Opinión

COLUMNA: Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

Exceso de muerte

Armando Bartra vino al Estado de Colima a desarrollar dos tipos de actividades: participar en el IV Foro para la Construcción de la Ley Estatal de Fomento Agroecológico en la comunidad de Agua Dulce, y presentar tanto en Manzanillo como en Villa de Álvarez, el más reciente de sus más de 40 libros: Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la Covid-19 (Fondo de Cultura Económica, 2022).

En el marco de la Feria del Libro de Manzanillo que organizaron el ayuntamiento porteño y la editorial FCE, en la Casa de la Cultura de VdeA, el breviario fue presentado el sábado 21 de mayo por Vladimir Parra (director general de la Comisión Intermunicipal de Agua Potable de la zona conurbada capitalina), en programa doble con el libro de Pedro Salmerón Sanginés, La batalla por Tenochtitlan (FCE, 2021), que ya va en su tercera reimpresión dentro de la colección popular del Fondo.

Por cierto, esta obra con la que el ex director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) rompió la temática en la que se había especializado como historiador, fue presentada por Arnoldo Vizcaíno Rodríguez, presidente de Productores Unidos por Colima.

Aunque a Bartra el encuentro con los campesinos le pareció “más importante, incluso, que las ferias del libro”, las reflexiones que hizo sobre la enfermedad, la muerte y en general la fragilidad humana, bien valen el esfuerzo de recoger sus palabras.

¡Quédate en casa!

“Este es un libro del claustro, lo escribí cuando no podía salir de mi casa –empieza por decir el autor–. Durante buena parte de 2020 y 2021 me la pasé encerrado. En realidad, fue un privilegio. Aquellos que teníamos un ingreso seguro, que como en mi caso podíamos hacer trabajo a distancia a través de un medio electrónico, en fin, todos los que pudimos quedarnos en casa fuimos privilegiados. La mayor parte de los seres humanos tuvieron que salir a la calle a contraer el virus si es que se arriesgaban, y quizá enfermar y morir.

“El ‘quédate en casa’ fue un llamado que pudimos recoger sólo algunos. La enorme mayoría de los mexicanos, no. Los campesinos, evidentemente no. Nadie que tiene una huerta, una milpa o animales que cuidar pudo quedarse en casa.

“Tampoco la gente que vive al día en las ciudades, sean medianas o grandes. La señora que vende tamales, el plomero que hace talacha, el padre de familia que como pudo arregló el automóvil para llevar algún dinero a casa, la madre que además de hijos tiene una tiendita, todos ellos tuvieron que salir a la calle con el riesgo de contraer el virus.”

El año de la peste

Filósofo de formación, investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Bartra retrata el Covid como una crisis ambiental, resumió Vladimir Parra al hablar del libro.

En una situación de vida o muerte, el Covid nos demostró que estamos ante la última oportunidad de salvar la relación entre la naturaleza y la sociedad.

Sin duda, la crisis económica causada por el fracaso del neoliberalismo hizo más dura la crisis sanitaria generada por la pandemia. Pero fueron muchos y variados los factores que hicieron más rápida la difusión del virus y, a la vez, dificultaron la contención del Covid. El coronavirus vino a acentuar la gran crisis de pobreza, salud y agua potable en nuestro planeta.

La pandemia rebasó los sistemas de salud en todos los países del mundo, cualquiera que sea su modelo de atención. En aquellos donde el esquema era privado, también colapsó el sistema y hubo necesidad de cambiar del lucro a un modelo de salud pública.

Fue, por lo demás, una epidemia anunciada. En 2001, los tiempos turbulentos del H1N1 anunciaron el peligro de nuevas pandemias. Las cuales son un fenómeno cíclico: en Atenas, hace 2,500 años, hubo una peste y la grandeza de la ciudad fue la causa de la catástrofe; otras ciudades-estado menos pobladas de Grecia no sufrieron tanto, refirió Vladimir.

El libro también habla del sida y de la crisis de discriminación que provocó esa enfermedad inesperada. Y con una lectura de Albert Camus, Bartra nos habla de la dimensión ética de las pestes, comentó Parra finalmente.

La muerte que ronda

“Muchos de los que nos quedamos encerrados, nos protegimos del Covid pero no de la muerte –sentencia Armando Bartra–. Esta llegaba por todos lados y todos los días, como información directa o a través de la pequeña pantalla. De viva voz o por internet, nos enteramos que murieron o enfermaron familiares, amigos o conocidos.

“Tal es el exceso de muerte: la mayoría de los que estamos aquí presentes tuvimos que vivir la muerte de alguna persona cercana. Y uno tiene que reflexionar sobre cómo la enfermedad nos obliga a profundizar en las preocupaciones sociales y en las inquietudes políticas que ya tenemos, en los juicios que nos hemos hecho acerca del sistema económico desigual o del polarizado orden social, incluso en nuestra opinión sobre el neoliberalismo o la corrupción.

“Este virus, en realidad casi todas las enfermedades, sobre todo las infecciosas, son claramente injustas:

“El virus no piensa, no hace planes ni tiene intereses, no pretende ser justo o injusto, es simplemente un ente semivivo, biológico, un microorganismo. Y la enfermedad como tal es un problema metabólico que, en todo caso, tiene que ver con el ecosistema en el que nos movemos.

“Sin embargo, el efecto de la enfermedad, el modo en que se transmite y que nos golpea, sí deja una impresión profunda de injusticia. De eso habla en parte el texto, si bien otras cosas que quisiera tener presentes en esta charla no salen en el libro”, señala el autor.

Primero los pobres

Bartra piensa en las muchas maneras en que se expresó la injusticia de esta enfermedad:

“Una manera fue golpeando principalmente a los pobres de las ciudades, no tanto a la gente pobre del campo. Es verdad que también se sufrió en el campo, especialmente porque no hay clínicas ni médicos, eso incrementa el sufrimiento. Pero aunque en las ciudades hay más condiciones hospitalarias, el riesgo es mayor porque vivimos hacinados: en la Ciudad de México se concentran 22 millones de personas. Ahí el golpe fue más fuerte porque enfermó mucha de esa gente que vive al día y no podía dejar de trabajar.

“Un segundo sector terriblemente golpeado son las mujeres. Aunque tengan un empleo o una profesión, las mujeres tienen que atender los problemas de casa: asumir las tareas domésticas y, si tienen hijos, atenderlos, alimentarlos, vestirlos, asearlos.

“Con la pandemia, tuvieron que ser doblemente maestras de sus hijos, sobre todo de los pequeños. La educación a distancia de niños de primaria requiere mucho oxígeno. La madre tiene que ser la maestra de ese niño, no sólo ayudar con la tarea sino estar constantemente sobre ellos para evitar que se distraigan. Los niños se desesperan al estar encerrados.

“La pandemia fue más difícil todavía para quienes tuvieron enfermos en casa. Aquellos que no pudieron ir a un hospital o al médico, ya fuera porque no había atención o porque la medicina estaba dedicada fundamentalmente a combatir el covid, ya fuera porque tenían miedo de ir a las clínicas o al consultorio y contagiarse o, simplemente, porque no podían pagar las medicinas necesarias, terminaron siendo atendidos por las mujeres de su familia. Además de amas de casa y maestras, las mujeres fueron enfermeras.

“Y si el jefe de familia, el proveedor habitual, el que llevaba el dinero para el gasto, perdió el empleo, no pudo trabajar y no logró que lo contrataran, lo más seguro es que al llegar a casa sin dinero y no poder cumplir su función de proveedor, en lugar de llorar en el hombro de su esposa se desquitó con ella. Si ya de por sí muchas mujeres sufren violencia doméstica, durante la pandemia esa violencia se incrementó brutalmente.

“Y, encima de todo, si tenían un empleo muchas de esas mujeres lo perdieron, porque no se puede ser todo en la vida: ama de casa, maestra, enfermera, esposa sufrida y empleada.

“Las mujeres hoy, después de la covid, están en una situación mucho peor de como estaban antes. Esta injusticia es inadmisible: no puede ser que una enfermedad deteriore la condición de un género y de la especie humana. Las mujeres en el mundo están hoy mucho peor de lo que ya estaban hace tres años, cuando ya estaban mal.”

Deserción digital

“Podríamos decir que también afectó a los niños y a los jóvenes: se perdió un año de aprendizaje. Hubo escuela a distancia por fortuna, pero el aprendizaje no fue igual”, considera Bartra.

“Sobre todo adolescentes, muchos desertaron. Abandonaron la secundaria o la preparatoria porque no podían estudiar, ya que no tenían los medios electrónicos para hacerlo. En Agua Dulce, simplemente no hay conexión.

“La brecha que separa a los ricos y a los pobres es también tecnológica y se profundizó terriblemente: ricos son además quienes tienen posibilidad de estudiar, los pobres no”.

“Esta fue una enfermedad injusta. Y la injusticia que nos reveló, aunque ya venía desde antes, tiene que ser remediada. No basta con decir que así es el mundo, porque si viene otra pandemia se va a poner peor: para las mujeres, para los jóvenes, para todos…

“La dimensión material de lo que nos golpeó la pandemia, se refleja en los retrocesos en la economía o en la crisis de los sistemas productivos. Pero hay otra dimensión, la espiritual, de la cual hablará Armando Bartra en la siguiente entrega de esta columna.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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