COLUMNA: Ojo de mar

El mensaje es el medio

Por Adalberto Carvajal

Dos cuestiones que han acaparado el debate sobre los medios en los últimos días, se abordaron en el programa Perspectivas del canal por internet Rompeviento TV:

– ¿Cuáles son las implicaciones en la decisión de las televisoras estadounidenses de cortar la transmisión en vivo del mensaje del presidente Donald Trump, con el argumento de que estaba diciendo mentiras?, y,

– ¿Cuál es la pertinencia de que se transmita íntegra la mañanera de López Obrador, o que se cubra informativamente siquiera, cuando hay un reclamo coordinado de los voceros del conservadurismo para que los medios en México ejerzan censura por el mismo motivo que a Trump?

Conducida por Ernesto Ledesma, en la mesa de análisis del 6 de noviembre de 2020 participaron Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de Comunicación Social y vocero de la Presidencia de la República; Jan-Albert Hoosten, representante en México del Comitee to Protect Journalist (CPJ), y Luis Guillermo Hernández, director de la Sexta W y uno de los conductores del espacio que la red de Periodistas de a Pie tiene en Rompeviento TV.

 

Se vale interrumpir

Para Jan-Albert Hoosten, el debate acerca de cortar el mensaje de Trump forma parte de una vieja discusión. Si en Estados Unidos los medios ya concluyeron que este presidente miente todo el tiempo, ¿deben exponer esas mentiras cuando afectan de forma adversa al proceso electoral?

“Muchos medios y periodistas individualmente habían venido diciendo que no debería darse tanto canal a tanta mentira de Trump. Y tomaron la decisión de cortar la transmisión, precisamente, porque no querían otorgar más tiempo-aire a mentiras que, en su visión, podrían poner en peligro la integridad del sistema electoral.

“No es fácil decir si la acción de censura es indebida, porque es prerrogativa de cada medio, y parte de su responsabilidad social, impedir la exposición de mentiras peligrosas para la democracia. Es derecho de los medios cortar o no, y lo han hecho antes al decidir qué actores políticos aparecen en sus coberturas.

“Como también es su obligación dar apertura a todo tipo de información por parte de la presidencia, comprendo la molestia que genera entre los seguidores de Trump pensar que lo están censurando. Pero no es precisamente cierto porque, a final de cuentas, Trump tiene un podio enorme y mil formas de exponer al público lo que quiera decir.

“Entiendo la discusión, pero no creo que necesariamente sea censura sino, más bien, la decisión de no poner en peligro un proceso de integridad electoral por mentiras y acusaciones falsas de fraude, de las que aparte no hay evidencia.

“Es válido cortar el micrófono si un candidato está poniendo en duda la integridad de un proceso electoral, sin ninguna evidencia, con pura falsedad, incluso llamando a las personas a hacer cosas que posiblemente podrían interrumpir ese proceso.

“También era una opción delinear en vivo las falsedades que estaba diciendo el presidente. CNN, en ocasiones pasadas, durante un discurso de Donald Trump puso en el texto que corre abajo en la pantalla que lo dicho por el presidente era una falsedad, que no tenía evidencia.

“Posiblemente, a fin de no generar más controversia en un proceso electoral ya bastante calentado, esa hubiera sido la mejor decisión. Pero en este caso tengo mis dudas.

“No fue la mejor decisión acallar la voz de un candidato, pero al mismo tiempo es responsabilidad social de los medios proteger la integridad del proceso electoral. Y entendible después de cuatro años de polarización y mentiras”, resume Jan-Albert Hoosten.

 

Tribunal de la verdad

En la opinión de Luis Guillermo Hernández, “estamos estamos asistiendo a un momento verdaderamente crítico, sin precedentes, y no sólo por las implicaciones que tiene el que los medios ejercieran su prerrogativa a cortar el discurso de uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos al considerar, desde su particular e individual perspectiva, que estaba mintiendo”.

“Los medios no sólo ejercieron ese derecho y esa prerrogativa que efectivamente tienen, sino que también cancelaron la posibilidad de que sus audiencias tuvieran las dos versiones que, cualquier medio equilibrado, tendría que presentar respecto de una cuestión.

“Este fue un acto de censura abierto, flagrante y explícito por parte de las televisoras estadounidenses, no sólo porque impidieron que uno de los candidatos manifestara su posición respecto del proceso electoral, independientemente de que se trate del presidente del país, sino porque también se constituyeron en un poder fáctico dentro de la estructura del gobierno de los Estados Unidos cuando decidieron que, las cadenas, poseen el derecho a establecer qué es verdad y qué es mentira.

“Al hacerlo proclamaron al vencedor, sancionaron el proceso electoral y determinaron que Trump perdió. Y eso es gravísimo e inconstitucional porque violenta las garantías de los ciudadanos consagradas en la Constitución. Y sobre todo porque pone a los medios de comunicación en la delicadísima situación de responderle a la sociedad estadounidense, con base en qué fundamento definen lo que es verdad o es mentira. Es un punto controvertido que va a dar para muchos minutos de discusión”, adelanta Luis Guillermo Hernández.

Lesdesma coincide en que las televisoras debieron haber mantenido el discurso completo y, ya después, si tenían críticas u observaciones, hacerlas. De paso, reprocha que la censura sea tan común en los medios de Estados Unidos: esas mismas cadenas son las que han ocultado los genocidios en Palestina y Siria.

 

Los medios también juegan

Como exdirector de Regeneración, órgano oficial de Morena, el periodista Jesús Ramírez Cuevas observa que los medios de comunicación también juegan en una democracia:

“Son parte de la vida democrática de un país, participan en el ecosistema democrático. Y los medios en Estados Unidos tomaron una decisión política al no avalar un discurso que venía a romper la situación electoral.

“Eso se entiende y se puede discutir en términos políticos. Pero en este caso los ciudadanos estadounidenses tendrán que juzgar si los medios de comunicación que cerraron la señal para que Donald Trump no siguiera cuestionando los resultados electorales, estuvieron o no en lo correcto.

“Corresponde a la audiencia estadounidense definir si eso implica algún tipo de afectación a la vida democrática, a las libertades y, en concreto, a la libertad de expresión. O, por el contrario, si representa una decisión que abona a la defensa de la democracia, las instituciones y la estabilidad política del país.

“Es importante escuchar la voz del pueblo estadounidense. Aunque nosotros, como observadores, hagamos cálculos que permitan considerar el corte de señal como algo adecuado, justo y acorde a la legislación internacional.

“Pero ya no se puede soslayar que los medios forman parte del debate político y siempre han tomado partido, no sólo durante las campañas sino también en las elecciones. Eso puede ser válido en una vida democrática mientras sea abierto y de cara al público, pero ese tipo de acciones sí afectan finalmente a un determinado actor político”, sentencia Jesús Ramírez.

 

Equilibrio informativo

Amén que las televisoras se hayan tomado la atribución de cortar el mensaje presidencial, y que la justificaran con argumentos muy parecidos, a Ernesto Ledesma le llama la atención que lo hicieran en sincronía: cortaron al mismo tiempo, si acaso con segundos de diferencia.

No era un secreto el contenido del discurso, Trump lo había anticipado varios días antes de la elección. Fue la crónica de un anuncio anunciado. Prevían los medios un discurso así. Y el hecho que lo hayan cortado con sincronía y, además, que coincidan los razonamientos que hicieron cada uno de los medios para justificarlo, nos deja la amplia y enorme sospecha de que hubo un acuerdo entre las televisoras. Nos guste o no Donald Trump, este acuerdo vuelve muy delicado el asunto, señala Ledesma.

Luis Guillermo Hernández rescata de esta discusión “la evidencia de que los medios de comunicación son un poder político de facto. Quedó perfectamente claro el papel que cumplen, más allá de la información. Y la evidencia más palpable de esto no sólo es el posicionamiento que muchos de estos medios tuvieron durante la campaña presidencial en Estados Unidos, manifestándose abiertamente en favor de Biden como es su derecho por supuesto.

“Fue el caso de periódicos como The New York Times, The Washington Post e incluso el USA Today. Las televisoras también se manifestaron a favor de la candidatura demócrata, porque es su prerrogativa tomar partido. Pero el problema es que, ahora, se han arrogado la posesión de la verdad absoluta.

Es lo más grave de este asunto. Al asumirse como poseedores de la balanza que determina quién miente y quién habla con verdad, los medios se convierten en un poder superior al poder presidencial, al poder jurídico y al poder de la sociedad en su país.

“Y peor todavía: estamos ante una andanada golpista. En términos llanos y puros, los medios de comunicación de Estados Unidos definieron quién posee la verdad y, por tanto, quién debe gobernar ese país. Esa circunstancia es exactamente igual a lo que pasaba en una república bananera durante los años 70 y 80 en América Latina: un poder fáctico que no fue elegido por los ciudadanos, determina quién debe gobernar y quién no”, apunta Hernández.

 

No acallarás al prójimo

“El peligro que entrañan los medios de comunicación al erigirse –en conglomerado, en conjunto, en contubernio– en un poder, es dejar a la sociedad completamente desprotegida ante la embestida de empresarios que pueden manipular, inducir y conducir el pensamiento de la ciudadanía, sin que ésta tome parte en las decisiones”, sostiene Luis Guillermo Hernández.

“¿Qué instancia del gobierno o de la sociedad estadounidense saldrá a defender a los ciudadanos que quedaron a merced de lo que determinan las televisoras y demás medios de comunicación?

¿Y qué pasaría en México si algo así ocurriera, si los medios de comunicación se pusieran de acuerdo para elegir a un candidato? Ah, perdón, eso ya ocurrió hace seis años”, bromea el también conductor del espacio Radar en Rompeviento TV.

Como director de la Sexta W, Hernández reconoce tener simpatías por Andrés Manuel López Obrador y por el gobierno de la Cuarta Transformación, pero los medios de Estados Unidos no sólo tomaron partido, sino que rompieron sus márgenes éticos:

“Los periodistas tenemos el derecho humano a tener filiaciones ideológicas y a manifestar abiertamente nuestras posiciones políticas, sociales e individuales. Pero no tenemos derecho a que esa ideología trasgreda las reglas éticas que la profesión nos impone: equidad y pluralidad, es decir, mantener un equilibrio informativo y dar voz a todos los implicados en una noticia. Como director de un medio puedo tener simpatías por López Obrador, pero jamás callaría a uno de sus adversarios”.

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com.

Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios