COLUMNA: Ojo de Mar

Sexismo e invisibilidad

Por Adalberto Carvajal 

Cuando el pleno de la Real Academia Española (RAE) empezó a debatir en diciembre de 2019 si hay que cambiar la Constitución del reino para adaptarla a un lenguaje más inclusivo y más igualitario con las mujeres, la verdad es que no entró en materia. Los académicos se limitaron a discutir cómo abordar el texto de unos 30 folios elaborado y consensuado en otoño de 2018 por los cuatro miembros designados para ello por el anterior director de la RAE, Darío Villanueva.

Hubo, eso sí, según Manuel Morales en su nota para El País del 14 de diciembre, dos posiciones discrepantes, más o menos equilibradas entre los 25 académicos que acudieron a la sesión: los partidarios de mínimos retoques al informe titulado “Lenguaje inclusivo y Constitución”, y el grupo de quienes quieren revisar la ponencia “párrafo a párrafo, con objeciones de detalle”.

El texto a discusión se basa en la denominada “doctrina Bosque”, llamada así por el informe que redactó Ignacio Bosque en 2012: “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”. Al analizar nueve guías de lenguaje no sexista publicadas desde comienzos de este siglo en España, este doctor en Filología Hispánica y catedrático de Lengua Española constató que la mayoría de esas guías “conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en el sistema lingüístico”, como esas que sugieren un plural que usa la “e” en vez de la “o” (“todes” en vez de “todos”) o que recomiendan la grafía “x” e incluso los símbolos * o @ (en algo como “tod*s lxs compañer@s”) para no denotar género.

La RAE no es partidaria, en general, de los desdoblamientos (del tipo de “los niños y las niñas, “mexicanos y mexicanas”) porque en la lengua española “el masculino es el género inclusivo, que permite hablar de las personas de ambos sexos”, resume Morales.

Es política, no gramática

Viendo para dónde apunta la resolución de la RAE, y puesto que la consulta a la Academia la hizo la entonces vicepresidente del Gobierno, Carmen Calvo, diversas expertas feministas han venido exigiendo que la reforma lingüística de la Constitución española con un enfoque más inclusivo sea abordada por una comisión parlamentaria, no por un grupo de filólogos.

“Es política, no gramática…”, citaba Jesús Ruiz Mantilla a esas feministas en una nota de hace casi un año. Sin embargo, algunos colectivos esperaban que la RAE les consultara antes de pronunciarse.

Teresa Meana, filóloga y experta en lenguaje sexista, afirmó: “Lo adecuado no es dejarlo en manos de la RAE. Una reforma de la Constitución debería quedar en manos de una comisión del Parlamento, porque es un asunto político, no de formas. Rey y reina no vale”, comentaba en referencia a que desdoblar la figura del monarca en un reino donde se discrimina a la mujer como heredera directa al trono, fue la única aportación de la Academia a este debate. “Todo el texto está redactado en masculino y produce confusión”.

Para Meana, es fundamental este tema: “lo que no se nombra, no existe. La lengua fue creada para dar luz a la realidad. Si no, traiciona su esencia y es entonces cuando el idioma no ilumina, sino que oscurece o maquilla. Existen miles de cuestiones que se pueden transformar. No existía jueza y ahora existe. La gramática no es el centro de la vida”.

En efecto, hay más corrección política en “jueza” que precisión gramatical, pues no existe “juezo” y es perfectamente comprensible cuando se menciona a “la juez”. A propósito, aunque en sus notas El País se refiere a “la vicepresidenta Calvo”, yo sigo escribiendo “la vicepresidente” puesto que no existe “vicepresidento”. El “ente” no tiene género y, además, suena horrible “gerenta”, “intendenta” y, por supuesto, “presidenta”. En la novela de Leopoldo Alas “Clarín”, a la esposa de don Víctor Quintanar se le llama La Regenta en forma despectiva. No obstante, estoy convencido que terminará imponiéndose el uso de jueza, presidenta o alcaldesa. Con todo, ¿al paso que vamos llegaremos a escuchar palabras como “munícipa” o “edila”?

No omitir a las mujeres

Ana Mañeru, poeta, economista y responsable de Sabina Editorial apuntaba al debate: “Nombrar en femenino y en masculino a mujeres y hombres no es desdoblar ni duplicar ni repetir: es nombrar correctamente con los recursos que nuestra lengua tiene y que la RAE conoce, pero que se salta cuando le parece. Una mujer no es un hombre y viceversa”.

Mañeru aseguró que en 1990, desde el Instituto de la Mujer donde ella trabajaba entonces, crearon la comisión Nombra (No Omitas Mujeres Busca Representaciones Adecuadas). “Lo hicimos, entre otras cosas, para aclarar a la RAE cuestiones de este tipo. Pero (la Academia) se resistió siempre porque custodia el patriarcado con esmero”.

Un ejemplo de aquel trabajo fue la feminización de títulos académicos y profesionales expedidos a mujeres por parte del Ministerio de Educación. “Así, a partir de 1995 fueron reconocidas como doctoras, licenciadas, graduadas… varias mujeres”, dijo Ana Mañeru a El País.

Tampoco le sirven a la editora los argumentos de economía del lenguaje que esgrime la Real Academia para no desdoblar: “No es económico que una reina pueda ser llamada rey o una mujer pueda ser llamada hombre, porque requiere información adicional para saber de quién se está hablando y las respuestas, además de alargar la información, pueden resultar confusas y pedir nuevos términos para estas cuestiones: ¿Se refieren a un rey que también es reina? ¿A un hombre que también es mujer?”

En resumen, para Mañeru, “nunca es bello ni económico, sino feo para una mujer no ser nombrada. Sentirse borrada de la historia y del presente. No poder reconocerse y reconocer a otras, por esta extraña regla que dice incluirla en un masculino ‘versátil’, que unas veces usan como si pudiera ser genérico y otras veces la excluye sin decir nada, reservando el masculino para lo masculino”.

La reya y el princeso

Eulalia Lledó, de la Universidad de Barcelona y experta también en sexismo lingüístico, cree que la RAE incurre en una contradicción interesada al separar rey de reina o príncipe de princesa en alusión al o la heredera a la corona, en su propuesta de reforma constitucional. “Resulta que si es importante, hacemos excepciones… Eso no vale”, afirmó.

La periodista y codirectora del máster Género y Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona, Isabel Muntané, insiste en esta contradicción -“Están aceptando que rey no es un masculino genérico, ¿no?”- y asegura que, si la reforma no va más allá, no vale para nada: “Me parece una decisión muy cobarde. Porque con rey y reina lo único que estás haciendo es prevenir una realidad que va a venir. Es una oportunidad perdida que ya nos imaginábamos”.

Además, defiende que la sociedad va por otro lado y la RAE le estaría dando la espalda: “Se está viendo un cambio hacia un lenguaje inclusivo y no sexista, en los medios de comunicación, en las universidades… La realidad que es la que es: que hombre no quiere decir hombre y mujer, por eso existe la palabra mujer”.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios