Opinión

COLUMNA: Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

En primera fila

Desde el inicio de las mañaneras, ha habido críticas a los periodistas que acuden a la conferencia de prensa y tratan bien al presidente o, al contrario, porque lo cuestionan agresivamente.

Ha habido descalificaciones también entre los reporteros: unos acusan de conservadores a quienes, a su vez, los llaman paleros, comenta Carlos Castellanos, conductor de Debatiendo en La Octava Digital.

De acuerdo con cifras de SPIN-Taller de Comunicación Política, los periodistas que tienen mayor probabilidad de que les den la palabra en las mañaneras son los de primera fila. En la segunda, las probabilidades se reducen a menos del 10%.

Es obvio, no sabemos si intencional, que hay periodistas a los que permiten preguntar en diversas ocasiones y con mucha regularidad. Quienes seguimos las mañaneras ya identificamos a la mayoría de los que preguntan.

Sí, hay un sesgo. Algunos sostienen que el presidente necesita descansar (no es fácil tener un ejercicio diario frente a la prensa) y, cederle la palabra a un periodista amigo, le permite relajarse.

¿Este sesgo es consciente o inconsciente?, ¿es necesario?, ¿se vale?, les plantea Castellanos a sus invitadas del jueves 4 de agosto de 2022: la investigadora de El Colegio de México, Violeta Vázquez-Rojas, y la periodista Daniela Pastrana, directora del portal Pie de Página.

Mecanismo de control

Tras advertir que ella no conoce la dinámica de las mañaneras, salvo por algunas cosas que le han contado, Vázquez-Rojas Maldonado coincide con Daniela Pastrana en que algunos reporteros aprovechan el turno para hacer gestiones más que preguntas. Incluso cobran si, tras presentar un tema al presidente, la intervención del reportero deriva en una audiencia con el funcionario que pueda resolver los problemas de un individuo o grupo.

“Ese riesgo siempre se corre y es lógico que, en la oficina de Comunicación Social, busquen tener control sobre quién entra y quién no a la mañanera. También es normal tener confianza en los reporteros que se sabe no van a golpear al presidente.

“Es inevitable, más que necesario. No sé si es bueno o malo, pero sin duda va a tener consecuencias que no se ven bien. Por otro lado, no hacerlo podría llevar a perder el control de quienes están haciendo uso de la palabra”, sostiene Violeta Vázquez-Rojas.

Sí hay consentidos

Pastrana, por su parte, ha estado en muchas mañaneras “y no tengo queja del equipo de Comunicación Social, ni de Jesús Ramírez ni de nadie de su equipo. Al contrario, siempre me han apoyado. Hasta raite me han dado cuando, por ejemplo, una vez me quedé en Palenque luego que toda la prensa se fue a tomar el avión, porque yo quería ver a la Reina Roja.

“No tengo ninguna queja, y eso que me he quedado afuera de Palacio Nacional con Lord Molécula porque no pudimos entrar ninguno de los 2. No es que dejen entrar a unos y a otros no. En realidad, el acceso es abierto. Lo he discutido muchas veces con Reyna Haydee Ramírez (la periodista que en la mañanera denunció ser objeto de censura y persecución), especialmente cuando quería presentar el amparo. Le dije que era improcedente y que Artículo 19 no le debería dar vuelo con eso. Porque tiene acceso como todos, si cumplimos las reglas.

“Ahora, es decisión del presidente a quién le da la palabra y a quién no. Hay personas a las que se las da porque le gusta la polémica o la controversia con ellas, y hay otras que le gustan porque no le van a hacer un escándalo si, como a veces ocurre, se sale por la tangente y pone una canción de Chico Che. Tal como fue su decisión abrir las conferencias, el presidente decide cómo llevarlas. Lo que deberíamos hacer todos (periodistas, analistas, influencers) es apropiarnos de ellas.

“A compañeros reporteros de mucha experiencia que se quejan de las preguntas (de los youtubers), les digo: pues ve. Si acudiéramos 15 con más preparación periodística, otra historia serían las mañaneras. Pero si no van porque hay que despertarse temprano, porque hay que aguantar preguntas ingenuas y lidiar con comunicadores a los que no consideras periodistas como tú, o porque el presidente a veces da ciertas respuestas o no tiene respuestas, entonces no te quejes. Es un error ignorarla, la mañanera es una herramienta que debemos apropiarnos como derecho ciudadano. Y debemos perfeccionarla. En la dinámica actual se genera un ambiente propicio para que haya conflicto entre quienes van.”

Por lo demás, “efectivamente hay reporteros que llevan mucho sin poder hacer una pregunta. Reyna Haydee se ausentó porque estuvo en un programa de beca para periodistas desplazados ya que tiene una condición muy especial; el mecanismo de protección terminó en diciembre. Pero el compañero Arturo ha estado yendo a la mañanera desde enero y, desde febrero, no ha podido preguntar. Lleva 5 meses desmañanándose en vano y, en cambio, el reportero del diario Basta pregunta hasta 2 veces a la semana”, subraya Daniela Pastrana.

No se apartan lugares

¿Y qué decir de lo que denunció Reyna Haydee Ramírez en el sentido que solamente les dan la palabra a los que están en la primera fila y que, es más, ya están apartados los lugares de la primera o la segunda fila para los periodistas consentidos o, al menos, para quienes designe la coordinación de Comunicación Social?, pregunta Castellanos.

“No están apartados los lugares -desmiente Pastrana-. En algún momento se han apartado, pero entre la fuente. Llegan y apartan el lugar, no dejan que alguien más se acerque, pero no es una estrategia de Comunicación Social.

“Y en cuanto al reclamo de Reyna Haydee, creo que fue un error cuestionar así a otro colega (‘¡Cállate, palero!’, le gritó a Hans Salazar) aunque ella pueda tener sus razones. Sin duda, esas reacciones son generadas por la decisión del presidente de dar la palabra a los periodistas, de no sortear las preguntas o usar otro mecanismo. Y eso tendría que modificarse.

“Cuando alguna vez Ernesto Ledesma le preguntó a López Obrador cuáles son los criterios para elegir al reportero que hará una pregunta en la mañanera, tampoco le contestó. Son de ese tipo de cosas que el presidente prefiere evadir con la discusión de quiénes son opositores. Pero no todos somos opositores, y queremos tener la misma posibilidad de preguntar que otras personas. Eso es válido.”

Opositor, a mucha honra

Cuando el presidente descalifica a periodistas diciendo que es opositor, ¿eso le viene bien al ejercicio del periodismo? ¿Orilla a los periodistas a ponerse a favor del gobierno o, por el contrario, los insta a convertirse en periodistas en contra del gobierno? ¿Es positivo o es negativo?, cuestiona Castellanos.

Violeta Vázquez-Rojas se extraña de que en este sexenio se haya empezado a tomar como una descalificación el término opositor. “Antes la gente era opositora a mucha honra. Ahora, incluso quienes a todas luces son opositores se ofenden porque los llaman así”.

“Se resemantizó el término opositor para convertirse en un insulto, y no debería serlo. No es una descalificación. No sé si el presidente lo hace con esa intención, porque no puedo leer su mente. Pero sí creo que esa interpretación está sesgada.

“La relación de López Obrador con la prensa ha sido, quizá, la relación más espinosa que ha tenido un presidente que yo recuerde. Siempre eran relaciones lubricadas con mucho dinero, y ahora son relaciones mucho más áridas.

“Se señala al presidente de acosar a la prensa, de estigmatizar a periodistas, pero no son los términos adecuados. Una cosa es satanizar a la prensa y otra esclarecer la relación con los periodistas. Decir que este sector de la prensa tiene un financiamiento millonario y oscuro, que no sabemos quién le está dando dinero a Loret de Mola, o que esta otra prensa que se dice independiente lo viene a golpear”, es poner las cartas sobre la mesa.

“Puede ser que, en algunos casos, el juicio del presidente no sea completamente acertado”. No toda la prensa independiente lo va a golpear, y quizá anticiparse al golpe propicia esas fricciones. “Hemos visto agudizado este fenómeno en los últimos días”, dice Vázquez-Rojas.

Notimex, desaprovechada

Esta es también “la consecuencia lógica de la nueva relación con la prensa. El presidente es su propio vocero”, dice Violeta. Castellanos coincide en que las áreas de comunicación social en las demás dependencias no existen. Y Vázquez-Rojas apunta que “si la agencia de noticias del Estado (Notimex) ha estado en huelga desde el inicio del sexenio, es en gran parte porque el gobierno no la necesita”.

Sin embargo, para Daniela Pastrana eso no está bien. “Independientemente que no la necesite, es dinero público el que se está gastando en una agencia que no se utiliza para dar información útil para la gente. Era muy necesaria Notimex durante la pandemia. La agencia pudo haber tenido un papel importante por el espacio y la proyección que tiene.

“El gobierno no necesita a Notimex, pero tampoco necesitamos que toda la comunicación del país esté en la voz del presidente, porque él también puede equivocarse. No sólo puede tener alguna equivocación de datos, sino también equivocarse en la forma de comunicar algunas cosas. El presidente reduce realidades complejas que requieren una explicación más amplia o técnica, porque él no puede saber de todo: de física nuclear y, al mismo tiempo, de metodologías pedagógicas.

“Entiendo los motivos que llevaron a que una sola persona lo explique todo. Fue necesario por el arrastre que tiene Andrés Manuel, por la figura pedagógica que puede ser, por la atención que le puede poner mucha gente. Pero eso a mediano plazo nos lleva a barbaridades como ésta: tener una agencia de noticias con recursos públicos que se gastan cada mes sin provecho, porque no está dando información. Para eso tendrían que ser los medios públicos, para ampliar la comunicación social, no nada más para que todo lo informe una sola persona”, sentencia Pastrana.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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