El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Diario de educación

Los sistemas educativos en América Latina: ¿atrapados?

Por Juan Carlos Yáñez Velazco

El fin de semana lo pasé trabajando en el artículo que enviaré a El Diario de la Educación, portal especializado en donde colaboro desde 2017. Elegí comentar el informe regional sobre desarrollo humano 2021 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, enfocando las reflexiones en el impacto sobre los sistemas educativos.

El título del informe es elocuente, Atrapados: alta desigualdad y bajo crecimiento en América Latina y el Caribe. Las más de 300 páginas sostienen un alto nivel de tensión en la lectura; siembran razones para la inquietud o la preocupación por el presente y futuro, pero advierten las dificultades para encontrar caminos de salida.

Los autores desarrollan un pormenorizado repaso de las condiciones que crónicamente se repiten en la región y le impiden desatacarse de la doble trampa de alta desigualdad y magro crecimiento económico, que se agudizaría con los efectos de las varias crisis que desató la pandemia.

La doble pinza mortal se alimenta de otros factores, como violencia política, social, sexual y criminal; la concentración de los poderes económico y político, la pobreza y la frustración que acarrea. Frente a ese entramado, las políticas públicas han sido ineficaces y fragmentarias. Los progresos escasos en distintos ámbitos fueron desplomados por la pandemia.

El impacto de la desigualdad y el bajo crecimiento económico, con sus consecuencias y causas, tendrá repercusiones en los sistemas escolares. Si ellos viven condicionados por los entornos, en donde imperan aquellos lastres crecen las dificultades para que la educación sea capaz de contribuir a la ruptura de la transmisión intergeneracional de la pobreza, o amortizar las diferencias en la calidad de los servicios que reciben los grupos desfavorecidos y los pudientes.

Es verdad que aumentaron los niveles de escolaridad, que los hijos llegan a la edad adulta con recorridos escolares mayores que sus padres, pero también, que persisten las asimetrías en oportunidades y calidades.

En ese contexto, si los esfuerzos de la política pública no articulan la educación a las esferas económicas, políticas, culturales, de seguridad y derechos humanos, el impacto de la escuela en las vidas de los estudiantes, sobre todo de los desfavorecidos, serán marginales y perpetuarán desigualdades.

La conclusión, por lo tanto, exige acciones decididas desde los ministerios y secretarías de educación, en una dimensión inédita todavía en la mayoría de los países. ¿Las habrá? ¿Atestiguaremos la salida de la trampa?

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

 

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