COLUMNA: Nosotros

Sicarios: “Morir a balazos, que de hambre”

Por J. Ángel Ramírez López

  • Importa el sexo, no la formación
  • Padres y sociedad, los culpables

Debemos carear a un padre de familia del año 2000 para acá, la mayoría de clases populares (conozco riquitos con hijos vicios), y preguntemos dónde están sus hijos, y esa mayoría no lo sabe, porque los padres son los últimos en enterarse; algunos hijos se ahogan en la alberca, a otros les cae agua caliente y se queman, y otros son sicarios.

Otros ya no aguantan los gritos, malos ejemplos, altanerías, ofensas y groserías de sus padres y huyen de la casa. Esos padres corren a la Fiscalía General del Estado para que investigue el paradero de sus hijos; los padres delegan la autoridad al gobierno para que éste se encargue de su tutela porque ya no saben educar. ¡Que los eduque el Estado!

Mis bachilleres investigaron la vida de los hogares de niñas y niños colimenses, y se dieron cuenta que padres de dos o más hijos no pueden sostenerlos, y corren para que el gobierno se encargue de ellos, cuando antes eso era pecado, o si se quiere, delito, por omisión de cuidado o abandono. Si no se sabe planear a los hijos, para qué se tienen.

Mi maestro de Filosofía, el doctor Gabriel de la Mora, ejemplificaba que en una clínica materna hay 100 bebés, y “no hay niño culpable, todos los niños son inocentes, pero dependiendo de la situación económica y social de los padres, así como su cultura, y culpa de la misma sociedad, es como el hijo es vicioso, delincuente o profesionista”.

Planear la familia no es limitar el número de hijos que podamos tener, porque no es cuestión biológica o sexual, sino cuántos podemos alimentar, vestir y educar, para formarlos como profesionistas. Por eso, ahí andan “Las Marías”, poniendo el mal ejemplo al tener en el suelo 2 o 3 niñitos, como argumento para doblegar la caridad.

Si sus hijos iban a vivir como animalitos, ¿para qué los tuvieron? Y más importante, ¿dónde está el esposo? Sentado en una banca, esperando la hora del almuerzo, comida y cena mientras su esposa “trabaja” pidiendo caridad, que para tener hijos son buenos, no para demostrar el esfuerzo de ganar dinero con el sudor de su frente, como en Colima.

Cuando esos niños crezcan y tengan conciencia dirán muy orgullosos: “Mi madre es limosnera, y entonces de grande yo también seré limosnero”. Por todo, preguntemos por qué los hijos se hacen sicarios, pues su actividad es matar, ejecutar gente a cambio de la cuota semanal, droga, armas y vehículo; prefieren morir a balazos que de hambre.

Saquemos del Cereso a un sicario que lleva 20 ejecutados y preguntemos a sus padres ¿qué opinan de la actividad de su hijo?, porque no nació sólo. Y quizá digan que su hijo no los obedece ni a ellos, ¿qué se puede esperar?, y entonces diremos que hay en el potrero milpas, que nacen derechas porque un campesino está cuidando su desarrollo.

Pero en el campo también hay plantas de frijol que nacieron torcidas, y ni con vara (castigos, azotes o cárcel), se enderezan. Se trata de hijos para carne de cañón. Hoy ninis, luego viciosos y rateros, y terminar de sicarios en la cárcel o en el panteón; la buena educación se inculca en la casa para formar profesionistas y hombres de bien.

La escuela refuerza la educación, pero hay padres omisos del cuidado de sus hijos, que ni a reuniones escolares van para ver su situación, y al ser los últimos en enterarse que sus hijos son viciosos, enamorados o callejeros, van muy bravos a pedir cuentas a la escuela, o culpan a sus hijos de su corrupción, pero el culpable está en el espejo.

 

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