COLUMNA: …Nosotros

Cine Colima, las Aventuras de Nuestra Adolescencia

Por J. Ángel Ramírez López

  • El tercer sexo se divierte, 1974
  • El balcón de los vándalos

La gente adulta no lo notó, ya que era asunto de adolescentes de la época, de lo que pasaba en el Cine Colima, como también esa dama de cabello lacio y largo, la boletera, del área de balcón y amiga de los homosexuales que asistían a la planta alta del cine en busca de aventuras, y había aventureros para ello; yo no fui el caso, pero enfrenté una experiencia.

Debo señalar que había muchos despistados (yo, entre ellos), pero subíamos a balcón porque la tarifa era más barata, sin saber que ahí dominaba el tercer sexo, que escogían chavos para realizar sus romances y aventuras. Resulta que ese día entré y me senté al centro de esas butacas; me gustaba la soledad en mi juventud, como tipo huraño, antisocial.

Pero llegó ese tipo, afeminado, y me dijo que si estaba apartado el asiento de al lado. Le dije que no, pero que había decenas de asientos solos por todas partes; qué necesidad de sentarse a un lado. Le valió un comino y se sentó, y yo, con mi cara de vinagre, enfadado de compartir mi día de cine con un varón, que además era un tipo medio viejo, flaco y feo.

Y no fue todo, porque en esa oscuridad y en el amorío de la película (como que analizan el momento de la motivación), que empieza a estirar la mano y me tocó la pierna, pero sentí nervios, miedo, no emoción, por lo que le retiré la mano, y al cabo de unos minutos, siguió con lo mismo, hasta que llegó otro vale y se sentó del otro lado y ¡montoneros!

¿De qué se trata?, reflexioné, porque luego los dos empezaron con lo mismo. Quise dejar el lugar para irme a otro más concurrido o donde hubiera una verdadera pareja de novios y casi no me dejan pasar. Me tenían secuestrado, por lo que como pude me abrí y desalojé ese lugar, pero luego descubrí como 10 homosexuales buscando la misma aventura.

Hasta ese momento entendí que la zona de balcón del Cine Colima era para las parejas de enamorados, para aventuras de los homosexuales y para chavos climáticos que acudían a ese lugar en busca de sexo como una necesidad psicobiológica del tercer sexo, porque, como decía la exgobernadora Griselda Álvarez: “Una zona de tolerancia es un mal necesario”.

Y es que esos homosexuales escogían día, hora y película para buscar a gente de su tipo, junto a la boletera, para escoger chavos, y para eso era bueno el balcón del Cine Colima, famoso en mi época, recién venido de México, a los 16 años de edad, luego de casi 10 años de ausencia de Colima y cuando los chavos vivimos “la edad de la punzada”.

En ese cine vi películas de Viruta y Capulina, o los miércoles de promoción, de un peso, para ver Ahí Viene Martín Corona, La Venganza de Martín Corona y El Regreso de Martín Corona. También esa película del tema de referencia El Tercer Sexo se Divierte, para quitarnos lo bobo a esos “tapados”, y lo bobo me lo quitaron esos homosexuales.

En ese cine eran los tiraderos intencionales de harina hacia la luneta a la gente, las orinadas, escupitajos y albures. Después me di el lujo de conocer la luneta, donde cobraban más, pero era lugar para parejas y gente tranquila, no obstante que algunos contamos hasta el último centavo para calcular otras compras o gastos y presumir ser galante con las damas.

Estoy hablando de los años 70 y 80, en que naturalmente el cine popular era el Juárez, el de lujo el Diana, el de enamorados y sexuales el Colima y el de depravados el Reforma, donde hoy es La División; todavía había uno para la pobrería, El Tropical, junto al monumento Manuel Álvarez, en La Villa, hoy convertido en un templo de sectas religiosas

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