COLUMNA: Nosotros

Por J. Ángel Ramírez López

Periodismo para Bachilleres, la nota informativa

Por años, como egresado de la Escuela de Letras y Comunicación (hoy Facultad), impartí a bachilleres las materias de Redacción Periodística, Análisis de Prensa, Taller de Lectura y Redacción, Taller de Expresión Oral y Escrita, Etimologías Grecolatinas al Español, etcétera, según la Secuencia Didáctica (pero modificada por mí, por la necesidad estudiantil).

Es que los programas oficiales ofrecen 20% de lo que los bachilleres requieren de hablar y redactar, y según conozco su contenido, quienes elaboraron las Secuencias Didácticas respectivas, autorizadas por la Secretaría de Educación Pública, no tienen la remota idea de la redacción y la expresión oral, aunque sí de la teoría, detrás del escritorio.

Claro que me inicié en el periodismo por la necesidad de una plaza y un salario, pero desde niño de Primaria siempre redacté por necesidad, o como decía el pintor Jorge Carrillo: “Así como uno tiene necesidad de comer, el artista también la tiene de pintar”, o en mi caso, de escribir y de hablar en público, por lo que fui más autodidacta que teórico.

En el salón de Bachilleres distinguimos la nota de la noticia, es decir, el continente (nota) y contenido (noticia), o sea, que puede haber una noticia sin que haya nota, pero no puede haber una nota si no se refiere a una noticia, porque la nota (vaso) contiene una noticia (leche), por lo que la nota es la redacción de una noticia, de un suceso de interés público.

En periodismo la noticia es un hecho probable (puede ocurrir) o consumado (ya ocurrió), por lo que tiene más importancia lo consumado que lo que pudiese ocurrir, (o no) porque como dijera el doctor Gabriel de la Mora: “Por hecho probable, México está lleno de primeras piedras”, cuando lo importante es la última piedra, la inauguración, el hecho.

Pero no se trata de cualquier hecho, porque no es noticia que un perro muerda a una señora, pero sí que la señora, en venganza, regrese la mordida al perro (noticia chusca: Salvador Borrego); tampoco sería noticia cualquier cosa que le ocurra al presidente de México o al gobernador, como que les duele el pie. Debe ser un hecho de interés público.

En cuanto a la nota, o sea, la estructura de la noticia, le corresponde al reportero, por lo que el periodista no es noticia, a menos que para conseguirla sufra un atentado o accidente, lo que da a entender que el periodismo impreso está pasando de moda y ahora cualquiera, sin la técnica del periodismo, por las redes sociales ya se cree ser llamado reportero.

El reportero clásico (yo inicié como empírico) debe estar en el lugar de los hechos para tomar nota, luego redactar las 6 preguntas básicas (qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué), como pirámide invertida (de cabeza), y no debe notarse en la nota, dando énfasis al qué (la noticia), escrita en párrafos de 4 a 5 renglones, extensión de más de una cuartilla.

Los bachilleres no saben que una nota lleva fuente (quién dijo), al inicio de cada párrafo (afirmó, señaló, etcétera, tiempo pasado); el reportero no opina (no es artículo), y en periodismo nada es más viejo que lo ocurrido hoy; nada más nuevo que lo que no ha ocurrido, ya que lo pasado es historia, no periodismo, además de que es más rigurosa que otros géneros.

Aunque un titulado domina mejor la técnica, algunos ni con escuela son buenos redactores, otros se conforman con la nota del compañero para hacerla suya o con boletines oficiales. En mi época (1980), hacíamos mínimo 4 notas diarias. Un reportero redacta la nota y un periodista es más genérico, porque hace periodismo, sea desde la empresa o desde fuera.

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