Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Un país polarizado

Por Adalberto Carvajal

 

Antes de 2018, las acciones de nuestros gobiernos parecían una especie de crucigrama que algunos entendían y otros repudiaban. Al final de la ecuación, estos planes de gobierno casi siempre terminaba en políticas públicas que difícilmente apoyaban a las mayorías, señala Hernán Gómez Bruera.

No hace falta ser economista para reconocer que, durante los últimos 30 años, los pobres eran cada vez más y los ricos cada vez menos, agrega el conductor de Octágono, uno de los noticieros nocturnos de La Octava.

Esa fue una de las causas por las que 30 millones de personas votaron por el cambio que representó Andrés Manuel López Obrador. Y, desde entonces, el país quedó dividido en dos bandos irreconciliables. La política en nuestro país se ha vuelto algo cada vez más emocional y menos racional. Nunca había generado tantas emociones, añade.

¿De dónde sale la pasión que divide a los mexicanos entre los que están a favor o en contra de este presidente y de la Cuarta Transformación?, pregunta Hernán Gómez al periodista y novelista Jorge Zepeda Patterson.

En la emisión del 20 de Julio de 2020, la primera del noticiero de Gómez Bruera ya como Octágono, Zepeda Patterson señala que esta polarización se alimenta de varios factores:

“Uno es que, en efecto, México se ha ido separando entre dos grandes polos: una clase social privilegiada que pudo y supo montarse a la modernización, al TLC, a la industrialización y la exportación; y otra que nunca pudo ser enganchada en este proceso de cambio lanzado desde el salinismo. Esta separación se fue profundizando en los siguientes sexenios, hasta que la situación se volvió insostenible.

“Por otro lado, en ningún otro gobierno se había intentado un cambio tan profundo, un viraje tan drástico en la manera de hacer las cosas. De entrada eso genera una enorme reacción emocional de parte de los distintos grupos de interés, dependiendo de cuánto les favorece o cuánto creen que les desfavorece el cambio.

“Es decir, durante siglos una cuarta parte, un tercio o el 40 por ciento de la población se ha visto beneficiada y privilegiada [por la política económica]. Particularmente en los últimos sexenios, (la economía neoliberal) era una especie de máquina, un motor cuyo crecimiento se suponía que iba a sacar de la pobreza y la ignorancia a los sectores atrasados; pero lejos de arrastrar a los vagones de cola, lo que hizo fue separarlos más hasta que el tren se rompió.

“El abismo entre las dos clases sociales es tan grande que reaccionan de manera distinta a una propuesta tan drástica de cambio como la que ha hecho López Obrador”, expone Jorge Zepeda.

 

Lo que resiste, apoya

¿En qué medida esta dicotomía que vivimos entre los pro-4T y los anti-4T, los progresistas y los conservadores, los fifís o derechairos y los llamados chairos en redes sociales, puede ser una fuerza útil y provechosa para la sociedad?

¿En qué medida esa disputa puede ser políticamente transformadora o hasta dónde puede terminar siendo un ejercicio completamente inútil?, pregunta Hernán Gómez.

Para el autor de Los suspirantes (2006) y Los suspirantes 2012, coordinador de Los amos de México (2007, edición actualizada en 2016) y Los intocables (2008), “la polarización puede convertirse en un torpedo que dinamite las posibilidades de cambio de la 4T”.

Y López Obrador que fue en 2018 “la respuesta democrática y electoral de este México insatisfecho cada vez más incómodo e irritado”, siendo él mismo “una salida democrática a esa inconformidad” ha convertido esta polarización en “un combustible de trabajo”, reconoce Zepeda Patterson.

“Andrés Manuel ha llevado a tal umbral la fragmentación y la discordia entre posiciones, que comienzan a afectar sus propias posibilidades de realizar un cambio profundo y consensual”.

“Si bien es cierto que esos sectores están defendiendo sus privilegios, también es cierto que la capacidad del Presidente para consensuar las necesidades de las poblaciones marginadas con los intereses de los poderosos” pasa por convencer a estos últimos de la urgencia de responder a los reclamos de los primeros, y de esta manera reducir la inestabilidad.

Esta polarización impide a AMLO pedir a los poderes económicos ayuda para liberar el péndulo sexenal, mejorar las condiciones de las clases populares y darle mayores posibilidades de desarrollo al mercado, recuperar la estabilidad política y restaurar el tejido social.

“Había muchos elementos para conseguir esto y, si bien algunos sectores se habrían resistido, la gran mayoría le hubieran entrado. El problema de Andrés Manuel es que esta actitud de proponer provocando, ha generado que algunos sectores moderados que podrían haber entrado en su proyecto de cambio, o que por lo menos no lo hubieran impedido, terminaran polarizándose y ahora estén enfrentados directamente a él.

“López Obrador insiste en esta belicosidad, en estas maneras de enfrentar a sus adversarios cuestionándolos y ridiculizándolos a veces cuando a algunos de ellos podría incluso sumarlos, porque cree que en la medida que haya resistencia y oposición a sus cambios va por la ruta correcta”.

 

Polarizar es politizar

Sin embargo, para Hernán Gómez Bruera polarizar no está necesariamente mal. El Presidente muchas veces polariza porque es una manera de politizar las desigualdades, y porque politizar las desigualdades implica que, esas desigualdades que ya estaban ahí, se pongan sobre la mesa y se hable del tema. En la medida que la polarización implica una politización de las desigualdades, pregunta a Jorge Zepeda Patterson, ¿polarizar sigue siendo una mala palabra?

“Poner sobre la mesa la polarización es muy importante, pero ese es el diagnóstico. La gran mayoría de los mexicanos ya estábamos convencidos de haber llegado a un punto insoportable de diferencia, de igualdad e injusticia social, y que era el momento de resolverlo, de afrontar el tema. Ahora lo que sigue es resolverlo”.

¿Cerrar la grieta, como decía Alberto Fernández en su campaña electoral para la presidencia argentina?, quiere saber Hernán Gómez.

“En efecto, la grieta ahí está y en vez de empujar a nadie para que se caiga, debemos colocar tablones para que puedan empezar a cruzarla de un lado y otro. Eventualmente, construir un puente y mostrarle a los sectores privilegiados que tenemos que empezar ya el proceso de distribución social y crecimiento económico –por ejemplo, de las zonas desfavorecidas del sureste que ha sido abandonado durante tanto tiempo–, a fin de darle estabilidad y posibilidad de crecimiento al país.

“Tiene mucha razón López Obrador cuando dice: ‘primero los pobres’, en beneficio de todos los demás. El problema es que mientras la sociedad se siga polarizando, es difícil empezar a construir estos puentes entre las dos orillas. Y si bien en el arranque del sexenio era importante para el Presidente dar cuenta de que había esta polarización, en este momento tendría que estar buscando el consenso, tratando de cicatrizar heridas”.

La mejor prueba de la importancia de conciliar posiciones es lo que pasó en un frente tan conflictivo como el de Estados Unidos. “Allí el Presidente se ha mostrado muy negociador, coherente con el lema que explicitó en la Casa Blanca al decir que no estaba ahí para dar cuenta de las diferencias sino para centrarnos en nuestras coincidencias, y sobre esa base fluir”.

Si el Presidente extendiera esta actitud hacia todos los frentes abiertos, a los poderes fácticos que existen en este país, algunos jalarían y otros no. Pero con los que jalaran podría empezar a construir las bases de un México distinto”, remata Jorge Zepeda Patterson.

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

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