COLUMNA: Ojo de Mar

La cuesta de febrero

Por Adalberto Carvajal

¿Realmente está bajando la popularidad del presidente López Obrador?, ¿las encuestas de opinión reflejan verazmente la realidad?, ¿cuáles son los negativos y los positivos de la 4T?

Las preguntas se las hace Julio Hernández López a Juan Ricardo Pérez Escamilla -cofundador de Oraculus y fundador de la Central de Inteligencia Política-, Gerardo Orantes Jordán -director de Ciencia de Datos en Gerencia del Poder– y Francisco Abundis -director de Parametría, en el espacio de Julio Astillero del jueves 5 de marzo de 2020 en La Octava.

Pérez Escamilla comienza por explicar que Oraculus hace un resumen de las seis encuestas más confiables que se publican en el país:

“Las encuestas cuentan historias, es decir, son el reflejo de las historias que se generan como consecuencia de las acciones que se están tomando en el gobierno”. Y en el ponderador de encuestas, AMLO tiene un 62% de aprobación cuando hace un año el mismo instrumento lo tenía en 83%. Bajó 19 puntos pero los números siguen siendo altos, comparado con Peña Nieto que llegó a estar en 17%”.

Si bien hay un desgaste natural del poder, el panorama para López Obrador está nublado porque, en la medida que el Gobierno aparentemente no da resultados, la gente empieza a reclamar. Y los reclamos válidos son por inseguridad y salud.

“Como la Guardia Nacional no acaba de cuajar”, la falta de seguridad sigue siendo un problema cuya solución no está a la vista. Y salud es un tema complicado porque, aunque desapareció el Seguro Popular y se creó el Insabi, continúa “el desabasto de medicinas”.

Entre los positivos, las encuestas perciben que la corrupción ha disminuido. Si bien otro negativo es que la economía tuvo crecimiento cero en 2019, desglosa Pérez Escamilla.

Sigue siendo alto 60%

Febrero de este año fue el primer mes, desde la toma de posesión, en que López Obrador cae en las encuestas, subraya Pérez Escamilla.

Cuando comenzó Oraculus, el entonces candidato de Morena iba arriba y se pensaba que todo lo que sube termina por bajar, pero no: “Subía, subía, subía y subió hasta que logró una votación histórica”.

Cuando llegó a la Presidencia, se anticipaba que empezaría a manifestarse el desgaste del poder, pero su aprobación llegó a 83 puntos. Ahora lo importante es ver qué tanto se pronuncia esta caída y por cuánto tiempo se prolonga.

Gerardo Dorantes coincide con Pérez Escamilla en que 62% es la aprobación más baja que ha registrado AMLO en su administración, y es considerable si se compara con las mediciones de otros presidentes. Pero considerando las 671 mediciones que se tienen de todos los presidentes de México, en este momento López Obrador se encuentra por encima de todos ellos.

AMLO había logrado incluso romper ciertas lógicas anteriormente constantes. Por ejemplo, la correlación con el Indicador de Confianza de los Consumidores (ICC). Este reportó una caída importante a mediados del año pasado, sin que ese descenso se replicara en la popularidad.

En este momento, el ICC se encuentra en niveles altos pero comparables con los que tenía Calderón en su momento. En cambio, seguridad es de los rubros peor evaluados, incluso si se siguen series históricas como la de Reforma. No obstante, la aprobación sigue siendo alta.

Por lo demás, aunque hay condiciones materiales que podrían explicar la caída, cabe destacar que incluso en este contexto complicado AMLO sigue teniendo una aprobación por encima del 60%.

La calle dice otra cosa

Julio Astillero resalta, en el análisis al detalle de algunas encuestas, los positivos en la personalidad de López Obrador: genera confianza, credibilidad y hasta simpatía.

Pérez Escamilla lo explica porque AMLO ha construido una historia desde hace 18 años: recorrió el país en muchas ocasiones y fue jefe de Gobierno (del Distrito Federal).

Goza de credibilidad además porque, en mítines y medios de comunicación, ha mantenido un discurso con dos grandes propuestas: combatir la corrupción y acabar con la desigualdad.

En un país donde hubo tanta corrupción, al grado que marcó al sexenio pasado, y donde llevamos viviendo en desigualdad desde siempre, ese mensaje atrae mucho. El pueblo se identifica con ese ideario, por eso se ganó la confianza.

Es además un político hábil y, si lo comparamos con Peña Nieto cuyo sexenio fue de excesos, atrae que Andrés Manuel ofrezca austeridad. Ahora bien, el discurso no va a ser suficiente, resume Pérez Escamilla.

No fue empático

¿Qué tanto coincide la fría estadística de la demoscopía con lo que se ve en los actos públicos de López Obrador, donde luce su dominio escénico y el manejo de agenda política, en medio de la efusividad de la gente?, pregunta Julio Astillero.

Gerardo Orantes explica que “las encuestas son la herramienta que tenemos para medir la opinión pública, y aunque haya probado ser muy exitosa no es perfecta. Pretende representar a la población que quiere estudiar, pero también acusa un cierto margen de error. Aparte, existen otros otras fuentes de incertidumbre que no tienen que ver específicamente con el diseño muestral”.

Pese a todo, “desacreditar las encuestas simplemente porque no coinciden con lo que observamos en la calle, no es un ejercicio válido. Máxime porque en esta época no sólo se publican muchas encuestas sino que se contrastan, y coinciden en algunas cuestiones”.

Sus resultados no se contraponen al hecho de que, en los mítines y otros actos de una gira del Presidente, se observe un nivel de identificación notable. Es algo que AMLO ha construido a lo largo de años y no porque estemos en el mes en donde su aprobación ha decrecido de manera más importante, la caída se reflejará necesariamente en la calle.

Para un político que suele mostrar empatía con grupos vulnerables o que han sido históricamente marginados, observa Orantes, en febrero eso no ocurrió en dos casos de feminicidio: Ingrid Escamilla y la pequeña Fátima.

AMLO no logró ser empático con esas causas, y eso contrasta con otros momentos. Por ejemplo, Tlahuelilpan, donde se dio la explosión de un ducto. Ahí el presidente asumió el tema como un asunto de dolor nacional.

¿Coyuntura o tendencia?

También Francisco Abundis reconoce que hay una caída en la popularidad de AMLO, pero se pregunta si es un asunto de coyuntura o una tendencia. Para responder a eso habría que averiguar las causales.

Por otro lado, ¿es una pendiente clara o el énfasis se da en ciertos temas, como son los atributos personales o la relación con determinados grupos?

Los temas pueden ser de coyuntura -violencia de género, feminicidios, el avión presidencial, el desabasto de medicinas- o de mandato. Estos últimos son por los que fue electo el presidente: economía, inseguridad y corrupción.

En todas las mediciones, el tema de corrupción es siempre por el que va a ser mejor evaluado porque, además, la baraja de figuras impunes a castigar le garantiza a AMLO un capital político muy alto.

En contra, tiene el tema de inseguridad que, según los especialistas, está complicado que se resuelva pronto.

Y queda un tercer factor: economía. No estamos creciendo, pero el índice del consumidor no necesariamente esta correlacionado.

Abundis explica: Trump tiene un crecimiento espectacular, pero su índice de confianza está en el suelo. Y cuando la economía en Rusia estaba terrible, Putin salía bien en las encuestas.

“Varios partíamos de la hipótesis que, aun cuando no crezcas, si la inflación está bien, si el tipo de cambio va bien y, sobre todo, si el estilo de este gobierno y dado como está repartido el presupuesto, si el énfasis iba a estar en programas sociales, la aprobación sería alta”.

En ese sentido, hay evidencia del mucho dinero que ha llegado a los estratos ubicados en los dos últimos deciles. Pero lo que pasó en Macuspana, Tabasco, revela que no han llegado los apoyos de varios programas. No por nada ese mismo fin de semana renunció el subsecretario de Bienestar, apunta Abundis.

“Si la 4T está teniendo problemas de ejecución, entonces ya no solamente tendrá problemas de percepción sino de realidad. Y tendríamos que separar la comunicación política de la cotidianidad”.

No es para tanto

Para Abundis, “más allá de los problemas de medición, estamos demasiado concentrados en la aprobación presidencial, cuando hay otras variables que se están moviendo desde hace tiempo a las que deberíamos poner atención: por ejemplo, la expectativa de la economía, va para abajo, y a la pregunta de rumbo correcto o rumbo equivocado, la tendencia ya se revirtió (ambos son indicadores premonitorios de una crisis de confianza).

En resumen, la pendiente es grave. Y aunque, irónicamente, en diciembre la aceptación subió por el aumento al salario mínimo, la captura de García Luna o la firma del T-MEC, la caída en enero (nueve) y el deslizamiento de febrero (cinco) suman 14 puntos.

“Hay razón para preocuparse aunque, por lo demás, estar en 60 por ciento de aprobación ya lo quisieran muchos presidentes para un domingo”, concluye Abundis.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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