Opinión

COLUMNA: Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

Mitos de Pedro Páramo

Christopher Domínguez Michael explicó el polémico trabajo del crítico literario con una anécdota de Alí Chumacero. La del poeta, editor y académico de la lengua fue, quizá, la única reseña negativa tras la publicación de Pedro Páramo.

Su crítica a la novela de Juan Rulfo se puede leer en el tomo de Los momentos críticos: ensayos y reseñas (1987). Y a pesar del éxito inmediato de crítica y ventas, Chumacero “nunca se desdijo y tuvo como motivo de honra y gloria haber sido el único en no gustarle Pedro Páramo”.

“Yo creo que, definitivamente, Chumacero no tenía la razón”, comentó Domínguez Michael al responder a una pregunta del público que asistió a la conferencia impartida en la Facultad de Letras y Comunicación (Falcom) de la Universidad de Colima, el jueves 26 de mayo de 2022, ‘¿Qué es un crítico literario?’

“Aunque la recepción internacional de Pedro Páramo fue muy rápida (hacia 1960 ya estaba traducido a muchísimas lenguas), los dos libros de Rulfo (los cuentos de El llano en llamas en 1953 y la novela de 1955) causaron confusión entre muchos de los críticos de su tiempo”, siguió diciendo Christopher Domínguez.

“Algunos, gente autorizada, creían que era una novela indigenista. Y nada que ver, los campesinos de los Altos de Jalisco de los que habla Rulfo son viejos castellanos con una influencia indígena muy escasa, en relación a otras zonas del país.

“Luego, se decía que era novela de la Revolución Mexicana o, en todo caso, contra la Revolución Mexicana. Pero si el mundo de Rulfo tiene que ver con un acontecimiento histórico, es con la guerra cristera. Los personajes rulfianos, vistos sociológicamente, son lo que don Luis González y González (también miembro de El Colegio Nacional) llamaba ‘los revolucionados’. Es decir, las víctimas (que fueron millones) de la revolución y los distintos bandos en conflicto.

“Pero estas discusiones locales, que si era novela de la revolución o novela indigenista, se fueron perdiendo. Y Pedro Páramo, en la medida que fue tomando su lugar en el mundo, se convirtió en una novela que habla de un mito universal: el de la comunidad agraria y el padre primigenio.”

El mundo hablaba francés

Domínguez Michael estuvo en la UdeC en el marco de la XXIV Jornada del Libro Universitario, Altexto 2022, y como parte de las actividades de extensión de El Colegio Nacional. Después de su intervención inicial, respondió a tres rondas de preguntas.

En la primera tanda, una persona quiso que el miembro de El Colegio Nacional desde 2017 y hasta entonces integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte, quien ha sido beneficiario de la Beca Guggenheim, investigador asociado de El Colegio de México y profesor visitante en la Universidad de Chicago, ampliara su comentario sobre los diferentes procesos de globalización que se han vivido en la historia de la literatura, y explicara si este fenómeno afectará la categoría de literaturas nacionales:

“Procesos de globalización (la palabra me choca porque es un término periodístico, que los periodistas nos obligan a usar), en efecto ha habido varios. No me remontaré hasta la pangea ni a las migraciones que hicieron que la especie humana se extendiera por todo el planeta, pero la llamada época de los descubrimientos luego que Colón se topara con América en su búsqueda de China y Japón, es tan global que llegaron a México los primeros misioneros de las órdenes agustina y franciscana, muchos de los cuales hablaban flamenco. Aprendieron náhuatl y otras lenguas indígenas, pero no todos sabían español.

“En la escuela nos enseñan que a México lo conquistaron los españoles, y ambas cosas no son ciertas: primero, no había ningún lugar que se llamara México; segundo, Hernán Cortés era un súbdito de Carlos V, un monarca que no era español (Cortés sí, pero el rey no). El extremeño venía representando a un imperio unirreligioso porque todos eran católicos, pero multicultural y multilingüístico. Que los súbditos de Carlos V que llegaron a América fueran de la península ibérica, es otra historia y tendría su explicación. La Nueva España, entonces, es produto del auge del imperio de un emperador que no era español y que, de hecho, aprendió tarde el castellano. En su casa hablaba flamenco o quizá alemán. La historia, pues, no siempre es como nos la cuentan.

“Otra globalización importante es la del Siglo XVIII. El libro de Marc Fumaroli de 2015 se llama Cuando Europa hablaba francés, porque en esos años tal era la lengua franca. No hablar francés era condenarse a vivir en la inopia y en la ignorancia, como lo era no hablar latín para alguien del Renacimiento.

“Los mundos globales e intercomunicados siempre han existido. Es fascinante ver la velocidad con la que Voltaire se comunicaba con toda Europa. El correo era con posta de caballo, pero sus cartas con la corte de Catalina de Rusia tardaban entre 30 o 40 días en llegar, algo veloz para ese tiempo.”

En cuanto a lo que ocurrió con el nacionalismo, un fenómeno del Siglo XIX, es paradójico. El nacionalismo le dice al romántico de todas las naciones: tienes que ser diferente de la nación vecina. Es decir, como guatemalteco no puedes ser igual al salvadoreño. “Pero como le dicen lo mismo a todo el mundo resulta que, con las mismas herramientas de diferenciación, cada nación es diferente. Tenemos por tanto una proliferación de gemelos”.

“El nacionalismo es muy importante porque va a producir a Hitler en el Siglo XX, y sigue siendo una tendencia en el mundo. Pero no siempre hubo nacionalismo, y eso hay que entenderlo cuando nos referimos a la literatura”, señala Christopher Domínguez.

Herederos de Bloom y Steiner

Otra pregunta fue quién sustituirá a los dos grandes críticos que murieron recientemente: Harold Bloom y George Steiner.

“En efecto, se acaban de ir Bloom y Steiner, dos grandes críticos literarios, importantes en la segunda mitad del Siglo XX y no sólo en las universidades. Steiner dio clase y no hay universidad importante en el mundo donde no haya profesado, mientras que Harold Bloom estuvo más pegado a Princeton y Yale, en la costa este de los Estados Unidos. Son figuras universitarias, pero ambos salieron de manera muy contundente del claustro académico.

“Steiner, que era de formación más europea que Bloom, muy pronto entró a The New Yorker y acabó sustituyendo nada menos que a Edmund Wilson como reseñista de cabecera. Steiner tiene grandes obras de crítica y teoría literaria, pero también escribió muchas y magníficas reseñas y ensayos literarios para el gran público.

“El gran público, para el crítico literario, es lo que Juan Ramón Jiménez llamaba la ‘inmensa mayoría’. Es decir, si los lectores de literatura son pocos, los lectores de crítica literaria son menos aún. Pero los críticos literarios nos conformamos con esas personas que son, en el mejor de los casos, unos cuantos miles.

“Harold Bloom, una vez que triunfó en la academia y salió a batallar contra la crítica universitaria predominante en los Estados Unidos, se dedicó a escribir libros sobre la lectura, la comunicación literaria y la vigencia de los clásicos para un público muy amplio. Steiner y Bloom cumplieron con sus obligaciones como profesores, pero también dedicaron una parte de su trayectoria al público literario más general.

“Desde luego que sigue habiendo figuras importantes en la crítica literaria, no tan famosos como ellos pero que se van a volver famosos al paso de los años. Como James Wood, el gran crítico de la narrativa en Gran Bretaña, que es de mi generación. O como un gran teórico literario francés que yo aprecio mucho, enemigo por cierto de la teoría literaria, Antoine Compagnon. Por otra parte, Italia está llena de críticos literarios formidables.

“Todos tenemos miedo de que, en el Siglo XXI, no vaya a haber grandes figuras de la crítica como las hubo en el Siglo XX. Y es que algó pasó entre un siglo y otro: la figura del gran intelectual perece haber quedado en demérito, y las humanidades tienden a reproducir el esquema de las ciencias más duras, en donde ya son equipos y cada vez menos individualidades las que llevan la batuta. Pero como la literatura está asociada al genio individual, habrá desde luego dignos sucesores de Bloom y Steiner.”

Sin títulos académicos

Cuando Domínguez Michael figuraba en el consejo de redacción de la revista Vuelta, a sus 24 años despertaba la admiración de los jóvenes de su generación, dijo Lilia Peña, docente en nuestra facultad y quien –según reveló– casi nunca toma la palabra en las conferencias porque se pone muy nerviosa. En esta ocasión lo hizo porque no pudo ocultar su alegría de ver al crítico en nuestra casa de estudios.

Fue interesante escuchar a un crítico que se mueve en el ámbito del periodismo cultural pero que nunca estudió formalmente letras, literatura o teoría literaria, hablar en una facultad que tiene una licenciatura y una maestría en Literatura Hispanoamericana, con profesores e investigadores de tiempo completo adscritos a un Centro de Estudios Literarios. En su discurso de ingreso a El Colegio Nacional (¿Qué es un crítico literario? El Colegio Nacional, 2018), Christopher Domínguez describió su trayectoria como un humanista autodidacta:

“Por razones accidentales, apenas iniciada la universidad, la abandoné y no tengo títulos académicos. Pero, no siendo académico, soy un crítico literario profesional porque a mis veinte años, en México y en 1982, me acogió, en su hospitalidad intelectual, su modestia económica y su riqueza intelectual, el mundo de las revistas y suplementos literarios. Este mundo creado por (Octavio) Paz y Fernando Benítez, entonces vigente, se expandió hacia Proceso, donde gracias a David Huerta, empecé a publicar reseñas con regularidad, mientras escribía ensayos de mayor extensión para La Gaceta del Fondo de Cultura Económica. Desde entonces pude ganarme la vida, primero modestamente, luego en la justa medianía, publicando artículos, dando conferencias y escribiendo libros.” (p.p. 45-46)

Actualmente, Domínguez Michael es miembro del consejo editorial de la revista Letras Libres, en donde también colabora mensualmente. Y aparte de haber sido columnista cultural en el semanario Proceso, ha escrito también en los periódicos Reforma y El Universal.

Cabe decir, finalmente, lo que Emmanuel Carballo nos dijo a quienes nos entrenábamos en la entrevista literaria que era su especialidad: cada generación literaria tiene su crítico. La del autor de Protagonistas de la literatura mexicana fue la de los escritores que empezaron a publicar en los años cincuenta del Siglo XX. El crítico de los escritores posteriores al medio siglo mexicano tendrá que ser Christopher Domínguez Michael, anticipó Carballo.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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