COLUMNA: La Mirilla

Sin avances de la 4T en Colima 

Por Carlos Rodrigo López González

Desde que el electorado se decantó a través del voto por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), lo único de lo que hemos sido testigos -adeptos y fifís- es de los múltiples fracasos en su intento por hacer política, sin saber nada de ello. Y es que, quienes tenemos noción de cómo se manejan los temas y la formas en las que se desenvuelve la vida político-electoral, supimos desde el primer minuto que la intención no deriva en resultados necesariamente, y con algunos meses transcurridos, la premisa es una realidad.

Es preciso señalar que antes del 1 de julio, en campañas, Morena la supo hacer; el partido de “La Esperanza de México” entendió a la perfección el contexto, diseñó escenarios congruentes y echó a andar la maquinaria con un objetivo claro: ser la única opción favorable ante un panorama de corrupción y “más de lo mismo”. No culpo a quienes otorgaron el voto de confianza, porque la historia sí que ha dejado en claro que sin importar los colores, los intereses que predominan en el poder, poco o nada tienen qué ver con los que la sociedad tiene. Máxime cuando ya había pasado el PAN y el PRI por la silla presidencial, y el cambio nunca llegó.

Quieran o no entenderlo algunos que se las dan de muy superiores, como algunos diputados locales, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) fue la herramienta indispensable para abrirse camino a los cargos que tanto aspiraron, tanto así que en toda propaganda y spot, la imagen de López tenía que acompañar al otro candidato en cuestión, si no, no pegaba. Con la venia del patrón, candidatos llevaron promesas y compromisos que parecían un aliciente a mujeres y hombres que por años han sido marginados con la falta de oportunidades y la indiferencia de sus representantes. Así es, Morena supo lucrar con los que menos tienen, y aprovechó el resentimiento, así como el hartazgo en su principal activo; ese contexto sin dudas los llevó a los escaños.

Aquí el problema surge al hacer un simple análisis de quienes en nuestro estado “abanderan” la Cuarta Transformación (4T) -impulsada por AMLO-, y entonces entenderemos por qué las cosas, como en otros estados, no funcionan ni lo harán si no existe un proceso de depuración. Miren, tan sólo por mencionar que Indira Vizcaíno ni siquiera está afiliada al partido, y fue postulada para la diputación por el extinto Partido Encuentro Social (PES), caso parecido al coordinador de bancada de Morena en el Congreso, quien llegó a la curul con el partido antes mencionado.

Tenemos también el caso de Julio Anguiano Urbina, exdirigente priista en Tecomán y primo del exgobernador Mario Anguiano Moreno; Anel Bueno es otro ejemplo, pues pertenecía a las filas del PRI en Ixtlahuacán y como no la postularon hizo berrinche y se fue al otro bando, además, dijo haber ganado por sus propios méritos -que nos diga cuáles-. Y así, continúa la lista de nombres que Morena ha decidido reciclar, nombres que no tenían capital político y que lo único que los llevó al triunfo fue el “voto parejo”, promovido por el mandamás.

Aunado a esto, vale la pena mencionar que diversos actores del Congreso que enarbolaban la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES), al final cambiaron de parecer, tanto que algunos días después de haber llegado al recinto legislativo comenzó la cambiadera, unos al Verde, otras de “independientes”, otros del PES a Morena, del PT a Morena… en fin, de todo un poco.

Gracias a esa jugada, ahora se las están viendo negras con tremendas fracturas al interior de esa institución y en el mismo Congreso, creando un ambiente de desconfianza, habladurías, rencillas y traiciones, cuando en sentido estricto deberían ser los diputados una fracción sólida y que transitara en la misma dirección. A nivel estatal, el panorama es turbio, pues sólo basta mencionar que el dirigente, Sergio Jiménez Bojado, parece un segundo en el mando, ya que Indira Vizcaíno es quien verdaderamente, con sus intenciones personales, mueve los hilos en el Congreso -a través del coordinador- y en el Gobierno del estado. Claro está que el disgusto de Bojado por la transgresión al partido por parte de estos dos políticos se debe a que en lugar de aportar, restan a la dignidad y reputación de Morena en el estado a través de sus acciones y dichos.

Ha pasado el tiempo y nada positivo hemos presenciado de la 4T que tanto anunciaron, por el contrario, vemos diferencias y ambición por el poder, como la de Guillermo Toscano por presidir eternamente el Congreso, llegando al nivel de dar lamentables espectáculos con un alguien que gasta más el tiempo en denostar a los adversarios y aplaudir en todo momento a López que en generar consensos y trabajar en conjunto con los demás legisladores.

Y por si quedaran dudas, vale la pena comentar que el legislador del octavo distrito está tan empecinado en imponerse, que meses atrás ejerció violencia política en razón de género en contra de Jazmín García y Claudia Aguirre, caso que fue conocido en la sede nacional del partido y derivó en una amonestación por parte de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de la dirigencia nacional de Morena.

Por otro lado, tenemos acusaciones serias, dimes y diretes por parte de la delegada de Programas para el Desarrollo, Indira Vizcaíno, y la diputada federal Claudia Yáñez Centeno, quienes lejos de preocuparse por aquellos que esperan su apoyo, luchan desde su trinchera por hacerse promoción política a costa de apoyos, programas sociales, demagogia y demás recursos disponibles con el fin de ser la elegida por el partido para competir por la gubernatura de Colima.

“No mentir, no robar, no traicionar”, frase que tanto repite López Obrador, parecen no compartirla los actores políticos morenistas de nuestro estado. Eso, es lo que hay que considerar de cara al 2021.

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