El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Diario de educación

Regreso a las aulas

Por Juan Carlos Yáñez

El jueves volví a clases presenciales. La materia que imparto fue una de las elegidas por la dirección de la facultad para la nueva etapa del ciclo escolar.

La decisión de los alumnos fue voluntaria. De mis 24 estudiantes 19 aceptaron volver. Poco después se incorporó una más. Luego de la primera sesión subió a 21. A partir de la siguiente semana atenderé los martes a tres estudiantes en Classroom; el jueves, a dos grupos.

El regreso fue un acontecimiento especial. Inédito. Los días previos me invadieron nervios, incertidumbre, temores. Confieso que cada clase o conferencia me produce miedo. Los minutos previos son angustiosos, a veces me doblan las nauseas. Eso me ocurrió ahora. La inminencia sacó del mar de los recuerdos mi primera experiencia docente. Adiviné paralelismos. Este retorno al aula es, de alguna manera, renacimiento.

Procuro llegar al aula minutos antes. Ahora también. Daniela estaba sentada en la banca junto al aula. Tal vez tendría que esperar un poco. Tal vez no vendrían. Minutos de dudas. No. Estaban ahí. Ya esperaban cerca. Sentadas. Se levantaron y vinieron con una sonrisa. O eso creí adivinar bajo los cubrebocas. Entré al aula solitaria y atrás ingresaron uno a uno. Mis nervios murieron. Los saludé y empecé a reconocer rostros, o a sincronizar las caras con las fotos en Classroom. Ocho alumnas primero. Luego nueve. Diez llegaron a la segunda sesión. Casi todos, porque una se había disculpado previamente: su papá no podría traerla de Jalisco.

Sentir el calor del aula, las miradas atentas, el ruido de los ventiladores en el techo, ordenar los marcadores para anotar en el pizarrón lejos de una pantalla y sin PowerPoint fueron bálsamo.

Empecé la clase como siempre. Me paré al centro, esta vez al fondo del aula. Leí un texto breve de José Saramago. Cuando levanté los ojos del libro la primera vez, para hurgar sus rostros, sentí alivio. Agradecí a los estudiantes por su decisión. Agradecí el privilegio de la profesión, estar sano e ilusionado, sentir la sangre corriendo de nuevo en un salón de clase. Agradecí.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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