con la satanización de la actual administración federal. Pero eso lo explicaré en la siguiente entrega.

De paso…

Gracias a mi maestro y amigo, José Ferruzca, por permitirme este espacio editorial en el periódico El Comentario, que tan atinadamente dirige. En este mismo espacio, publiqué mi primer texto como periodista, de manera formal, hace ya 11 años, por lo que le guardo un cariño especial.

 

Correo: adelgadillo@ucol.mx

Twitter: @rolandonotas

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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