COLUMNA: Ojo de Mar

Activismo imparcial

Por Adalberto Carvajal

¿Puede una activista ser al mismo tiempo periodista y mantener su imparcialidad? Responde Gabriela Figueroa, abogada y periodista argentina que acaba de ganar la tercera Beca de periodismo sobre desigualdad de género, a la que convocan Oxfam y la Fundación Gabo, con un proyecto de reportaje sobre las socorristas de Argentina (mujeres que acompañan a otras en el proceso de abortar):

“No pienso que exista una ausencia de subjetividad en la mirada de los periodistas. Están todas las palabras que elegimos al momento de contar una historia, cargadas de una ideología que es muy propia de nosotros. Eso no quiere decir que estemos convenciendo a nuestro lector, a nuestro oyente de lo que nosotros queremos que ellos piensen. Sino que, por ejemplo, no es lo mismo decir ‘crimen pasional’ que hablar de ‘femicidio’ (término que la entrevistada distingue de feminicidio), como tampoco es lo mismo decir ‘gobierno militar’ que ‘dictadura’.

“Por otro lado, tenemos también nuestros códigos éticos y deontológicos. Eso implica que es nuestro deber contar la verdad, la historia, desde el punto de vista más completo para el que escucha, para el que lee, de manera tal que sea esta persona la que elija qué camino tomar con respecto a una historia, qué pensar, qué concluir. Nosotros tenemos esa obligación como informadores, lo que no quiere decir que estemos exentos de una subjetividad específica.

“Es en este entendimiento de que aun teniendo nuestra ideología podemos ser periodistas, es que ser activista y periodista no es algo que sea contrario a la ética y tampoco imposible. Los periodistas podemos ser activistas y podemos ser todo lo que queramos ser, siempre y cuando cumplamos también con los códigos éticos y deontológicos que nos marcan el camino a la hora de informar o de contar una historia. E incluso desde estos lugares en que se ocupan, dentro de algunas organizaciones o dentro del activismo, es de donde se pueden contar ciertas cosas, obstáculos que no se conocen desde afuera, y también denunciar casos de corrupción”.

Moralismo feminista

En “‘El periodismo actual se encuentra sumamente interpelado por la cuestión de género’: Gabriela Figueroa”, subida a la red el 7 de agosto de 2019, la abogada, activista y periodista habla de sus diferentes facetas:

“Soy activista de derechos humanos desde que terminé la facultad de Derecho, pero no me consideraba feminista”. De hecho, tuvo muchos prejuicios con ese concepto hasta 2014 cuando participó en una diplomatura de género y “entendí que era profundamente feminista, aun sin saberlo”.

Reconoció la deuda que tenía consigo “y con todas las mujeres, la facultad y la universidad, pero también la enseñanza en general. Me di cuenta de que hacía falta una perspectiva de género, no solo la hora de tratar una causa judicial desde mi profesión de abogada, sino también a la hora de trabajar y de escribir o de hacer cualquier trabajo periodístico respecto a las cuestiones de género: a las violencias, a los despidos, a cualquier tipo de discriminación con motivo del género”.

Revisó entonces sus valores para entender su historia: “¿Cuántas veces había tomado o fortalecido actitudes machistas en mis relaciones sexoafectivas, en mis relaciones afectivas en general?”

Empezó a cuestionar sus círculos sociales, desde los chistes hasta la naturalización de determinadas actitudes. “No me volví una moralista del feminismo o un extremo absoluto del purismo”, pero sí empezó a plasmar esa perspectiva crítica en los trabajos de periodismo: en los temas que elige o en la sensibilidad que pone al abordar una cuestión de género en especial.

Cobertura judicial

¿Cómo complementa la formación como abogada su labor periodística?

“Cuando me decidí a estudiar abogacía, también sentí en mí la vocación periodística. Pero mi elección se fue para lo jurídico por algo que me avergüenza ahora pensarlo: algo más materialista”. En Tucumán, donde nació y creció, no era rentable en lo económico ser periodista para sus planes personales de independizarme y vivir sola.

Estaba a cuatro materias de recibirse de abogada cuando volvió a encontrarse con el periodismo. En 2008 “hice una pasantía en el diario La Gaceta -el principal diario de la provincia- y entendí que había cosas que me surgían sin que yo necesitara aprenderlas”.

Fue maravilloso para ella hacer entrevistas y entender el valor de respetar la palabra de una persona, seguir una historia, hacerle guardia a funcionarios en determinados edificios, conocer el valor y la importancia de las fuentes y protegerlas.

Aunque tuvo otros trabajos temporales, “como en call-centers o en estudios jurídicos que me pagaban muy poquito, nunca dejé de ser periodista”. Entre 2009 y 2010 formó parte de la redacción de El Periódico de Tucumán, que ya no existe. “Pude ahí conocer más de mí como periodista, desarrollar un montón de metas en cuanto al periodismo político, económico, entrevistarme con funcionarios, fiscales, jueces, e incluso dar cobertura a juicios por delitos de lesa humanidad en mi provincia durante la última dictadura militar”.

Su formación como abogada fue complementaria y la ayudó a llevar el ritmo de las audiencias, a entender el lenguaje jurídico y traducirlo en notas periodísticas para que cualquier persona pudiera entender qué es lo que se estaba diciendo.

Periodista y abogada

“El periodismo y el derecho van de la mano, y las bases que tiene el derecho, que es bastante esquemático, bastante cuadrado en ciertas cuestiones, también permiten entender cuáles son las fortalezas y las debilidades que tiene nuestro sistema democrático. Permite conocer el impacto de algunas leyes, qué es lo que se está discutiendo en determinado momento en el país, o cuando hay cuestiones por ejemplo de malversaciones de fondos, que me tocó también dar cobertura en mi provincia a un caso de este tipo.

“En ese sentido es necesario, cuando ocurren determinadas cuestiones, hacer las denuncias y no solo las denuncias desde el tipo judicial sino desde el tipo público, a través de los medios de comunicación, que son los que dan a conocer a las personas qué es lo que está sucediendo. Por eso pienso que son dos profesiones que se complementan y que también enriquecen la mirada al momento de abordar una historia”.

Gabriela Figueroa realizó talleres de crónica en la Revista Anfibia y Cosecha Roja. En la actualidad es periodista freelance de los medios digitales Vice Argentina, Socompa y eltucumano.com. Cursa la Maestría en Periodismo y Medios de Comunicación en la Universidad Nacional de La Plata.

Visibilizar y potenciar

Con la crónica que financiará la Beca, pretende “visibilizar y también potenciar el trabajo que realizan las feministas en Socorristas en Red. La mujeres que abortan tienen que saber que, si deciden hacerlo, no tienen que estar solas, que pueden contar con ciertas personas que están especializadas en este acompañamiento, desde la forma en que a ellas les sirva, ya sea por medio de un mensaje, por medio de una llamada, pero también brindándoles información, conectándolas con profesionales de la salud, que no criminalicen su decisión de no parir”.

En otro sentido, también “es de suma importancia dar a conocer la existencia de la base de datos que sistematizan las Socorristas en Red desde el año 2014. Se trata de un trabajo sumamente valioso que discrimina entre edades, motivos, contextos socioeconómicos y culturales, toda la asistencia que brindan las socorristas.

“Y es una tarea que es esencial a la hora de pensar en una política pública para abordar la salud reproductiva; una tarea que el aparato estatal no la está realizando y las socorristas con una respuesta política lo realizan. El Estado debería ser el que se encargue de estas cuestiones para poder planificar y para poder establecer qué política pública se aplica, porque el Estado está silenciando y está ignorando el tratamiento de los abortos clandestinos y de las muertes de mujeres por este motivo.

“Pienso también que la lucha y la historia de las socorristas está ligada históricamente a otra lucha que es la de la memoria, verdad y justicia de nuestros desaparecidos en la última dictadura y al rol que tuvieron otras mujeres que son las madres y abuelas de Plaza de Mayo, que en la actualidad conectan también con la lucha de los derechos de las mujeres en general. El reclamo de memoria, verdad y justicia, es un reclamo que es transversal, que ha surgido y que tiene una importancia enorme en nuestro país, y que atraviesa otras luchas en este momento en la evolución de la historia. Se pide memoria, verdad y justicia, no solo por los 30,000 desaparecidos sino también por las mujeres muertas en abortos clandestinos y víctimas de femicidio”.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

 

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