COLUMNA: La Espiral de Elliot

Una enseñanza eficiente: La familia y la sociedad como herramienta de aprendizaje

Por Juan Carlos Recinos

La educación no es una posibilidad o una elección, es un derecho. A partir de esto, hay que plantearnos varios objetivos, y uno de ellos debe ser por unanimidad, el de alcanzar un buen rendimiento escolar en los diferentes niveles educativos. La familia y la sociedad, en el organigrama socioeconómico, juegan un papel fundacional en la aplicación de metodologías y estrategias para alcanzar lo planteado. En efecto, el primer aprendizaje al que se enfrenta el niño, es al de los padres. Aquí, quiero hacer hincapié que, sin importar el origen socioeconómico, hay deficiencias muy marcadas que son señaladas al momento de desarrollar competencias para alcanzar una mejor enseñanza y aprendizaje. Ventaja o desventaja, no podría enunciarme ante estas posturas, sin antes hacer visible la realidad del contexto donde se realiza una labor docente. El contexto urbano y rural, son diametralmente opuestos. Mientras que en el primer argumento la educación es más automatizada, con ideas de innovación capitalizadas en el desarrollo de competencias, en el segundo argumento, la educación es más humanista. Aún se preserva con mucha autonomía la idea de libertad, la misma que Rousseau propuso en 1762 en su libro Emilio, o De la educación. El hombre tiene la bondad en su ser, sin embargo, esta idea ha cambiado a través de los siglos. Para el sociólogo James Samuel Coleman, el capital social no es una simple entidad, sino una variedad de entidades distintas con dos elementos en común: tienen algo de una estructura social y facilitan en su seno algunas acciones a sus actores –ya sean personas o empresas- […] El capital social se incrusta en la estructura de las relaciones que se establecen con otros actores y entre ellos mismos. El capital social no reside ni en los mismos actores ni en los instrumentos físicos de producción [Coleman, 1988, p. S98].

La productividad individual y el rendimiento académico en los alumnos, no proviene de los docentes, no de forma consecuente por su labor, sino a partir de las responsabilidades compartidas, esto quiere decir, del desarrollo en forma conjunta de las relaciones sociales. Hay que entender que, aunque los padres ostenten un nivel educativo alto, esto no garantiza que los hijos tendrán el mismo resultado. La explicación es sencilla y la expondré a continuación: en lo que confiere a la educación de los padres de los alumnos, tener un nivel académico alto, le permitirá en primera instancia una posición económica holgada para tener una vida con mayores accesos a servicios indispensables para la vida, pero también para la educación. Aquí, lo debo señalar, es donde radica una zona de debilidad social y familiar, y hago ahínco en esto, porque las consecuencias son negativas. El factor económico establece un status social, pero esa no es la función ideal buscada, son otras características las que se desean, por ejemplo, que las familias le dediquen tiempo y esfuerzo para que sus hijos incrementen su rendimiento escolar. Esa asistencia es fundamental y también la base para una mejora continua en la educación.

La objetividad de este posicionamiento busca hacer visible ese problema en el seno familiar y busca contribuir con nuevas estrategias a mejorar las relaciones sociales y la normatividad intergeneracional sin tropiezo alguno. Ante la carencia de una metodología que refuerce la estructura educativa actual, es necesario explorar las habilidades de los niños en su entorno familiar y fortalecer en el aula sus relaciones sociales. Otro punto a fomentar, y quizás el más importante, es la inclusión partiendo de la equidad educativa. Hay que entender que una sociedad competitiva y de valores, siempre busca tener un equilibrio. La educación básica es el primer escalón, donde los recursos académicos tienen que ser puestos para iniciar una formación y enseñanza eficiente. En muchos casos, las discapacidades (visual, intelectual, motriz y auditiva) limitan a un pequeño sector de estudiantes a interactuar de manera normal ante el resto de alumnos, pero esa variante, es la que la docencia evita confrontar, no por dejadez profesional, sino por darle continuidad al programa de estudio, y esto es un gravísimo error de la docencia en general en estos tiempos. Ese hecho, es el que obliga a que se implementen nuevas herramientas educativas para atender a este sector que, en los últimos años ha ido en aumento. No considero necesario que se tenga que recurrir a nuevas herramientas educativas. No se puede seguir señalando a los estudiantes en categorías. La responsabilidad del docente, y su compromiso, es tener el mismo enfoque con todos los alumnos. El avance y la mejora continua en la educación y en la sociedad, parte de esta simbiosis. Si aquí se fortalecen estos lazos que constituyen el nuevo tejido social, será más fácil alcanzar rendimientos educativos óptimos. La evaluación constante será la herramienta para medir la funcionalidad de los programas educativos implementados. No es extraño pensar y señalar que, una sociedad pluricultural como la nuestra, debe ser respetuosa con los diferentes estratos sociales, tanto en lo urbano (estratificación social) como en lo rural (grupos étnicos). No hay escuela de calidad sin docentes que asuman su actividad con pasión y que piensen que para obtener una mejora continua se requiere una interrelación orgánica (alumnos, padres, docentes, instituciones, sociedad). Hoy en día, nos encontramos en un punto crucial. La tecnología nos ha puesto la herramienta de la comunicación en niveles inimaginables. Cada día asistimos a nuevas maneras de conocimiento, y ese flujo es incesante y a la vez asombroso, pero, probablemente eso no constituya la línea más importante del pensamiento humano: acceder al conocimiento sí. La cultura humana en sus diferentes entornos siempre encuentra la manera de relacionarse de forma natural, si esto es así, la convivencia de diferentes tradiciones –culturales y religiosas-, entonces la educación tendrá que extender sus enfoques a nuevas formas de ver la realidad. Lo antes dicho, es parte de las cosas que hay que fortalecer en la educación y en la sociedad. El espíritu humano no constituye nada si no somos capaces de cambiar nuestra perspectiva del mundo. La idea general de la educación se centra en una visión socioeconómica: rendimiento académico a partir de una inversión de capital humano y de recursos del estado. Es probable que esto que he dicho cambie pronto, pero hoy en día ocupa un lugar central en la estructura educativa y en la vida misma. La imaginación de un niño, es quizá la herramienta más importante para tener una mejora educativa, este es el único análisis concreto que tenemos en los actuales parámetros educativos vigentes y que debemos salvaguardar por sobre todas las cosas. Si la imaginación del niño no es consecuente en un entorno donde se le permita alcanzar nuevas vías de acceso al conocimiento, entonces como sociedad hemos fracasado y con nuestras acciones estamos puntualizando a que el proceso se repita en la misma escala y en la misma estructura social.

Bibliografía
– Coleman, James S., Social Capital in the Creation of Human Capital, The American Journal of Sociology, 94 (Suplemento) S95-S120, 1988.

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Comentarios
  • Muy interesante!!
    Definitivamente en la familia esta la responsabilidad de la educación de un Niño, los principios y valores son parte fundamental para el desarrollo del mismo, incluyendo su desempeño escolar, sin duda la enseñanza recibida en casa es la base para ser un buen estudiante. El apoyo y acompañamiento, motivación debe existir !

    1 septiembre, 2020

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