Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

¿AMLO es comunista?

Uno de los líderes de opinión que más ha defendido la idea de que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador es comunista, es el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara. En un video memorable, recuerda Ernesto Ledesma, el prelado hizo señalamientos que no son un asunto menor porque el discurso de la Iglesia Católica permea a grandes sectores de la población.

El conductor de “Perspectivas” -el programa de Rompeviento TV que dedicó tres emisiones a analizar las diferencias entre los modelos económicos que podrían estar influyendo a la 4T (marxista, neoliberal o keynesiano)- charló el 14 de diciembre de 2021 (https://www.youtube.com/watch?v=v1e-ziS0OV0&t=960s) con Violeta Núñez, Roberto Escorcia y Aarón Arévalo respecto a la dimensión socialista de las políticas públicas aplicadas por López Obrador.

“Va a venir el comunismo o el socialismo, que es lo mismo -citó Ledesma la advertencia de Juan Sandoval-. La diferencia está en que el comunismo es más sangriento y violento que el socialismo, pero ambos son un régimen de Gobierno que tiene como primera característica el ateísmo”.

Según el prelado: “El comunismo nace de una doctrina materialista atea, formulada por Marx y Engels en el manifiesto de 1848. Para ellos no existe Dios, sólo la materia que, evolucionando, produce todas las cosas y determina todas las cosas también. Las obras de la cultura, de la ciencia, del arte y de la religión son productos de la evolución de la materia. De tal manera que, cambiando las condiciones materiales, se cambia de base a la sociedad”.

La segunda característica, explicó Sandoval, es que “como según eso se trata de quitar la injusticia social y remediar los bienes materiales que son la causa de todos los males y todas las desgracias, hay que emparejar a todos económicamente y, para ello, el Estado tiene que recoger los bienes: adueñarse de los bienes de la nación y de su economía, hacerse gestor de todo, concentrar la riqueza. Por eso, yo he dicho que el comunismo es la forma extrema del capitalismo”.

“En el fondo, los dos sistemas (capitalismo y comunismo) fueron creados por los mismos bribones, pillos que se esconden en lugares muy elevados. Son los que gobiernan al mundo desde hace dos o tres siglos, y lo quieren seguir gobernando. El comunismo es la forma extrema del capitalismo porque concentra capital en manos del Estado. En lugar de cobrar a muchos, el Estado recoge toda la riqueza de un país”, aseguró el cardenal.

Tercera característica: “Es una dictadura en la que el Estado no solamente controla el dinero sino también las ideas: la educación, la religión. Todo le pertenece al Estado, es dueño hasta de tus hijos”.

Y cuarta, “ha asumido el comunismo, si no es que la ha creado, una teoría contraria a la familia y a la vida: la llamada ideología de género, una aberración de las más grandes y absurdas que se puedan pensar, porque busca desbaratar la familia y la identidad de cada persona”, sentenció Sandoval Íñiguez.

Hace llorar a Dios

Ante eso, señala Ledesma, una pregunta recurrente con relación a lo que dijo el cardenal es si hablamos de lo mismo cuando nos referimos al marxismo, al comunismo o al socialismo. Es claro que Juan Sandoval sataniza el socialismo, al confundirlo con el comunismo y al asociarlo con el marxismo.

Para Aarón Arévalo, doctorante en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), hay que distinguir lo que se ha entendido por socialismo o comunismo. “Y esto viene de la definición del sistema capitalista”.

“El capitalismo se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción, y porque la riqueza creada en esta lógica de producción es mediada por el mercado. En el comunismo no existe la propiedad privada. Los medios de producción le pertenecen a la clase trabajadora en general, y la riqueza ya no es mediada por el mercado sino por la élite que maneja al Estado y comparte ideología o lucha con la clase trabajadora.

“Todos los movimientos que intentan una mejor distribución de la riqueza se sostienen sobre ciertas bases éticas, en las que destaca la preservación de la vida social. De hecho, el partido Morena y los ideales de AMLO comparten muchas de las ideas de Louis Althusser (filósofo marxista y militante del Partido Comunista francés) en cuanto a una distribución justa de la riqueza.

“Muchos de los movimientos sociales de América Latina comparten ese ideario de disminuir la concentración en pocos capitalistas, la desigual distribución de la riqueza. E inevitablemente son tachados de comunistas, por lo general con un sentido religioso. Se usa la religión para atajar los reclamos de justicia social, diciendo que estos movimientos van en contra de la familia y de Dios porque son materialistas y ateos. El mismo Juan Sandoval escribió una carta alertando contra el comunismo que viene a México, y curiosamente son esos mismos principios los que asume el Frente Nacional Anti-AMLO (Frenaa).

“En una crítica teórica más profunda, sí existe una gran diferencia entre el marxismo y los movimientos políticos que en él se inspiran, como el socialismo y el comunismo. Sandoval y Frenaa alegan que marxismo y comunismo son iguales, aunque no aclaran que lo son en su intento de mejorar la distribución de la riqueza.

“Para ellos que defienden la concentración de la riqueza en manos de los emprendedores y que la gestión de esa riqueza sea regulada por el mercado, no por el Estado, los movimientos marxistas y comunistas son peligrosos porque atentan contra la familia, ¡promoviendo la diversidad sexual! Este discurso homofóbico esconde la verdadera lucha contra la intención de transformar el sistema, modificando la distribución y la propiedad privada.

“Los ideólogos de la derecha sostienen que, en la distribución, a cada uno nos corresponde riqueza de acuerdo con nuestras capacidades y a nuestro esfuerzo. Por el contrario, un sistema distinto al capitalista pone en relieve temas como la pobreza y la gran desigualdad que existe en México y América Latina.

“Es necesaria una buena distribución de la riqueza, no podemos hacer caso omiso de este tipo de fenómenos sumamente preocupantes. Pero no basta una justa distribución para transformar o para transitar a otro modo de producción, llámese socialista o comunista.

“El capitalismo es también una ideología. No por nada Juan Sandoval alerta sobre los intentos por controlar no sólo la manera como nos comportamos sino también la manera de pensar. Porque eso es lo que hace el sistema capitalista: determina patrones de consumo y de comportamiento, es un modelo particular de ser exitoso”, desglosa Arévalo.

Explotación y corrupción

Coordinadora de La economía de la 4ª. Transformación (Juan Pablos Editor, 2021), el libro colectivo que aborda los elementos de la política económica de López Obrador que corresponden a las tres diferentes escuelas de pensamiento ya mencionadas, Violeta Núñez enfatiza el alejamiento que, desde el punto de vista teórico, existe entre la forma de concebir el proceso de acumulación de capital en el marxismo y en la 4T.

En la óptica de Andrés Manuel López Obrador, la concentración de la riqueza se hace desde la corrupción. En cambio, para los marxistas el régimen de acumulación capitalista se funda en la explotación del trabajador.

Se ha dicho que AMLO es un paladín de la lucha de clases, pero Escorcia y Arévalo, en el artículo a cuatro manos que agregaron al volumen, señalan que el discurso de la 4T hace alusión a los seres humanos, a los individuos, pero no a la clase.

Ya que prelados católicos, Frenaa, la Coparmex y otros sectores opositores de derecha, han expresado que estamos en medio de una confrontación de lucha de clases, ¿cuál es la visión de Escorcia en ese sentido?, pregunta Núñez Rodríguez.

Nosotros los pobres

Escorcia, doctor en Ciencias Económicas por la UAM, recuerda que AMLO dice que, “cuando él estudiaba, se enseñaba mucho marxismo y había categorías como la de clases sociales que eran fundamentales. Eso estaba bien a nivel de teoría, pero en la práctica son otras las circunstancias que explican la vida en sociedad”.

“El presidente ha criticado a la clase media por ser poco amigable y solidaria. Muchos se confunden cuando AMLO usa el concepto de clases sociales en sus discursos, pero él lo usa en términos de un diferencial de ingresos, en el tipo de consumo o de las preferencias de cada persona.

“Es una discusión sociológica profunda. Para autores como Pierre Bourdieu, la clase social ya no se define por el rol que tiene el sujeto en la creación de valor y capital, sino por la marca de auto o el tipo de zapatos que usa. Desdibuja la teoría fundamental de la clase social, definida por el rol funcional que se tiene para la creación y la apropiación del excedente.

“Desvincular del excedente la idea de clase social, les permite decir que cada uno tiene más o menos lo que merece. En ese sentido, AMLO propone que cada uno tenga lo que ha producido, que la ganancia sea justa. Con esos argumentos a favor de que la gente gane lo correcto y no se abuse de patrones de corrupción, pareciera explicar la distribución del excedente y presenta las diferencias sociales como resultado del esfuerzo propio. Sin embargo, de esa manera borramos la historicidad del proceso capitalista en el que nos encontramos.”

AMLO habla de la bondad humana, del ser humano genérico y de construir una hermandad con base en los valores éticos. Pero no puede ignorar las lógicas capitalistas. Marx no pinta de rosa a ninguno de los dos miembros de la lucha de clases: ni a las personas que trabajan ni a los capitalistas. No llamó a matar a los enemigos de clase. Pero sí habló de que el proceso en el que estamos inscritos históricamente nos coloca en un rol funcional.

La clase social tiene que plantearse como un enfrentamiento a partir de la creación del excedente y de la apropiación de éste. La verdadera lucha de clases se resuelve transformando la lógica respecto a cómo se crea el excedente y cómo se reparte. No basta con reconocer hábitos culturales para atribuir la pertenencia de alguien a una clase social. La discusión tiene que buscar el fundamento que explica todo el proceso, subraya Escorcia.

Ustedes los fifís

“¿El sistema capitalista es siempre un proceso de lucha de clases?”, sí. ¿Lo está favoreciendo el presidente al grado de volverse partícipe de una transformación radical en el sistema?, yo digo que no. Entonces, ¿plantea o no el presidente López Obrador la lucha de clases?”, se pregunta Roberto Escorcia.

Para el académico, “cuando el presidente alude a los fifís siempre se ubica abajo. En esos términos sostiene su batalla política. ¿Y cómo se traduce o cómo se define un gobierno que, a diferencia de otros, asignó nada más en 2019 un presupuesto de cien mil millones de inversión a programas sociales?, lo que en tres años suman 1.5 billones de pesos”.

“Esos adjetivos que después se fueron sustantivando (ya la gente es pobre o rica, fifí o peje zombi, amlohater o amlover, antes que persona) no permiten hablar de clases sociales, subraya el economista. Un fifí no es ya la definición de una clase social en sí misma, pero el problema es que los adjetivos nos borran del mapa.

“La discusión profunda entre la clase trabajadora y la clase capitalista es el fundamento de Marx. Estos grupos opuestos se definen por la función que tienen en la creación y la apropiación del excedente, pero hay un riesgo paralelo: el enfrentamiento daña la articulación de los movimientos libertarios. El frente homosexual y la causa feminista son movimientos por separado, rotos, sin los puentes necesarios. Es el problema de hablar de clases sociales a la ligera.

“En cuanto al programa económico del presidente, López Obrador ha dicho y lo sigue diciendo: ‘Primero los pobres’. No hay un principio de lucha de clases, porque no piensa transformar radicalmente el fundamento sino la distribución. Y ahí está la valía del programa de AMLO: permite vivir dentro de la lógica capitalista a quienes ya no encuentran la posibilidad de reproducir sus vidas dentro de la lógica común de vender su capacidad de trabajo y recibir un salario por ello. Para muchas de esas personas, los programas que tiene el presidente son fabulosos pues les permiten la supervivencia.

“En México tenemos un modelo fundamental de moderado capitalismo de Estado, donde la redistribución es fundamental porque permite la sobrevivencia de muchísimas personas. No podemos imaginar cómo sobrevivir si no hay empleo, en un país con más de la mitad de la población en pobreza. Este moderado capitalismo de Estado no sólo redistribuye, sino que también quita la idea de que el mercado es autosuficiente.”

Por cierto, la expresión de Escorcia le hace recordar a Violeta Núñez ese capitalismo de Estado como se ha definido a China, país al que también se le considera un comunismo neoliberal.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Print Friendly, PDF & Email
Mira también
Cerrar
Botón volver arriba