El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

Del odio al amor

Después de hablar con Rossana Reguillo, directora de Signa Lab del ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara, sobre los horrores del internet, Sabina Berman quiere saber sobre los episodios de amor, cooperación y compasión que se pueden dar en las redes sociales en contraste con la violencia verbal cada vez más usual.

“Es el caso de Irene Escamilla, un episodio muy emocionante del cual no puedo hablar sin sentir el corazón en la garganta –dice la académica entrevistada–. Esta muchacha fue asesinada en la Ciudad de México por su pareja, de una manera brutal: la desolló y la descuartizó. Uno de esos crímenes que hacen historia y nos llevan a dudar de la humanidad.

“Casi por azar ese día estábamos todos los integrantes del equipo en el laboratorio, tercer piso del edificio de Comunicación del ITESO. Y una de las becarias notó cómo iba creciendo el morbo en la medida que corrían las noticias del feminicidio. La gente estaba buscando en Google las fotos del cuerpo roto de Irene y, en Twitter, #fotosIngrid iba ganando la conversación. Hasta que una usuaria maravillosa, como a la una de la tarde, dijo: ‘No queremos recordar a Ingrid así’. Y puso una ilustración preciosa de Ingrid que hizo en ese momento.

“Enseguida, miles de usuarios, casi todas mujeres, empezaron a subir fotografías de perritos, paisajes y dibujos de la cara de Ingrid. De tal manera que, entre una y dos de la tarde, las propias usuarias de internet habían apagado el horror. Y lo que prevaleció fue la solidaridad, la indignación y la recuperación de la integridad humana de Ingrid. Vimos entonces la belleza que puede haber en las redes.”

Esa imagen resulta el reflejo en el espejo del uso de las redes para el linchamiento, para acallar las opiniones, para crear opiniones falsas, subraya Berman. Y tal vez ahí haya un modelo para salvar a las redes. De hecho, durante la pandemia hubo un flujo subterráneo que cruzó esta polarizada discusión política en las redes con una corriente de empatía, ¿no es cierto?

“Ha sido bellísimo –confirma Reguillo–. Todavía no publicamos ese informe porque queremos sacarlo cuando ya todos los hilos estén bien cosidos. Detectamos cómo la gente hablaba de sus emociones durante la pandemia, y toda esta conversación la tenemos captada en español. Son millones de tweets, a nivel global pero en idioma español.

“La primera palabra que la gente usó para compartir sus sentimientos fue insomnio. Con #insomnio compartían sus angustias frente al hecho de no dormir y la solución que encontraron: música de Bach, por ejemplo.

“La siguiente expresión que apareció fue #pesadilla. La gente compartía en Twitter sus pesadillas, pero en un acompañamiento poderoso.

“Y luego apareció la palabra tristeza, con ese hashtag la gente se echaba porras. Detectamos palabras con unos grafos muy hermosos.

“La palabra con la que cerramos el estudio porque ya no podíamos almacenar más tweets, fue #miedo. La gente empezó a compartir sus miedos a perder el trabajo, a un familiar, un amigo.

“De este modo Twitter se fue convirtiendo en una red de articulación, de complicidades y de acompañamiento, que me hizo recuperar la fe en la humanidad.”

Observatorio de redes

¿Qué es Signa Lab?, ¿cómo nació este observatorio de las redes sociales?, pregunta la conductora de Canal Once en esta conversación De Largo Aliento que tuvo con Rossana Reguillo el 16 de julio de 2021.

“He sido profesora e investigadora en el ITESO desde hace 40 años, pero en 2011, estando como catedrática Andrés Bello en la Universidad de Nueva York, se dio la toma de Wall Street.

Una de mis líneas de investigación son los jóvenes, las culturas juveniles, pero cuando yo llegué a Zuccotti Park, en el circuito financiero de Mahattan, y vi a esos híbridos metidos, casi integrados con sus computadoras, movilizándose bajo la convocatoria de #OccupyWallStreet, comprendí que como antropóloga no tenía categorías para entender el fenómeno.

“Necesitaba aprender nuevas herramientas y empecé a estudiarlas en 2013, estableciendo contacto con especialistas y activistas a nivel global. Concretamente, los españoles nos ayudaron muchísimo. Armamos un equipo interdisciplinar, con ingenieros, psicólogos y especialistas en educación, comunicación y artes audiovisuales.

“En 2016 creamos el laboratorio que, al principio, funcionó con un millón de pesos como presupuesto, proporcionado por la oficina de Investigación y Posgrados del ITESO para arrancar. Luego empezamos a generar docencia, a colocar investigaciones a nivel internacional. Es un equipo de enorme talento y capacidad que continuamente está descubriendo cosas.”

Recurso periodístico

Para Sabina Berman, cada vez más los periodistas están recurriendo a Signa Lab para información y protección, sobre todo para entender qué pasa con las redes.

La dramaturga entró en contacto con Rossana Reguillo a través de la periodista y académica Gabriela Warkentin, cuando sufrió un ataque masivo de bots en donde lo menos malo que le deseaban a Sabina era la muerte. Y fue así como empezó a educarse digitalmente. Entre las cosas que aprendió es que nada es improvisado o espontáneo en las redes.

Sin embargo, la gran duda sigue siendo: ¿lo que sucede en la red, se queda en la red? ¿En qué medida esta violencia general de las redes se ha desbordado a nuestra conversación civil, a nuestra vida política y a nuestras aulas?, cuestiona Berman.

“Es una pregunta fundamental –concede Reguillo–. Uno de los grandes discursos para descalificar nuestras quejas o matizar lo que mostramos que pasa en la red, es que no hay imbricación o relación entre la red y la vida real. Pero la verdad es que la vida online y la vida offline están totalmente mezcladas. Ya no hay posibilidad de decir que lo que está pasando en la red se va a quedar ahí. Tenemos evidencias. Por ejemplo, lo que recientemente vivió otra vez Denisse Dresser.”

Con el título ¡Muérete chayotera!, la analista política cuenta en un texto publicado el 31 de mayo de 2021 en los muchos diarios del país que difunden su columna, que estaba en un supermercado en la Ciudad de México poniendo cosas en el carrito cuando un tipo enorme, con un cubre bocas negro, la reconoció y le empezó a gritar: ¡Muérete chayotera!, ¡muérete chayotera! La persiguió por toda la tienda hasta que ella, aterrada, salió corriendo para subirse a su auto, sin dejar de voltear atrás para ver si el tipo la alcanzaba, relata la entrevistada.

Este incidente habla del salto que la violencia verbal puede dar de la pantalla, de la realidad virtual, al mundo real, advierte por su parte Sabina Berman. ¡Y qué peligroso es! Ya tuvimos el caso de un presidente, Donald Trump, que prácticamente gobernó por Twitter, y tenemos cada vez más líderes que gobiernan como si tuitearan: atacando a una parte de la población, lanzando a unas gentes contra otras. Hay una confusión muy peligrosa entre lo virtual y lo real.

Civismo en la red

En ese sentido, ¿esto se va a poner peor?, ¿hay salvación para las redes sociales?, pregunta Berman.

“Es muy difícil dar una respuesta unívoca. Tiendo a ser optimista de closet y me gustaría pensar, con los datos que tengo a la mano, que todavía estamos a tiempo de recuperar las redes, que todavía es posible detenernos antes de cruzar el umbral de lo irrecuperable.

“Y veo posibilidades muy concretas que tienen que ver no sólo con la exigencia de las plataformas de mejorar sus sistemas de escucha para intervenir en casos de manera puntual, como lo hicieron al expulsar a Trump de la red.

“Una tiene que ver con nuestra propia capacidad como usuarios de las redes sociales, de contenernos antes del clic. Ese botón del enter nos mete en muchísimos problemas porque no reflexionamos antes de avalar el contenido de un artículo sólo por el título”.

O, por el contrario, se monta Sabina Berman en la idea, cuando lo rechazamos sólo por el título sin leerlo siquiera. La regla sería: lo que no publicarías con tu nombre en un periódico, no lo publiques en una red.

“Es correcto, hazte cargo de lo que estás compartiendo”, coincide Reguillo.

“Por otro lado, tenemos que recuperar la serenidad. Hay un nivel de exacerbación del enojo y eso no contribuye. Hay que respirar antes de entrar al espacio de las redes sociales. Y hay que hacerlo de dos formas:

“Primero con una intención de convivir, de intercambiar puntos de vista y de aprender. Pero, al mismo tiempo, con los controles y los filtros cognitivos bien encendidos. Debe uno ser capaz de discernir y, a diferencia de los fans, de no subirse al pleito como si estuvieras en el patio de la Secundaria, sino abstenerte, tratar de entender lo que está sucediendo, recuperar la capacidad de discusión.

“Por lo demás, debemos seguir aprendiendo ese lenguaje digital que ya nos habita. Estamos en ese nivel, esto no se va a acabar a menos que venga el gran apagón. La centralidad política, cultural y social de las redes digitales es hoy indudable.”

Para Berman, las redes se van a quedar y van a ser cada vez más importantes en nuestras vidas. Sin embargo, el tipo de emociones y el tipo de comunicaciones que estamos usando son muy primitivas. Lo más primitivo es el odio. Esperemos que las redes evolucionen para promover otro tipo de conversación, donde prive la cooperación y algo más luminoso que el odio.

“Esto es posible y, en buena medida, depende de nosotros. Es un tema de exigencia a las plataformas, pero también de civismo. En la primaria uno llevaba esa materia y ahora nos urgen lecciones de civismo digital. Los niños deben aprender a entrar a las redes con un comportamiento cívico y ciudadano.”

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

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