El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: … NOSOTROS

Por J. Ángel Ramírez López

Refuerzo de Vacuna y el Encuentro de 60 Años y Más

  • La sociedad y el factor común
  • Adultos mayores, sin apoyo a necesidades

 

Era día de la vacunación de refuerzo de los adultos de 60 años y más y en realidad yo no quería madrugar porque supuse estaría solo a las 5 a.m. en las puertas del escenario donde fuimos convocados, por lo que hice tiempo para llegar a las 6:30 de la mañana, acostumbrado a levantarme a las 5 de la mañana por más de 36 años de profesor bachiller.

Pero sucede que, a esa hora, 6:30 de la mañana, ya había una fila como de un kilómetro de distancia, de gente que se adelanta en el pensamiento y en la necesidad de ser de los primeros en vacunarse, por lo que, tuve que recorrer la puerta principal y toda esa fila desde la acera de enfrente al Bachillerato No.1, pasando la Unidad Deportiva y hasta la Técnica No. 80.

La fila seguía creciendo más y más, hasta prolongarse atrás de la Unidad Morelos, sin que se viera el fin de gente y de carros buscando un lugarcito para estacionarse, cuando todo estaba ocupado, la mayoría hijos y familiares apartando un turno para sus padres, que no pueden aguantar tanto tiempo de pie, en el sol o a la intemperie, ya que es muy pesado.

Indudablemente que lo peor es la espera de la apertura del proceso de vacunación, en que la gente debe estar quieta, inactiva, formada, esperando que la fila se mueva y a veces tener que platicar o aguantar la plática que a uno no le gusta; afortunadamente es una vez cada mil años, por lo que todo se puede superar, y no hay más remedio que esperar.

Y en esos ires y venires, buscando un lugar en la fila se ve de todo; nos asustamos de nuestra situación con 60 años o más, cuando vemos gente que nos rebasa: con muletas, en sillas de ruedas, en andadera, cargado por familiares, que para dar un paso hay que mover toda la vida, cuando bien el Gobierno puede dar cátedras de sensibilidad yendo a sus casas.

No se vale que esas personas hagan fila por más de dos o tres horas, muchos con necesidades fisiológicas constantes, sin que a la corta distancia haya un baño o baños portátiles, no hay sillas por la prolongada permanencia de a pie, lugar para guarecerse del inclemente sol ni agua o comida para gente que necesariamente debe beber agua o comer.

No se puede medir con la misma vara a un ciudadano normal y común que a un mayor de 60 años, pero eso no lo entiende la autoridad, que ahí, en la fila, a gritos o regañadas quieren hacerse entender y respetar; todavía quedan los gritoncitos de la Lotería Nacional incrustados en programas de vacunación de la 4T, y eso que se dice Gobierno sensible.

Pero ya son las 8 de la mañana y la fila empieza a avanzar a pasos acelerados, difícil superar para algunos minusválidos, pero no les importa, si finalmente ya hay movimiento, hacia el factor común de todos los ahí formados, que es el refuerzo de la vacunación contra el Covid-19, pues, como en el Titánic, nadie se quiere morir con los brazos cruzados.

Pasando la puerta hacia la Unidad Deportiva, el mundo ya fue de nosotros; no importó que alguien se haya registrado por internet, si nadie exige el documento; los únicos héroes son los enfermeros organizadores, los vacunadores y los eficientes agentes militares y de la Guardia Nacional, los demás son los que se hacen bola entorpeciendo el trabajo.

Se hace notar la clasificación de gente para dar prioridad en vacunarse, como los minusválidos y con enfermedades especiales, frente a los comunes y corrientes de más de 60 años, pero eso es ya dentro del escenario, no en la fila, en que todos somos soldados rasos y todos sufrimos las consecuencias del tiempo, el sol y las necesidades de la edad.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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