COLUMNA: …Nosotros

Padres: la Obligación, el Deber y la Responsabilidad

Por J. Ángel Ramírez López

  • Adultos, maduros para el sexo, no para educar hijos
  • ¿Qué dicen los teóricos?

El problema del nini, drogadicto, ratero o sicario, no es culpa suya, sino como dice la canción: “Voy a matar al que me hizo criminal”. Según el estilo del español Miguel de Cervantes, todo deja ejemplos morales, un trasfondo para interpretar la vida, y en este caso, siempre la hebra se revienta por lo más delgado: la culpa es de quien se droga, roba o mata.

Para que mis bachilleres entiendan, muestro la diapositiva donde un campesino ve un árbol frondoso y la sombra que genera, pero un ingeniero agrónomo o botánico verían que el árbol está así porque sus raíces son fuertes y que la tierra es fértil, que hay buen sol, oxígeno y ventilación; no es la mera copa del árbol o follaje, como vemos los simplones.

Luego pongo una diapositiva donde hay otro árbol, que se nota enclenque, con algunas ramas, un gran tallo y poca sombra. Empezamos a ver la consecuencia, el significado de esa realidad y valorar que la tierra no es fértil, la raíz no absorbe buenas sales minerales y las condiciones climatológicas son inadecuadas; estamos profundizando sobre la culpabilidad.

Entonces, el problema no es lo superficial, lo frondoso del árbol, sino el medio ambiente y el subsuelo. Y observamos un tercer árbol, lleno de follaje y frutos, señal de buenas raíces, y minerales en su tierra, un clima y atmósfera adecuada y, en consecuencia, un árbol en su esplendor, que es el problema que viven los miembros de la sociedad, los hijos.

En su libro Hacia la Sociología, los investigadores Cristina Puga, Jacqueline Peschard y Teresa Castro, señalan que la educación comienza en casa: el niño (árbol) debe fortalecer la raíz con el seguimiento de sus padres (primer paso: obligación), forzada, inducida, como lavarse las manos, asearse, tender la cama, de tal modo que el chico cree un hábito.

Como el árbol ya tuvo solidez para crecer, debemos podarlo, enderezar sus ramas y cuidarlo (segundo paso: el deber). Se entiende que el chico sepa obedecer, hacer mandados y valerse por sí mismo, para que ese árbol produzca flores y frutos, es decir, ya no el niño, sino que el joven concluya una carrera académica, se titule y ejerza una profesión.

Ese tercer paso es la responsabilidad. Esa señora le jala las orejas a su hijo de 12 años porque no la obedece. Ya no es tiempo de inculcar la obligación. Se debió iniciar en casa, desde bebé, luego en la escuela y finalmente en la sociedad, donde el profesionista ejercerá con éxito. Este proceso lo vive un 15% de los jóvenes, apoyados por sus padres.

Los autores del libro ordenan estas tres etapas: obligación (forzar), deber (crear hábitos) y responsabilidad (resultado de las dos anteriores, y la autonomía y libertad). Entonces, los adultos están preparados biológicamente para el sexo, no para educar hijos. Los padres ya no inculcan valores, por lo tanto, el hijo no sabrá de deberes, pero sí exigirá derechos.

El joven no progresará, no triunfará, será nini, drogadicto, pepenador, sicario, para desbarrancarse en las cárceles, y el culpable es el padre, junto con la sociedad, que arrastra al joven al abismo. En la vida no hay niño culpable; todos son inocentes, pero dependiendo de la calidad de vida de la familia y el entorno social, es como el hijo se formará en el futuro.

Y puede ser drogadicto, sicario o profesionista. El medio ambiente es el molde, y nosotros, la gelatina; como es el molde, somos nosotros. La juventud del Siglo XXI marcha al garete. El doctor en Filosofía, Fernando Savater, dice: “Todo educa: la casa, donde se inicia la educación; la escuela, donde se sistematiza el cerebro, y la calle, que educa para el libertinaje”.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

 

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