COLUMNA: Escribanías

Yuval Noah Harari: «Estamos en un vórtice histórico»

Por Rubén Carrillo Ruiz

 Primera parte

El año nuevo recibió a una pandemia agravada, en especial porque muchas personas confinadas descreen en la fatalidad del virus, pese al crecimiento inveterado del contagio y muertes, que sitúan a nuestro país en un lugar deplorable por las actitudes oficiales y mentirosas durante el manejo del Covid-19. Ya hay un periodismo fúnebre, que abrió secciones específicas para detallar cómo a diario y toda hora la muerte entristece a miles de hogares mexicanos, agregado de otras tragedias como la inseguridad pública incontrolada, las ejecuciones de la delincuencia organizada y un cúmulo de desaparecidos, que no ocurrieron ni en las peores dictaduras militares hace medio siglo.

Para los sistemas políticos con síntomas electoreros la vacuna es otro factor de movilización burda de sus huestes para capitalizar la desventura. El gobierno de México pondrá a sus serviles de la nación en la cruzada de vacunación. Es una abyección política, igual de criticable al uso de programas en otro tiempo.

La siguiente entrevista, que publico en dos partes, la concedió el autor de Sapiens, profesor universitario de Jerusalén, quien analiza las opciones que enfrentan nuestras sociedades. El autor de la conversación es Marc Weitzmann y apareció en el semanario francés Le Point.

Los best-sellers mundiales, Sapiens y Homo Deus cuentan la historia de la humanidad desde la teoría de la información. Profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, su autor, Yuval Noah Harari, es uno de los intelectuales capaces de pensar en las ambigüedades peligrosas del presente siglo. Analiza las consecuencias de la pandemia planetaria y las opciones que las sociedades enfrentarán en los próximos meses.

Le Point: A mediados del siglo XIV, durante lo que ahora se llama la primera globalización, una epidemia de peste bubónica importada de China por comerciantes que viajaban por la Ruta de la Seda golpeó primero a Italia y Francia, antes de extenderse por Europa hasta Inglaterra, y mató en el proceso a la mitad de la población del continente. La consecuencia involuntaria de esta dramática pandemia fue una gran agitación social que llevó a los comienzos del Renacimiento. En Europa occidental, en particular, la escasez de mano de obra causada por la peste provocó la aparición de los primeros salarios fijos y derechos sociales, lo cual supuso el fin del orden feudal. Aparte de las tasas de mortalidad, ¿ve alguna similitud con la actualidad? ¿El mundo que saldrá de la presente catástrofe también será irreconocible y, de ser así, de qué manera?

Yuval Noah Harari: La crisis de Covid-19 se está convirtiendo en el episodio crucial de nuestro tiempo. Lo que la vuelve tan definitiva es que todo tiene que ser comprendido. La historia se acelera. Las viejas reglas se destrozan mientras se escriben las nuevas. Dentro de un mes o dos, los gobiernos y organizaciones internacionales llevarán a cabo gigantescos experimentos sociales en condiciones reales que darán forma diferente al mundo durante las próximas décadas.

Tomemos lo que está sucediendo en mi universidad en Jerusalén, donde el debate sobre la posibilidad de impartir cursos a distancia, a través de Internet, en lugar de en las salas de conferencias, ha estado en marcha durante años. Hay enormes problemas y muchas objeciones, por lo cual la cuestión nunca se ha resuelto. Sin embargo, desde que el gobierno israelí cerró todos los campus en respuesta a la epidemia, la universidad tuvo que desarrollar un sistema que cambió todas las clases en línea. Impartí ya tres clases así esta semana, y todo va muy bien, y no creo que la universidad vuelva a lo anterior una vez que pase la crisis.

Otro ejemplo es el “ingreso básico universal”, agitado durante varios años por algunos expertos. Casi todos los políticos del mundo consideran esta idea ingenua y utópica hasta el punto de rechazar cualquier experiencia, por limitada que sea. Pero con la pandemia, incluso la actual administración ultraconservadora de Estados Unidos resolverá enviar a cada habitante un salario básico mientras dure la crisis. ¿Cuál será el resultado de este experimento? Nadie lo sabe en este momento. Pero se aprenderán lecciones, y éstas tendrán el potencial de transformar fundamentalmente los sistemas socioeconómicos que rigen actualmente de las naciones.

Otro ejemplo es el uso de robots en el cuidado de ancianos y enfermos. También, en este caso, los obstáculos son muchos, difíciles de superar y experiencia, limitada. Pero con la necesidad urgente y global de personal sanitario, sabemos que los robots no se cansan y no pueden ser infectados, son parte de la respuesta. Por lo tanto, varias instituciones médicas comenzarán a utilizarlos para un número cada vez mayor de tareas. Una vez que la pandemia termine, ¿estas máquinas se volverán a poner en el armario? Lo dudo. Lo más probable es que, al menos algunos, se mantengan, y la crisis acelerará la robotización de algunas profesiones.

Lo mismo ocurre en muchos otros sectores. Es imposible predecir cuál de estos experimentos tendrá éxito o qué impacto exacto tendrá en la sociedad. Pero lo que quiero destacar es que hemos entrado en un vórtice histórico con esta crisis sanitaria. Las leyes normales de la historia están suspendidas. Durante unas pocas semanas, lo imposible es ordinario. Esto significa que, por un lado, debemos ser extremadamente cautelosos, pero, por otro, también debemos permitirnos soñar.

En una democracia, los tiempos como el nuestro son tiempos en los que los tiranos pueden tomar el poder e imponer distopías, pero también en los que pueden florecer las reformas esperadas durante mucho tiempo y se modifican los sistemas injustos.

Una de las diferencias entre la plaga del siglo XIV y nuestra era de la información es, por supuesto, la velocidad. En el siglo XIV no había tal cosa como la urgencia, a diferencia de hoy. Pero la urgencia crea un mundo en el que no se pensó.

Le Point. “Escribiste en el Financial Times: ‘Las medidas de emergencia a corto plazo se convertirán en arreglos permanentes’. ‘Países enteros serán utilizados como conejillos de indias para experimentos sociales a gran escala’”. ¿Alguien controla estos experimentos? ¿O es, simplemente, una consecuencia de nuestra época cuando el tiempo se adelanta al flujo de información siempre nueva?

Harari. Algunos de estos experimentos sociales surgen espontáneamente, con la presión de las circunstancias, para resolver un nuevo problema. Pero otros son cuidadosamente dirigidos desde arriba. Alguien ha elegido qué experimentos sociales realizar y en qué condiciones. La política es, por lo tanto, más importante que nunca en un momento en que, debido a la crisis, los políticos, investidos de enorme poder, pueden lograr en pocos días lo que normalmente llevaría años de lucha.

En Europa, ocho operadores de telefonía acaban de decidir proporcionar a los gobiernos los datos de localización de sus clientes sin ningún debate, por ejemplo.

Otro ejemplo es la cultura. En mi país, Israel, casi todas las instituciones culturales están ahora en bancarrota. Los teatros, galerías, museos, compañías coreográficas… El gobierno tendrá que salvarlos, así como está salvando hoteles, restaurantes y aerolíneas. Si elige ayudar solo a las instituciones que le gustan, como es muy posible, todo el paisaje cultural del país se transformará en cuestión de meses.

En términos más generales, la cuestión del tiempo y urgencia obedece a una paradoja irónica: cuanto más mejora la condición humana, las emergencias son más frecuentes. Pensemos en lo que se consideraba “normal” en la Francia del siglo XIV. No había un sistema de atención médica, nadie recibía compensación del Estado, la violencia estaba en todas partes, una increíble corrupción reinaba en los círculos de poder y la población sufría de hambruna. Si en ese momento hubiera estallado una epidemia de coronavirus en lugar de la plaga, ¿a quién le habría importado? A nadie. ¿Que el uno por ciento de la población moriría de una enfermedad infecciosa? Perfectamente normal. Se desconocía la noción de emergencia pública.

Por el contrario, el mundo moderno se caracteriza por una red extremadamente sofisticada de instituciones (hospitales, escuelas) que mejoraron las condiciones de vida de las poblaciones hasta proporciones inimaginables, pero que también, al mismo tiempo, volvieron a las sociedades más frágiles. La más mínima epidemia hoy puede hacernos perder mucho. La noción de urgencia crece según esta sofisticación y fragilidad.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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