Opinión

COLUMNA: Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

Los temas del día:

Morena está en riesgo de ser un partido mayoritario, pero no necesariamente de izquierda; un partido que gane elecciones aritméticamente, pero cuyos gobiernos no supongan el triunfo de una ideología social sino del pragmatismo electoral.

En eso coincidieron Sabina Berman y Julio Astillero durante la conversación de Largo Aliento que sostuvieron en el programa que la dramaturga y novelista conduce en canal Once, el 29 de octubre de 2021 (https://www.youtube.com/watch?v=q6elzpM3aQc).

Y respecto a la importancia de hacer la crítica de la izquierda desde la izquierda, Sabina recuerda cuando Astillero hizo eclosionar a Clara Luz Flores con una entrevista en donde la candidata de Morena a la gubernatura de Nuevo León no supo explicar su relación con la secta de Keith Raniere. En esa misma línea, Julio Hernández López ha abierto muchos temas que a la izquierda llamada Morena no le convienen. En ese proceso, ¿ha perdido amigos?

“He perdido comunicación con amigos –reconoce el columnista de La Jornada y conductor de diversos espacios en internet–. Cada vez es más difícil tenerlos como invitados en mis programas periodísticos o que lleguen con el deseo de debatir y someterse a una discusión real.

“Qué curiosa es la conversión del poder. Quienes antes demandaban apertura y se manifestaban contra el cerco informativo, no quieren ahora debatir y, en algunos casos, repiten las prácticas de todos los que han llegado a un cargo: piden saber de antemano qué les vas a preguntar o si vas a tratar bien a su jefe.

“Nosotros, en Astillero Informa, por costumbre nunca decimos qué se va a tratar en la entrevista. Obvio, hay temas periodísticos del día y es lo que deben esperar.

“Paradójicamente, eso que pasa con la izquierda no se replica en la derecha. Está tan deshilvanada que sus representantes sí tienen necesidad de hablar.”

¿Quieren que les cuente un cuento?

Astillero y Sabina participaron en Debatitlán, las mesas de análisis que convocaba Brozo. Aunque ese personaje de Víctor Trujillo siempre ha sido un radical, desde que entró a LatinUs se radicalizó en su postura anti-AMLO. ¿Por qué no ha invitado Julio a Brozo a sus programas?, pregunta Berman.

“Por mi parte, no hay ninguna objeción. Pero es difícil invitar a Víctor o a Brozo ante lo complicado que resulta confrontar con un espejo ajeno la realidad de alguien.

“Respeto a Víctor Trujillo, es un hombre culto y educado, pero su adhesión al proyecto de LatinUs y su decisión de colocar su figura junto a la de Loret de Mola produjo de inmediato un juicio histórico y periodístico que no le es favorable.

“Brozo no necesitaba aliarse a LatinUs ni a Carlos Loret. Su crítica sigue siendo muy fuerte, muy ácida y muy bien hecha, pero esa asociación lo llevo a radicalizarse y a sostener un discurso que parece montado en la competencia de ver quién le pega más a López Obrador”, resume Astillero.

Para Sabina, Brozo y Loret ya pasaron la hipérbole hace rato, eso fue el primer año del sexenio. A estas alturas su discurso es demente y desquiciado. Han ido escalando sus acusaciones a quien ellos llaman el dictador.

Brozo tampoco ha invitado a Julio a su programa, siendo tan amigos, advierte Berman. Se conocen desde hace más de 15 años, sus hijos fueron compañeros en la escuela. Eso parece una buena fotografía de la polarización social y del debate cultural entre dos visiones de país que no son conciliables.

“Es muy pertinente el planteamiento –señala Astillero–. Estamos inmersos en una muy preocupante polarización del trabajo periodístico. Y eso nos lleva a no invitar al contrario porque la confrontación puede ser muy fuerte o, bien, porque no queremos que nuestros públicos nos vean invitando a alguien que tiene una opinión diversa.

“Las mesas de discusión o de análisis suelen estar cargadas a uno u otro lado, sin encontrar contraparte, cuando antes llegamos a tener discusiones en la radio como la de John Ackerman con Javier Lozano o aquella épica entre Sabina Berman y Francisco Martín Moreno.

“Antes se podía discutir y analizar. Hoy hay mucho enojo y polarización en los medios. Y se refleja en la confección de los programas.”

Clases de periodismo:

En la primera de una serie de entrevistas que Sabina Berman quiere tener con periodistas para hablar, a lo largo de la tercera temporada de su programa, de las diferentes formas de censura, con Julio Astillero aborda la censura a los que opinan distinto. Si alguien opina distinto, no vienes a mi programa; y no le doy voz a la opinión distinta. Llevamos así dos años, subraya Berman.

“En el último año se han envenenado las redes sociales particularmente, con comentarios como los que a diario escucho y donde todo mundo me quiere dar clases de periodismo: ¿por qué no dices esto?, ¿por qué no entrevistas a éste?

“Llegamos al extremo de que artículos de opinión publicados en mi página de internet, me los reprochan como si yo los hubiera escrito, aunque en todos se señala al autor.

“El reclamo es: ¿por qué le das espacio a los otros? Es una repetición de lo que nos sucedía a la gente con pensamiento de izquierda por parte de la derecha en el pasado reciente, pero ahora viene desde las dos facciones”, comenta Astillero.

John sin Sabina:

Berman recuerda que lo mismo le pasó con John Ackerman. Entre las muchas cosas que enfurecieron a su compañero de conducción y llevaron a la cancelación del programa John y Sabina, fue que ella quería entrevistar a Felipe Calderón y a Gilberto Lozano porque le parecía relevante e interesante conocer su opinión. Para Ackerman, eso era inadmisible.

Es lo que priva, coinciden ambos periodistas. Astillero ha invitado a Claudio X. González a sus programas, pero nunca ha aceptado. Y es claro que tampoco María Amparo Casar –una mujer muy lúcida y articulada, según Berman– iría a los programas de Julio porque es de izquierda y ella no asiste a los programas de quienes piensan distinto.

Volviendo a la entrevista con Clara Luz Flores que terminó en una interpelación por parte del reportero, Julio Astillero reconoce que ese tipo de entrevistas hacen que otros posibles entrevistados rehúsen ir a su programa, ya que temen pueda generarse una discusión que los afecte:

“Yo siempre escucho con toda la amabilidad y el mayor tiempo posible a quien va diciendo cosas que, desde el punto de vista periodístico, tienen secuencia lógica. Pero cuando alguien, como en el caso de Clara Luz, insiste en negar su relación con Nexivm, diciendo que para ella suena a una pastilla, eso me genera una ansiedad y me incita a preguntar: ¿por qué lo niega y, a pesar de las evidencias, quiere echarme un rollo?

“A Claudio X. González lo hemos invitado en varias ocasiones, pero nunca ha aceptado. Sin embargo, recientemente invité a gente de Vox y sí fueron, hicimos como tres entrevistas con algunos de esos personajes de ultraderecha. Buscamos a otros, que nos dijeron no. A Enrique Krauze lo he invitado muchas veces, tenemos comunicación por chat y siempre me dice que no es el momento.”

¿Qué cambiaría si Krauze o alguien más de ese grupo de intelectuales que han sido los postes de la cultura durante la época neoliberal, se abrieran y empezarán a dialogar con la gente que tenemos una simpatía por el socialismo?, plantea Berman. ¿Sería bueno para ellos y para la gente que somos de izquierda?

“Sí, pero casi todos los personajes están atrincherados en sus posiciones y no quieren exponerse, primero, a la terrible guerra de descalificaciones que se da en las redes sociales. Digas lo que digas, de un lado o de otro, se viene la batería en contra”, expone Astillero.

El neochayoterismo:

Berman pide hablar de esa censura del público que exige a sus referentes periodísticos estar a favor o en contra, pero no acepta posiciones intermedias.

Para Julio Astillero: “Ahí se establece lo que yo he llamado el neochayoterismo, el periodismo condicionado al clic, a la aprobación de tus seguidores, a que te paguen adecuadamente las plataformas YouTube o Facebook por el número de vistas que tienes”.

“Este nuevo estilo periodístico está pensado para decirle a las audiencias lo que quieren escuchar, sea verdad o sea mentira. Mucha gente se siente complacida al escuchar a alguien que dice lo que quiere oír, pero eso degrada la cultura política e impide que la gente tenga una noción clara de lo que está pasando e, incluso, que aprenda a escuchar.

“Uno tiene que escuchar a todos, hasta a quienes piensan lo contrario y particularmente a ellos porque, de esa manera, puedes complementar tu opinión. Sin embargo, hay una guerra desatada en las redes sociales. La gente, de un lado o de otro, no quiere escuchar más que lo que le conviene.

“Hay una presión muy fuerte. Yo diariamente enfrento esas presiones. Cuando fui al foro de la Universidad de Guadalajara [a rebatir la premisa de que el presidente de México inhibe la libertad de expresión] o, antes, cuando me presenté en la mañanera [a desmentir el desmentido que a su vez le habían hecho en la sección Quién es quién en las mentiras], llegué a la cumbre de la popularidad. Pero si al día siguiente hago una crítica al presidente López Obrador, paso al otro esquema y me llaman traidor, chayotero, mentiroso, vendido.”

El fiel de la balanza:

Es algo rupestre, sentencia Berman. Tenemos más libertad de expresión que nunca en este país, pero por otro lado esta expresión es muy simple: abres un periódico, lees el primer párrafo y sabes si la nota o el artículo es anti-López Obrador o pro-López Obrador. Ni siquiera es pro-izquierda o pro-derecha, es a favor o en contra del presidente. Así estamos educando a una generación de mexicanos, con esta simpleza aterradora que es el caldo de cultivo de los golpes de Estado o de las revoluciones.

Para Astillero, “la gente está siendo polarizada a un nivel tan rústico por los niveles de análisis que propician las redes sociales. Es ahí donde se establece la división entre enemigos y fraternos.”

Y hay un solo fiel de la balanza, observa Sabina: el presidente. Y eso es gravísimo. ¿Podría la verdad en el periodismo, en ese sentido, ser una medida de civilidad?

“Sí, pero la verdad, como todo, tiene diferentes matices. No hay una verdad periodística absoluta. A veces nos critican cuando reproducimos las declaraciones de alguien, diciendo que no son verdad. Pero es verdad periodística porque lo dijo un declarante que es una fuente acreditada. Tal vez no sea cierto, pero periodísticamente es lo que dijo y yo estoy facultado para reproducir la declaración que hace un actor social o político.

“Esa es la verdad periodística, muy diferente de la verdad política o la verdad. El gran problema que estamos viviendo es esta incapacidad generalizada para apreciar, advertir o fijar el concepto de verdad. Estamos en una confusión nacional, metidos en un discurso excesivo hacia un lado o hacia otro, con medios de comunicación que no están cumpliendo su función, con una falta de educación política y con una cultura cívica que está creciendo y subiendo, pero que no se está expresando adecuadamente.”

Si no, ¿para qué estamos?

El último tipo de censura que Sabina Berman quiere tocar con su invitado es la precariedad económica. Hasta en los medios comerciales hay mucha gente que ya no está cobrando. Reporteros que trabajan y no cobran o que cobran salarios por debajo del mínimo. Ella supo de un joven que cobra 350 pesos a la quincena por ocho horas de trabajo diarias en un periódico, porque está esperando que tarde o temprano le ofrezcan una plaza con salario completo.

Y esto cada vez es más grave en las redes. ¿Un periodista tan exitoso como Julio Astillero depende de los clics que le dan o tiene algún patrocinador, convenios con el gobierno de Morena? Y subraya Berman, ¿es que la izquierda no apoya a la prensa de izquierda?

“Dependemos de la monetización de plataformas que cada vez es más complicada, porque YouTube está poniendo más trabas: desmonetiza los programas o no notifica el inicio del programa, y eso dificulta que podamos disponer del legítimo dinero que comparte YouTube con los creadores de contenido.

“Ya por sí lo que nos dan es una porción ínfima, para que además ahora lo estén restringiendo. El gran problema de los creadores de contenido es que YouTube ya no paga como antes. Al contrario, está poniendo muchas trabas porque para ellos eso significa ahorros.

“Ni siquiera es una censura de corte político. Porque mientras YouTube está lleno de todo tipo de videos, incluso con escenas desagradables o temas delictivos, de narcocorridos y diversas apologías del crimen, programas periodísticos como el nuestro son desmonetizados por no apegarse a su criterio.

“En teoría, en YouTube no se puede hablar de terrorismo ni de bombas, masacres o violaciones, nada de violencia sexual. Pero en los hechos, el criterio es que no subas contenido que pueda molestar a los potenciales anunciantes. Por eso, de repente cuando estamos transmitiendo llega el aviso: Monetización limitada porque YouTube ha detectado que este contenido puede resultar inadecuado para el público.

“Ahí es donde a veces tienes que decidir: nos van a desmonetizar, pues ni modo, no vamos a callar estas cosas. Nuestro lema interno es: si no es para decir estas cosas, ¿para qué estamos?”, concluye Astillero.

 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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