Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

Subjetivos y equilibrados

“El proceso de industrialización del internet ha hecho que se necesite una mayor producción de contenidos para generar una más elevada rentabilidad”, dice Manuel Hernández Borbolla, invitado junto con Octavio Ortega a “Debatiendo con Carlos Castellanos” en La Octava.

Para el reportero de RT en Español, en la lógica del negocio estamos en una paradoja respecto a cómo se deben de financiar los medios de comunicación y el trabajo de los periodistas:

“Si te financias del Gobierno, te van a decir que eres un chayotero; si te financias con publicidad de la iniciativa privada, te van a decir que estás controlado por los grandes grupos empresariales”. El problema es que las audiencias tampoco están dispuestas a sostener a los medios, no hemos encontrado un esquema de donaciones que permita cubrir el costo de los medios de comunicación.

“Es un terreno difícil porque no hay un modelo de negocio que permita el financiamiento de los medios de comunicación y, al mismo tiempo, que garantice esa objetividad de la que tanto se ha hablado. Por cierto, hablar a estas alturas de objetividad e imparcialidad de los medios de comunicación es ocioso. Es un tema completamente rebasado pero que todavía permea en algunos espacios.

“Lo que los medios deben procurar es una visión lo más equilibrada posible y sin caer en el fanatismo. Hay que exigirle a los medios de comunicación que, si van a defender una postura, también escuchen a la contraparte. Si no, acabas en un diálogo de sordos”, sostiene el ganador del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2014, otorgado por la Embajada de Alemania en México, por su reportaje de investigación “El millonario negocio privado de la importación de gasolina en Pemex”.

El nuevoAalarma!

Sin pretender minimizar la situación de inseguridad en el país, vale señalar que en la actualidad tanto los programas de noticias como muchas cuentas en redes sociales parecen una versión moderna del Alarma!, dice Castellanos como anfitrión en el programa del 8 de septiembre de 2022.

Los medios escurren sangre por la cantidad de información sobre secuestros, enfrentamientos, ejecuciones, feminicidios, violaciones, asaltos, etcétera, que uno encuentra en estas publicaciones. Generan, así, una primera percepción que apunta a que la inseguridad está fuera de control. Lo que nos lleva a contrastar esta situación con lo que ocurrió en marzo de 2011 en el cierre del Gobierno de Felipe Calderón, cuando ante la ola de violencia levantada por el narcotráfico y, en muchas ocasiones, en contra de medios de comunicación, se firmó el decálogo “Para la cobertura de la violencia”.

En pocas palabras, fue un pacto de no más sangre en las portadas donde, con gráficos y consignas, se dijo que el objetivo no era hacer una apología de la violencia, pero sí trataba de minimizar los hechos. En algunos casos, los medios dijeron de plano que no iban a abordar hechos de violencia, lo que de alguna u otra manera alteró la percepción de la ciudadanía y supuso un apoyo al gobierno en turno al exaltar la imagen de paz en el país.

En el sexenio del presidente López Obrador vemos un escenario completamente diferente. No sólo no hay un pacto de no más sangre, sino que, como lo ha denunciado Andrés Manuel desde la palestra de Palacio Nacional, pareciera que los medios de comunicación tienen un mensaje en contra de esta administración.

“Por eso, hay que hacer estos dos planteamientos: ¿Esos pactos de no más sangre, en su momento abonaron algo en beneficio de la administración? Si es así, como ya vimos con Calderón, ¿por qué no hay ahora un pacto similar que comprometa a la mayoría de los medios a no destacar los problemas de seguridad?”, pregunta Carlos Castellanos.

Pacto de caballeros

Para Octavio Ortega, jefe de información política y editor de opinión en Grupo Expansión, el pacto de no más sangre sirvió a los intereses de la administración calderonista, aunque esta conversación venía desde la exponenciación de la violencia que se dio con Vicente Fox.

“El pacto funcionó y benefició en cierto modo a la administración que lo promovió, pero definitivamente también sirvió a los periodistas. Y lo pongo en contexto con dos hechos importantes. El más relevante es que en ese momento crecía la agresión a los periodistas. No a los periodistas que estamos en la seguridad de un gran medio y tenemos la suerte de trabajar en un estudio o en una redacción de la Ciudad de México, sino a los periodistas que son corresponsales de estos medios capitalinos en los estados o reporteros de medios de provincia, quienes muchas veces trabajan como freelancers. Ellos viven amenazados por un presidente municipal, amenazados por el cartel dominante o por la organización criminal que le disputa el control de la plaza.

“En ese momento, el pacto de no más sangre funcionó para establecer ciertos protocolos de seguridad y para que, los mismos trabajadores de los medios, cobráramos conciencia del peligro real que estaban corriendo los periodistas. Recuerdo que, en las redacciones, los editores que revisábamos las notas de corresponsales optamos por dejar de firmar con su nombre esas informaciones, precisamente para protegerlos.

“Además de crear conciencia a nivel nacional de los riesgos que tenían los periodistas, este pacto también sirvió para que los medios dejaran de ser la caja de resonancia de los mensajes del propio narcotráfico: las famosas narcomantas y las fotografías de restos humanos.

“Hasta ese momento, los medios estábamos en una competencia por ganar la noticia y obtener la nota de alto impacto. Con ello, la nota roja se convirtió en una publicidad para los narcotraficantes. Los medios nos habíamos convertido, sin desearlo, en los voceros de los narcos. No era ese el objetivo, pero así resultó porque los medios querían informar oportunamente.

“Hoy en día el modelo es diferente. Hay más conciencia y, sin embargo, la percepción de inseguridad se acentúa porque la violencia tampoco ha tenido una reducción histórica, aunque el mensaje oficial presuma de ello”, dice el tuitero conocido como @ElTioPolítico.

Agendas privadas

Manuel Hernández Borbolla difiere de este planteamiento. “Ese tipo de acciones tiene una marcada incidencia política. Tratan de posicionar la agenda de intereses de los grandes medios de comunicación”. No es casual que, por ejemplo, en Televisa los programas de parodia política aparezcan justo en los últimos años del sexenio, para golpear a López Obrador al calor de las elecciones presidenciales.

“El privilegio de mandar” surgió en 2005 en medio de la campaña a favor del desafuero del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, y ayudó a instrumentalizar el fraude de 2006. El concepto pasó de noche durante todo el sexenio de Calderón (que no era tan resistente a la burla como lo fue Fox), y volvió al aire cuando empezaron a calentarse las cosas rumbo a los comicios de 2012. Previo a las votaciones de 2018, revivieron el formato. Y acaba de reaparecer la sátira política en las plataformas de internet ligadas al consorcio televisivo, dice el corresponsal de Russia Today.

“Lo mismo ha sucedido con los medios noticiosos. Hace unos días comentaba Jesús Ramírez Cuevas cómo, la prisión preventiva oficiosa, no fue tema cuando se impulsó la medida durante el sexenio calderonista, pero ahora se ha exacerbado en algunos espacios de la prensa. Para el vocero de la Presidencia de la República, el debate no es tanto una cuestión de derechos humanos como una batalla política entre simpatizantes y opositores al Gobierno de López Obrador.

“Muchos de los temas que se disfrazan como un asunto de interés público, realmente obedecen a agendas políticas. Eso pasa con la militarización que requiere de muchos matices y tiene suficientes atenuantes. Sin embargo, la discusión seria de este tema pasa de largo precisamente al tratar de construir ciertas narrativas.

“Lo vimos también, de manera muy clara, con los ataques de grupos criminales a la población civil y a algunos establecimientos en los estados de Jalisco, Baja California y Guanajuato o en Ciudad Juárez, Chihuahua. Se construyó en los medios de comunicación toda una narrativa en torno a esos sucesos que, no necesariamente, estaba apegada de manera contundente a los hechos.

“Muchas veces, sobre todo un sector de los columnistas, trata de ir construyendo narrativas a partir de sucesos que no necesariamente tienen que ver con el interés público sino con agendas privadas o, incluso, con agendas de gobierno”, resume Hernández Borbolla.

Una gama de grises

“Definitivamente”, coincide Octavio Ortega, a quien le llaman la atención dos temas: la Guardia Nacional y la prisión preventiva oficiosa.

“Ciertamente, los medios están volcados al asunto porque es sumamente importante hablar de la prisión preventiva oficiosa. En las cárceles de México hay 226 mil personas recluidas y, en cerca de 92 mil -como lo dijo el subsecretario de Seguridad, Ricardo Mejía Berdeja, en una mañanera-, existe el riesgo de que queden en libertad si se deroga el mecanismo. Es decir, aproximadamente el 42 por ciento de las personas en prisión en todo el país lo están bajo ese modelo.”

Para explicar los niveles de inseguridad en un estado como Zacatecas gobernado por Morena, o en Guanajuato donde gobierna el PAN, es relevante la impunidad. Pero es engañoso pensar que se está impartiendo justicia cuando tienes a 92 mil reclusos sin sentencia. Cuando vemos que muchos de quienes están en prisión preventiva oficiosa son personas de escasos recursos, no queda duda que el mecanismo se está aplicando en exceso. Que a un señor que robó algo y que, sólo porque iba a compañado de su hijo y no tiene dinero para contratar a un abogado que lo defienda, lo acusan de delincuencia organizada, hace que suba la estadística de detenciones, pero no significa que se estén castigando los delitos.

No es sólo parte de la agenda mediática, “es una conversación” al interior del propio Gobierno. El subsecretario de Seguridad y el vocero de la Presidencia lo pusieron sobre la mesa en la conferencia mañanera. Por eso, aun si la crítica respecto a cómo lo está aplicando el actual gobierno viene de los grandes medios, de todas maneras, el tema es válido.

“Definitivamente, es tema. Pero hay que abordarlo desde una perspectiva amplia de lo que sucede en la realidad. E igualmente hay que abordar lo de la Guardia Nacional”, comenta Ortega.

Se habla de cómo las redes sociales actúan como caja de resonancia de ciertos mensajes que responden a una agenda política, pero también es cierto que hay temas en la república del Twitter de auténtico interés público.

Por ejemplo, frente a la iniciativa de ley para incrustar a la Guardia Nacional en la Secretaría de la Defensa Nacional y no en la Secretaría de Seguridad, había antes del arranque de este gobierno una corriente de izquierda que criticaba la militarización creciente del país. “En términos estrictos, militarización es dar tareas del ámbito civil a los militares, y poco a poco se ha ido tendiendo a eso en la 4T. Sin embargo, no vivimos en un régimen militar, también hay que decirlo”. Mienten quienes afirman que avanzamos hacia una militarización del Gobierno. “A eso me refiero con la necesidad de usar matices, una gama de grises”, concluye Octavio Ortega.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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