COLUMNA: …Nosotros

Por J. Ángel Ramírez López

Alumnos, inculcar sensibilidad para servir al prójimo

  • El humanismo en la práctica
  • Tres días de quehacer

En junio pasado y sin pandemia, mis alumnos habían terminado la investigación en centros de atención social. En nuestra época, los padres primero nos enseñaban deberes para tener derechos; así conocí el valor de la utilidad. Hoy los hijos exigen derechos sin cumplir con su deber. Eso se debe a la desatención o al amor ciego de padres a hijos; los hacen inútiles.

Para Sócrates, la utilidad es servir al prójimo, una cualidad, un mérito. Decía que la muerte es el principio de la verdadera felicidad cuando se había sido virtuoso. Eso he inculcado a mis alumnos para que se formen como brillantes alumnos, pero con valores y virtudes, además de lo pedagógico, para lo cual hago un proyecto de servicio comunitario.

Y claro que no todos comulgan con este propósito. A la gente qué le importa que yo haya sido pobre o defectuoso de servir a los demás, y que por ello arremeta con mis alumnos para que sirvan al prójimo, pero me arriesgo, porque en mi Normal de Maestros me enseñaron a ser crítico, a darle duro a los que rompen con la eficiencia y honestidad.

Me enseñaron a no conformarme con un programita escolar que diga todo lo que por responsabilidad debo hacer; ni que fuera profesor dócil, creyendo que todo lo que me ordenen es perfecto. Todo es perfectible, digno de mejorar, perfeccionar y corregir; no me importan los oficialistas, hechos para apegarse al librito y hacer lo que les dicen sus autoridades.

Así, en mi materia de Literatura, inicio el semestre presentando 70 temas a investigar, para que equipos de 5 a 6 alumnos coincidan en interés para trabajar. Esto consiste en servir durante 3 días, en horarios fuera de clase, barriendo, trapeando, clasificando, lavando, apoyando, acompañando, pintando y todos los “andos”, mediante servicio comunitario.

Los temas son de albergues, guarderías, asilos, orfanatorios, centros de arte y cultura, alcohólicos y neuróticos anónimos, templos católicos y protestantes, entre otros, llevando además víveres y despensas y se vinculen a la comunidad para que, como dijo Sócrates, sean útiles, y apoyen a quienes pagan impuestos para que ellos y yo seamos profesionistas.

Con oficio de presentación y plan de trabajo que les entrego acuden en equipo a servir, a formarse en esa responsabilidad social, para que cuando sean titulados brinden mano de obra calificada y sirvan a los demás, antes que pensar en enriquecerse o ser alguien para beneficio personal. Saben que no sólo de pan vive el hombre, sino de satisfacción espiritual.

Los alumnos saben que el título profesional no es para sacarle jugo, como mercaderes, pensando egoístamente en su poseedor, porque no es suyo, sino de esa sociedad que paga impuestos para realizarnos; también de sus padres y al final de ellos mismos, por lo que tienen un gran compromiso con los que aportaron recursos para su formación profesional.

Al final elaboran una evidencia con impacto artístico y visual en la portada, un trabajo colaborativo y de respeto en equipo, una redacción con título y subtítulos, con sangría, párrafos de cuatro a seis renglones, con historia, descripción del lugar, 3 entrevistas, vivencias y experiencias, que luego expondrán cada uno de ellos frente a su grupo escolar.

En una clase “modelo”, los alumnos presentan 6 láminas bien redactadas, en que va el croquis y simbología, vivencias, fuentes consultadas, entrevistas y 6 fotografías. Exponen durante 20 minutos por el total del equipo y leen el producto. Al final el auditorio critica el trabajo y el profesor da el dictamen final. Una batalla de perfección, arte y responsabilidad.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

 

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