Opinión

COLUMNA: El Universitario en sociedad

Ante la crisis del Covid-19… Fuimos resilientes

Por MEF. Jorge Armando Bernal Robledo (I)

“Todo puede ser adquirido en soledad, excepto la salud mental”.

Nietzsche

Las actividades académicas se dan por sentadas en una institución educativa, de cualquier nivel y en la diversidad de escenarios que componen la amplia y compleja geografía educativa de nuestro país; siempre que se menciona “escuela, secundaria, bachillerato o universidad” se encienden en nuestro recuerdo las imágenes de aulas, laboratorios, patios de juego, canchas deportivas, auditorios y otros tantos elementos que componen los espacios donde se llevan a cabo las actividades de quienes componen la comunidad educativa.

Estos procesos tan cotidianos, se vieron de pronto y de manera abrupta interrumpidos por la aparición de un enemigo invisible que paró de golpe toda actividad económica, social, comercial y académica, la orden fue el cierre inmediato de todo espacio que implicara aglomeraciones y por tanto, riesgos de contagio de un virus desconocido que ocasionaba graves complicaciones a la salud y, la sociedad debió encuartelarse y evitar contacto con el resto de la población.

Sin medir el alcance, el impacto y los posibles riesgos por zona y con diferentes realidades demográficas y de actividad o presencia del letal agente biológico, se ordenó que todas las instituciones educativas cerraran sus aulas y oficinas y, asumieran en automático una metodología de trabajo distinta; a partir de abril-mayo del 2020, se debió trabajar a distancia, en muchos de los casos, haciendo uso de un sistema de internet, la mayoría de ellos deficiente y de poco alcance, esto sin duda abrió o agravó la brecha ya existente entre quienes si contaban con los servicios de internet y dispositivos adecuados y aquellos que apenas tendrían un teléfono móvil sin alcance, incluso hubo quienes se quedaron sin oportunidad alguna de participar en esta nueva modalidad de estudio, y por ende el rezago educativo se disparó de forma grave; aún se desconoce con precisión cuántos estudiantes de todos los niveles desertaron y quizá no se puedan reintegrar al sistema educativo nacional. Algunos datos que obtiene el Inegi se presentan a continuación, que invitan a la reflexión.

“Por motivos asociados a la pandemia de Covid-19 o por falta de recursos económicos, 5.2 millones de estudiantes, de entre 3 y 29 años, no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)”.

Esta cifra sobrepasa la estimación que había hecho la SEP en agosto del año pasado, que calculaba 10% de deserción en educación básica, que equivaldría a 2.5 millones de estudiantes de primaria y secundaria y 8% de nivel superior, es decir, 325 mil universitarios.

En este escenario, las actividades universitarias extracurriculares como el servicio social y las prácticas profesionales, entre otras se vieron también en un paro repentino, pues las Unidades Receptoras cerraron sus puertas y los estudiantes que desarrollaban sus actividades en las mismas quedaron a la deriva, con más incertidumbres y dudas que respuestas.

La Universidad Autónoma de Aguascalientes, a partir del mes de mayo privilegió en ese momento las actividades a distancia, así mismo las unidades receptoras hicieron lo propio y aceptaron que, a través de los medios digitales y recursos informáticos, los prestadores de servicio social continuaron brindando el apoyo desde casa, lo cual significó quizá una breve pausa o por decirlo de otra forma, una desaceleración en el pujante ritmo y dinamismo que siempre nos ha caracterizado como una institución comprometida con el entorno social a través de los estudiantes que se vinculan con los sectores vulnerables de su comunidad.

El uso de los formatos digitales para reportes parciales y finales, se convirtieron en una de las actividades cotidianas entre los tutores de servicio social, quienes en tiempo record adecuaron sus formas de trabajar, ampliaron los criterios y flexibilizaron (sin faltar a la norma o reglamentos) la manera de comunicarse tanto con las Unidades Receptoras como con los estudiantes; de coordinar los esfuerzos entre pares y ampliar los horizontes de comunicación a través de las redes sociales, con el fin último de no retener más de lo necesario los procesos formativos de nuestros estudiantes y lograran en tiempo y forma tener los requisitos de egreso y titulación que la institución establece.

Podemos asegurar entonces, que tanto estudiantes como tutores de servicio social de esta institución y seguramente de muchas más, enfrentaron la crisis que significó la pandemia por la COVID-19 con creatividad, ingenio y disposición en la búsqueda de alternativas, logrando ser parte de la solución y no agravar la problemática, rehaciéndose y observando nuevos horizontes, lo que implica sin duda una conducta “resiliente”.

 

 

(I)Encargado del Programa Institucional de Servicio Social de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

 

*Colaboración de la Red de Servicio Social de la RCO de la ANUIES, coordinada por el Mtro. José de Jesús Martínez Puga, Universidad de Colima.

 

** Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

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