Opinión

COLUMNA: …Nosotros

Por J. Ángel Ramírez López

Educación Presencial, Necesaria en lo Biopsicosocial

  • Luego de tres años de pandemia
  • La psicología de las diferencias individuales

No podíamos estar más optimistas que el regreso presencial a clases, desde preescolar y hasta profesional o posgrado; basta de confinamientos y clases virtuales, que son frías, indirectas y de bajo rendimiento educativo, pues los alumnos se distraen por cualquier cosa, pero se dispensan las fallas bajo el argumento de falta de equipo y capacidad tecnológica.

Si ya antes de la pandemia del Covid-19 los alumnos se distraían con el celular y las redes sociales; hubo hasta clausulado que prohibía el uso del celular en clase, hasta que se vio su necesidad ante la pandemia y la preocupación de educarlo de manera indirecta, virtual, como ocurrió en todo el mundo, y, no obstante, se perdieron etapas de aprendizaje.

La psicología de las diferencias individuales nos dice que ningún alumno es igual y ninguno reacciona similar a los demás, motivado por su psicología, cultura, valores, necesidades, carencias y forma de educar de los padres, de ahí que, de cada 50 alumnos, haya 5 sobresalientes, 30 “normales” y 15 rezagados por problemas de diversa índole.

Como docente, he buscado la manera de hacer teatro en mi enseñanza, la hago de orador, motivador y consejero moral para atraer la atención de mis alumnos, pero habrá unos 3 de cada 50 que no les gusta mi materia, no la entienden y difícilmente pueden pasarla. A esos les dedico atención especial hasta que logren habilidades para aprobarla.

Con ello digo que, en mis 42 años de docente, jamás he mutilado aspiraciones de sus proyectos de vida; nunca reprobé definitivamente a algún alumno, sino que, en cursos de 15 días, durante vacaciones, lograba nivelar su necesidad de superar la materia, sin regalar o vender la calificación, desde que fui profesor normalista de primaria y hasta de bachillerato.

Con la presencia física de los alumnos a las aulas se ve su necesidad de compartir ideas, opiniones, gustos, diálogo y hasta enojos. El docente tiene derecho a enojarse, a molestarse cuando el alumno no aprende, y no sólo los padres de familia, porque el profesor también se emociona cuando los alumnos son atentos, respetuosos, aprenden y son excelentes.

Aunque hay un riesgo, yo hubiera preferido que en pandemia me dispusieran de 15 alumnos por grupo, de mis ocho grupos (320 alumnos), para trabajar en los jardines del plantel, guardando la sana distancia; me remordía la conciencia sobre su presente y futuro en pleno confinamiento, con clases virtuales y sin acceso a valorar su comportamiento.

Y es que la misma psicología de las diferencias individuales nos señala que de cada 40 alumnos, unos 5 tienen mala conducta, distracción, poca retención y mala atención en clases, si no es que están pegados a las redes sociales o a la pareja, dejando en segundo término su futuro profesional, porque viven el presente y no vislumbran su porvenir.

Una vez superada la peor etapa de la pandemia que se vivió durante tres años y luego del período vacacional de Semanas Santa y Pascua, los alumnos y profesores regresamos a la nueva normalidad de la educación. Ahora sí, con gran vigor, interés y bríos; ahora sí de manera presencial para dar seguimiento a la psicología del alumno y su proyecto de vida.

Vamos rescatando lo mucho que se pueda lograr con ellos en clases, porque ellos son el motivo de nuestra formación, de nuestra satisfacción espiritual y nuestra experiencia por bien de la educación. Es que sostengo que “El maestro es el artista que pinta en los lienzos de las mentes los trazos de la cultura, del arte y de la ciencia para el progreso del mundo”.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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