COLUMNA: …Nosotros

Celular, el más Cercano Amigo ante el Covid-19

Por J. Ángel Ramírez López

  • En bachiller, los alumnos enamorados
  • El costumbrismo de algunos de trabajar para comer

Si antes de la pandemia se criticaba a quienes vivían como autómatas pegados al celular, en plena pandemia el celular ya es algo común para niños, adolescentes y adultos, a grado de convertirse en una necesidad ineludible, que hasta en motocicleta o en coche la gente depende mucho de él, con el riesgo de cometer o haber cometido un percance.

Ya nadie critica a los demás por conectarse al celular, porque casi todos los del urbanismo dependemos del teléfono, por lo que me surge la inquietud de que, en el salón de clases, de cada 50 alumnos, unos 8 platican con el novio o novia por celular en plena clase, y uno en un grupo y la otra en otro grupo, y lo que menos importa es la clase en turno.

No creo que la pandemia del Covid-19 haya corregido a los enamorados, sino que han dado rienda suelta a su relación amorosa sin que interfieran los enfadosos, mojigatos y ogros profesores, si para el alumno, que vive el presente, no importa el mañana ni el título, sino que no se vaya a ir con otro u otra, el amante, que es lo que importa para el mañana.

Y ahora los novios ya pueden echar pague en casa mediante el celular, o incluso, reunidos en un jardín o restaurante, cada uno platicando con el otro, por medio del celular, y cuando la enamorada lo reta a que le diga de frente, el novio simplemente le manda una carita para que, frente a frente, puedan decirse sus verdades, pues la moda es lo cibernético.

Cuando nos volvamos a reunir en clase, quizá tardemos en acoplarnos a la calidez humana, y cada uno de los alumnos y sus profesores, inconscientemente seguiremos trabajando en el salón de clases por celular, en forma impersonal, hasta adaptarnos a los tiempos vividos en casi dos años, porque no será fácil acoplarnos a la nueva normalidad.

También habrá quiénes se habrán acostumbrado a la moda virtual, porque finalmente el celular no fue el mejor, pero sí el amigo más cercano en pandemia, y ya no querrán regresar al salón, precisamente porque les sobró tiempo en su contacto telefónico, tuvieron citas y encuentros presenciales de amoríos y sexo y ya procrearon algún vástago.

No existe duda de que hay quienes regresaron al tradicionalismo por la pandemia del Covid-19 y ante la falta de medios digitales e internet, ante la distancia y la dificultad académica y la crisis económica, se concentraron en el trabajo o en el hogar y no se dejarán arrancar de la costumbre de vivir, trabajar y comer como parte de su presente y futuro.

Por lo tanto, no sólo perdimos año y medio del avance del conocimiento, sino también de la lucha para los deberes, el estudio, el trabajo y la preparación académica para el futuro, y simplemente nos dejamos conducir por la cultura del menor esfuerzo, por el simple hecho de estar confinados y no hacer nada, que engordar, comer, usar el teléfono y ver televisión.

Ya nos dirán las instituciones analistas de nuestra actividad y desarrollo, el resultado de lo que ha implicado año y medio de recesión por la pandemia, cuando apenas se ha vacunado a la población mayor de 50 años, quedando pendiente los adultos, adolescentes y niños, lo que podría llevarnos casi otro año, y valorar los resultados de la pandemia.

Como en esta vida ya nada es igual, y como dijera el sofista griego Heráclito: “Todo cambia, nada está en reposo, nadie se baña dos veces en el mismo río”, entonces veremos las secuelas definitivas no en cuanto al número de muertos e infectados, sino la afectación psicológica, social, de conductismo y de nuestro desarrollo después de la pandemia.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

 

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