COLUMNA: Ojo de mar

Prensa anti-AMLO

Por Adalberto Carvajal

Existe una prensa anti-lopezobradorista que no necesariamente está defendiendo la libertad de expresión ni el derecho de la sociedad a estar bien informada, sino que maneja una agenda contra los postulados de la Cuarta Transformación, reconoce Jorge Gómez Naredo, jefe de Información de la revista Polemón.

En la emisión de Radar del 19 de junio, programa que conduce Luis Guillermo Hernández en Rompeviento TV, Gómez Naredo recuerda que entre los actores políticos que participan en el Bloque Opositor Amplio (BOA) que dio a conocer el presidente López Obrador, hay medios, periodistas y encuestadores.

Gómez Naredo desarrolló una metodología para identificar a las figuras mediáticas que están en esa lógica. Y con base en ella podemos saber que personajes como Carlos Loret de Mola, Pascal Beltrán del Río, Ciro Gómez Leyva, Adela Micha o Denise Dresser, no son periodistas críticos que simplemente están haciendo su trabajo. Cuando León o Enrique Krauze hablan en contra del gobierno, hay algo más detrás, observa Hernández.

La noticia acerca de la existencia del BOA “llenó las conversaciones en redes sociales y los medios de comunicación”, señala Gómez Naredo. Pero hay que contextualizar: “la cuestión de los medios de comunicación va más allá de identificar a los periodistas chayoteros; los procesos son mucho más complejos”.

 

Derecho a voz

Durante muchísimos años, comenta Jorge Gómez Naredo, “los medios de comunicación eran los únicos que tenían voz”. Ellos se encargaban de seleccionar la información para entregársela a la gente, mientras la audiencia “no tenía derecho a voz y solamente podía consumir las noticias”.

Era el modelo tradicional de los medios. Pero con la revolución tecnológica que empieza con internet y continúa en las redes sociales, el monopolio de los grandes medios de comunicación se rompió.

“Televisa, eje central de la comunicación masiva en México, empieza a caer; con ella, TV Azteca y los demás grandes medios que eran los únicos que podían decir lo que pasaba en el país”.

Surgen nuevas voces, medios que se instalan en internet y las redes sociales. La gente dejó de ser “simple consumidora y eso ha cambiado, radicalmente, la forma en que se produce y se consume la información”.

Para los grupos mediáticos que quedan, el modelo de negocio empieza a tambalear. Empresas de comunicación como El Universal y Excélsior que antes vendían publicidad, ya fuera privada u oficial, empiezan a ver mermados sus ingresos. Y eso pasa no sólo con los mexicanos sino con los grandes medios internacionales: desde The New York Times hasta Le Monde, todos han entrado en crisis financiera, resume Gómez Naredo.

 

No son plurales

El status quo del periodismo en México, sigue diciendo el invitado, lo representan “un grupo de periodistas relacionado con el poder, que también son empresarios y publirrelacionistas con intereses muy claros”.

El caso más emblemático es Enrique Krauze, quien no necesariamente es periodista pero tiene medios de comunicación, como la revista Letras Libres y la editorial Clío; y tiene a su hijo en Univisión, quien llegó ahí a través de Televisa “después de crearle una imagen de gran periodista”.

También “tenemos a esos otros periodistas que sí trabajaron en medios”, pero llegaron después a tener fuertes vínculos con el poder.

“Los medios tradicionales no están observando el cambio democrático que se dio con la llegada de Andrés Manuel a la Presidencia”, lamenta Gómez Naredo.

“Con la 4T hay libertad de expresión y mayor pluralidad, pero al interior de los medios tradicionales no existe pluralidad. El 90 por ciento de quienes escriben en la prensa tienen una agenda anti AMLO, responden a intereses empresariales y a intereses políticos o de grupo. Y más de uno está directamente planeando algún tipo de acción en contra de López Obrador, porque perdieron sus privilegios.

Son ese tipo de periodistas, en el contexto de la crisis de los medios, “quienes están atacando al gobierno todos los días” para evitar que López Obrador gobierne lo más fácilmente posible o termine su sexenio. Y dentro del grupo de periodistas que participan en la estrategia, hay algunos de derecha que se reconocen reaccionarios; otros lo hacen por dinero.

Los golpes blandos empiezan con la crítica de esos grandes medios de comunicación y de periodistas como los ya mencionados. Pero la gran pregunta es quién les paga. ¿De dónde vienen los financiamientos para medios emergentes como Latinus, donde colaboran Loret de Mola y Brozo, o para el portal de López Dóriga? Es claro que ellos no van a invertir parte de su riqueza, debe haber vínculos empresariales.

“Los medios se dicen críticos del poder y que, en esa lógica, deben ser críticos con Andrés Manuel porque ya llegó al poder. Pero junto al poder político e institucional, está el poder empresarial. Y los propios medios de comunicación son también un poder, tienen intereses y muchas veces se unen con otros poderes empresariales contra un personaje político o contra un movimiento social”, señala Jorge Gómez Naredo.

 

Poder mediático

En México se está dirimiendo una lucha por ganar el discurso, coincide Luis Guillermo Hernández. El poder político está en disputa con el poder económico, y los grandes medios corporativos responden a ese poder económico que no está, en estos momentos, identificado con la Presidencia de la República. El poder mediático no se identifica con el Estado sino con las grandes corporaciones multinacionales.

La galería de personajes mediáticos que pertenecen al frente opositor, durante los últimos 40 años han controlado el discurso en todos los medios de comunicación. Afirman que son independientes porque critican al gobierno actual, pero ¿quién está detrás económicamente de todas estas figuras y empresas de medios?, retoma Hernández.

Conviene aclararlo, dice el conductor de Radar, para contribuir a la transparencia del debate público. Es evidente que no son voces independientes sino que responden a un plan orquestado por el poder económico.

 

Un peligro para ellos

Para el reportero de Polemón, por su parte: “Los medios como tales son parte de los grupos empresariales que tienen intereses y una agenda política, ideológica y mediática muy clara”.

Impedir que Andrés Manuel llegara en 2006 y en 2012 no respondió a una pugna política sino económica. El poder económico se expresa en la capacidad de una élite que realmente es pequeña, para doblegar al gobierno, sugiere Gómez Naredo.

“Esa elite se opuso al triunfo de López Obrador porque sabían que él y el grupo político que lo acompañaba, planteaban algo muy distinto a los gobiernos neoliberales o a los gobiernos de derecha. Y lo tenían muy claro porque lo experimentaron en la Ciudad de México cuando fue jefe de Gobierno.

“Sabían que les iba a cobrar impuestos, que combatiría la corrupción y establecería la austeridad. Si a nivel local les había ido relativamente mal, ¿cómo sería a nivel nacional?

“El problema no era sólo cuántos impuestos tendrían que pagar las grandes corporaciones, sino que perderían la capacidad de conseguir contratos de obras y de colocar a personajes en cargos específicos para sacar recursos públicos.

“Andrés Manuel los amenazaba no sólo con bajar los sueldos de la alta burocracia, sino con acabar la corrupción con la que se beneficiaban los grupos empresariales. Basta imaginar cuántos millonarios surgieron con las comisiones de una carretera en la que se gastaba mucho más que lo presupuestado y tardaban años en hacerla.

“Esa élite fue la que inoculó el odio a Andrés Manuel en 2006, diciendo que era un peligro para México. Y volvieron a sembrar el miedo en 2012. Pero en 2018 las condiciones cambiaron y la gente ya no creyó esos discursos: las frases se gastaron y empezaron a carecer de lógica”, resume Jorge Gómez Naredo.

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

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