ARTÍCULO: El cuerpo recuerda

Por Ruth Holtz

Muchas veces actuamos como si nuestro cuerpo fuera otra cosa con la que lidiamos y no ubicamos que somos nosotros mismos encarnados en este mundo. Y que lo que a mi cuerpo “le” pasa, “me” pasa. Es decir, corporizamos nuestras experiencias, vivimos corpoemocioespiritualmente.

Y así como vemos que el lenguaje mantiene la dualidad y no existe palabra que represente la unidad que tenemos con nuestro cuerpo, es importante que lo reconozcamos. Y es que no basta ir a una consulta a hablar y hablar de nuestros conflictos, de lo que nos duele, de lo que nos preocupa, sino también reconocer las huellas que nuestra historia inconsciente ha dejado en nuestro cuerpo.

Todo lo que vivimos, sentimos, lo hacemos corporalmente también. Por lo tanto, lo que a lo mejor queremos olvidar, dejar fuera de nuestra mente, no es posible que esté fuera de nuestro cuerpo al menos que trabajemos en ello. Y es que el cuerpo recuerda. Es más, muchas veces éste nos jala, nos provoca a tener ciertas reacciones, por las hormonas, por nuestro estado físico, por una enfermedad, por nuestro biorritmo, porque no hemos comido, porque el cuerpo recuerda otras ocasiones y nos lleva en automático a actuar “como si” fuera aquello que vivimos en otra ocasión.

La terapia psicocorporal se basa en esa consigna, que “toda contractura muscular contiene la historia, la emoción y la necesidad que la generó”. No nos tensamos por casualidad o por lo que solemos llamar vagamente estrés. Es un tanto más complejo y al mismo tiempo fascinante: “nuestro inconsciente está a flor de piel”, “toda tensión es una memoria perdida”. Además, sabemos que los músculos se usan para realizar un trabajo con el movimiento que puede ejecutar, con la acción que pueden llevar a cabo. Por lo tanto, es importante en psicoterapia volvernos conscientes de si los problemas que enfrentamos han producido contracturas, tensiones que nos restan vitalidad o que pretenden “controlar” nuestra reacción espontánea, visceral, corporal ante lo que nos pasa. Muchas veces una contractura es una “acción inhibida”.

¿Estás tenso? Pregúntate para qué, qué trabajo querías realizar al tensar éste o el otro músculo. ¿Evitar enojarte? ¿Seguir donde ya no quieres estar? ¿No golpear, gritar, patalear o salir corriendo? ¿Vomitar una situación? ¿Algo te asfixia en tu vida y por eso respiras con tensión? Hay muchos posibles motivos de las contracturas, el estrés y el origen de enfermedades que son en una gran parte somatizaciones.

“El cuerpo habla más que mil palabras”. Así que no cabe el autoengaño. A veces las personas que vienen a consulta no saben formular sus problemas o tiene atoradas emociones que no pueden expresar. El cuerpo da un camino de exploración de recuerdos perdidos, inaceptados, inconscientes y también muestra “los intentos de control antibiológico impuestos al cuerpo”.

El camino que abre el dejar hablar al cuerpo está lleno de hallazgos y de razones que habíamos incluso olvidado al cabo de los años. Podemos incluso habernos acostumbrado a nuestras tensiones al grado de no notarlas y no obviar el costo físico que tiene el no saber expresar con inteligencia nuestras emociones, tramitar nuestros deseos, desahogar el dolor y cambiar lo que se tenga que cambiar, resignar lo que no se puede y aceptar el reto de hacer lo que se requiere venciendo el miedo, el orgullo, el resentimiento o incluso el deseo de venganza.

El cuerpo recuerda y si lo dejas que te cuente puedes recobrar tu historia. Al hacerlo estás en posibilidad de aprender de ella, cambiar lo que sea necesario y proyectar un futuro libre de cadenas de compromisos contraídos en el pasado que no nos llevan a recobrar lo perdido ni a superar los miedos, sino que solo nos estanca, nos impide crecer y, sobre todo, ser libres.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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