El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Ojo de mar

Mala leche de reforma

Por Adalberto Carvajal

 Que el presidente llamara ‘pasquín inmundo’ al periódico Reforma, le da un nuevo sentido al debate sobre la verdad periodística en los medios tradicionales y en los medios alternativos, debate que Sabina Berman y Vicente Serrano iniciaron en el programa John y Sabina del 8 de septiembre de 2020 en Canal Once.

En su propio espacio en YouTube, Sin Censura, del 11 de septiembre, Serrano empieza por suscribir ‘lo que dice el presidente’. Hay que hablar de quién tiene la verdad y cómo buscarla, en medio de esta lucha encarnizada de los medios tradicionales contra las redes sociales, los medios independientes y los medios alternativos que están irrumpiendo en la escena periodística.

En la mañanera, López Obrador ha desmentido en más de media docena de ocasiones al periódico Reforma, y además de ‘pasquín inmundo’ se ha referido a este medio como “partido” de oposición, observa Berman. Pero lo cierto es que, “desde que comenzó este sexenio Reforma ha cambiado sus estándares con respecto a la verdad. Le da por publicar notas engañosas”.

“Cuando estrenamos el programa, Reforma tituló con muy mala leche una nota que nos dedicó: ‘Cuatro millones y medio para John y Sabina’. No aclaraba si era por programa o por la temporada, pero ya que leías la nota descubrías que no eran para John Ackerman ni para mí sino para todo un equipo de 30 personas que trabajarían toda la temporada. Tampoco hicieron un comparativo con lo que cuesta un programa en Televisa y TV Azteca o en el mismo Canal Once”.

En una mención en la columna editorial Templo Mayor que firma Fray Bartolomé, “dijeron que el presidente nos había dado el programa porque somos sus amigos con beneficios. Eso es una infamia”. A Sabina la llamó el director del canal y le ofreció el espacio en reconocimiento “a un recorrido previo” en los medios. Los invitaron precisamente porque ambos “somos de izquierda pero opinamos muy distinto, es decir, tenemos posturas distintas y querían un programa de polémica, de debate”.

Esas dos notas que personalmente la golpearon, dice Berman, “hubieran sido imposibles hace tres años cuando Lázaro Ríos dirigía el periódico Reforma”. Hoy el editor jefe es Juan E. Pardinas.

 

La verdad presidencial

La gente sabe que ‘se le mintió desde Televisa, TV Azteca, Milenio, Reforma o Imagen’. Espacios donde hay ‘personajes como Ciro Gómez Leyva que defienden a los indefendibles, o como Denise Dresser y Joaquín López Dóriga que promueven fake news’. ¿Cómo le hacemos ahora para encontrar la verdad?, pregunta Serrano.

Para definir qué es la verdad periodística y cómo la podemos garantizar, expone Berman, tenemos que remontarnos a las circunstancias históricas. “Cuando éste era un país regido por un presidente autoritario, había una sola verdad: la que le gustaba al presidente. Él podía hablar al único noticiario de la noche, de la única televisora de todo el país, es decir a Telesistema Mexicano, para reclamarle a Zabludovsky: ¿por qué llevas la corbata de color negro?, ¿estás de luto por lo de Tlatelolco?”

La anécdota de Díaz Ordaz es real, se la contó Jacobo a Sabina en una entrevista. “Hacer periodismo entonces era bien sencillo: había una sola verdad que era la del presidente y era, generalmente, mentira”.

“En el tránsito a la democracia, los presidentes tuvieron que soltar forzosamente las bridas de los medios. Al principio hubo una gran esperanza de que habría libertad para que la verdad brillara, pero los dueños de las televisoras y de los periódicos descubrieron que la verdad era muy valiosa y la empezaron a vender.

“No toda, hay que decirlo, la mayoría de lo que sale en los periódicos es cierto, pero hay notas colocadas muy estratégicamente en los diarios y los noticiarios que cuestan millones. Y las pagan los hombres de la política. De este modo los políticos se convirtieron en los verdaderos clientes de los medios tradicionales. Y como pagan con nuestros impuestos, muestran una generosidad desbordada.

“Luego, vino el súbito florecimiento de las redes gracias a una nueva tecnología, el internet. Y entonces tuvimos otra gran oportunidad para la verdad. Sin embargo, debemos reconocer que muchos de los que se ostentan como periodistas en las redes, no lo son: son opinadores. También hay un lugar para la opinión, pero confundir la opinión con la verdad nos lleva al caos. Se puede ser un programa de opinión, pero decir que eso es la verdad nos lleva al caos”, sentencia Berman.

 

Entre la palabra y los hechos

No es para que Vicente Serrano se sienta aludido, comenta Sabina, pero la verdad es que hay muchos influencers que “inventan cosas notables”, como que el virus del covid llegó en un ovni o que fue producido en un laboratorio de China. En fin, cosas muy fantasiosas corren por las redes y los usuarios están a merced de ellas.

Sin embargo, pedir a la gente que verifique las noticias es una absoluta ilusión. Imposible verificar cada nota. ¿Vas a viajar a China a hacer tu propia investigación sobre el coronavirus?

“Estamos en un aprieto porque hemos perdido la verdad. En toda esta lucha de opinión y con la mercantilización de la verdad, se nos fue la verdad entre los dedos. A tí y a mí nos acusan de chayoteros, como si alguien pagara chayotes en este sexenio. Pero te pueden acusar de lo que sea porque no hay un lugar que podamos llamar verdad autorizada. Nadie tiene esa estafeta. ¿Cómo le hacemos para crear el territorio autorizado de la verdad?”, cuestiona Sabina Berman.

Para Vicente Serrano, también en la opinión hay verdad. Opinar que Loret de Mola es un corrupto y una vergüenza para el periodismo mexicano por haberse prestado a los montajes, es una opinión que también es una verdad porque está sustentada.

El debate sobre la verdad no se ha tomado seriamente desde las redes sociales ni desde los medios tradicionales. Desde las redes no, por recelo ya que los medios tradicionales los han querido ridiculizar y caricaturizar, como ocurre con las críticas a los corresponsales de Sin Censura en las mañaneras. En la nueva realidad de los medios de comunicación, la verdad es aquello tan subjetivo como tu verdad y mi verdad. No hay una verdad absoluta de las cosas, sobre todo hablando de política, sostiene Serrano.

Sabina propone volver a los clásicos. “Para Aristóteles, la verdad es la justeza entre la palabra y la cosa o entre la palabra y los hechos”. En ese sentido, hay verdades relativas:

En la guerra entre Israel y Palestina se difundió una noticia en televisión donde “se veía a los chamacos palestinos agarrar piedras y lanzarlas contra el ejército israelí, mientras los soldados aguantaban. Pero en la toma de ese mismo momento en otra televisora, los israelíes disparaban primero a los chavos, mataban a uno y después los muchachos tiraban las piedras”. Las dos notas son verdad, pero el grado depende de qué tanto abres la toma de tu cámara o qué tanto extiendes el tiempo de transmisión.

“En el caso de Loret, si tú me lo fraseas como que Loret hizo un montaje de tal o cual manera, ya no es opinión: estás describiendo algo que sucedió. Sobre todo si comentas que otra periodista, en cabina, le advirtió a Loret que estaban torturando a Israel Vallarta, y eso no podía ser más que un montaje. Todo recuento de los hechos milimétricamente apegado a lo que sucedió, es la verdad”.

 

Nadamos en las mismas aguas

“El momento es conflictivo. Nuestro problema es que a todos nos acusan de lo peor, nos lo merezcamos o no. Y se confunden las aguas. Alguien que tiene una fama horrenda de haber vendido su trabajo periodístico y hacer pasar mentiras por verdades, de pronto queda al mismo nivel que alguien que jamás ha tomado una coima.

“No tengo las respuestas, tengo las preguntas. Se me ocurren cosas como designar de común acuerdo un regulador o abrir un canal en YouTube que se dedique a verificar noticias. Lo cierto es que la prensa ya no se regula a sí misma”, concluye Berman.

A Serrano le preocupa que lo confundan con auténticos chayoteros, como Joaquín López Dóriga y Mario Ramón Beteta que recibían subsidios disfrazados de publicidad oficial, o con Héctor Aguilar Camín a quien Salinas de Gortari le disparaba cañonazos de billetes con cargo a la partida secreta. También era chayote disfrazado la compra de revistas y libros a Nexos y Letras Libres.

La autoridad moral de nunca haber recibido chayote es la que nos permite contar la verdad, dice el director de Sin Censura, quien defiende su derecho a decir su verdad “sin máscaras”, porque es lo más honesto.

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

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