Opinión

COLUMNA. Ojo de Mar

Por Adalberto Carvajal

Trabajo ingrato:

El crítico es un personaje de la vida literaria cuya labor principal se desarrolla en un terreno muy delicado, la vanidad. Por eso los críticos somos tan mal queridos, excepto por los escritores a los que alabamos; ellos sí nos quieren mucho, dijo Christopher Domínguez Michael.

Durante la conferencia que impartió el jueves 26 de mayo de 2022 en la Facultad de Letras y Comunicación (Falcom) de la Universidad de Colima, en el marco de la XXIV Jornada del Libro Universitario, Altexto 2022, y como parte de las actividades de extensión de El Colegio Nacional, el autor de reseñas, ensayos, biografías, diccionarios de autores, libros de historia de la literatura y de entrevistas a escritores, incluso de una novela breve, señaló:

“El trabajo del crítico literario, no sólo en la órbita artística sino también de la creación literaria, opera sobre el punto más sensible de todos nosotros y, por ende, está obligado a herir la vanidad.

“No hay nada más horrible que decirle a un joven escritor (quien a sus 20 años se siente Lord Byron, García Márquez, Homero, Baudelaire o Juan Rulfo) cuando lleva sus cuartillas o envía su colaboración a una revista literaria: ‘por ahí no, regrésate’; o, peor aún, ‘dedícate a otra cosa’.

“Esa labor vuelve al crítico una suerte de criminal, alguien que se atreve a tocar la vanidad de un joven. Pero lo mismo pasa con los viejos, es conocida la anécdota de Gabriel García Márquez cuando un periodista le preguntó: ‘En Estocolmo, en el momento que le están dando el Nobel de Literatura de 1982, ¿qué estaba pensando?’ Y él contestó: ‘En el hijo de puta que publicó una reseña en mi contra cuando yo tenía 17 años’. Es decir, ni la más alta gloria hace que un escritor olvide la herida que sufrió. Y no hay bálsamo que la cure.

“Una parte del trabajo de los críticos literarios es esa, la más miserable. Pero hay otra parte muy grata: la pedagogía que ejerce el crítico literario y que no es necesariamente (como se dice ahora) presencial, sino a través de la lectura.

“Ya no tanto gracias a las redes sociales como Facebook o Twitter, pero hasta hace poco tiempo yo podía pasar meses o años sin enterarme qué pensó la gente de tal o cual artículo, sobre todo si el texto no se trataba de algún vecino o conocido. Ahora, por internet uno medio se entera del efecto que tiene tu trabajo, por lo menos entre tus amigos y algunos enemigos contumaces.

“La crítica literaria, en ese sentido, es como mandar botellas al mar. Puede que uno nunca se entere del efecto que va a tener una crítica entre el público, pero uno la escribe porque, como decía el poeta español Leopoldo Alas Clarín, tienes el apostolado. La crítica es un apostolado, una vida entera dedicada a batallar con un tipo de literatura.”

Animal político

“Por todo esto, el crítico literario suele ser un animal político, entendido el término en el sentido más amplio de la palabra política, es decir, como la conversación en la ciudad, las decisiones que toman los hombres.

“Y es que la esencia de la obra artística es compleja. No es verdad, o no lo es totalmente, que pueda haber obras artísticas desvinculadas del mundo real. Desde luego, hay escritores que intentan aislarse del mundo, encapsularse, y producen obras magistrales. Pero tampoco es cierto lo contrario: que la obra artística sea reflejo un tanto servil de la realidad. La obra artística, entonces, tiene una doble condición:

“Por un lado, produce nos guste o no una lectura moral. Moral en el sentido filosófico de la palabra, es decir, ético. La obra artística está relacionada con el bien y el mal que hacemos los hombres y las mujeres. Por más puristas que seamos, por más formalistas que queramos ser, la crítica literaria siempre acaba por descubrir un sentido moral en las obras.

“Por otro lado, ese sentido moral no puede obnubilar u oscurecer la naturaleza formal de la obra de arte. La libertad de la obra de arte está más allá de las morales convencionales.

“Esa doble naturaleza de la crítica literaria obedece a la compleja naturaleza de la obra de arte, y a la compleja naturaleza del sujeto literario. Debo decir que para mí no hay objeto literario, como yo me muevo en el mundo de la subjetividad no puedo hablar de objetos literarios como pretendieron hacerlo ciertas escuelas formalistas o ultraformalistas. Es un sinsentido.

“Más importante es entender que la crítica literaria, a diferencia de la crítica de danza, de cine o de artes plásticas, es la única que se expresa con el mismo medio que critica. Si yo quiero criticar una novela, lo tengo que hacer mediante la escritura. Rara vez, aunque hay unos casos extrañísimos, alguien escribe una novela para opinar sobre una novela. Generalmente, el crítico escribe una reseña o un ensayo para opinar sobre una novela o un conjunto de novelas.

“En cambio, el crítico de danza no critica danzando, un crítico de pintura no hace su crítica pintando ni un crítico de cine opina sobre un filme rodando otra película. Esta condición única de la crítica literaria, la convierte por un lado en una rama conflictuada de la literatura, pero, por otro, la vuelve una forma de expresión única en relación al resto del universo crítico.”

La mejor literatura

Finalmente, Christopher Domínguez dijo “algunas palabras sobre la crítica en el mundo de la lengua española”.

“Para empezar, las literaturas nacionales que fueron construidas en el Siglo XIX se han ido extinguiendo o fueron perdiendo su importancia. Eso no quiere decir que los escritores colombianos dejen de ser colombianos, los mexicanos dejen de ser mexicanos o que los estadounidenses de lengua española dejen de ser estadounidenses. Pero es verdad que avanza la llamada globalización.

“No es la primera dentro de la historia de la literatura, por cierto, sino la tercera o cuarta globalización. Y aunque parece que ya está acabando, sí ha hecho que el alimento espiritual de los escritores, sobre todo de los jóvenes, sea el mismo para quienes viven en Asunción de Paraguay que en Montevideo, en la Ciudad de México que en Colima. Los escritores se alimentan más o menos de las mismas cosas. Y los nacionalismo van cediendo ante la universalidad de conocimiento y apetencia literaria.

“Un crítico literario como yo, cuya especialidad es la literatura en lengua española, no tiene tiempo ni vida para abarcar toda la literatura. Con trabajo, algo abarco de la literatura mexicana. Y cada día menos, porque me interesa la literatura en general.

“Entonces, la lenta disolución de las literaturas nacionales que, por otro lado, provocan fiebres nacionalistas como reacción, hacen que el horizonte del escritor en lengua española sea cada día más amplio.”

“En el marco de una lengua tan importante como la española, que lo es no sólo por la cantidad de personas que la hablamos o la leemos sino porque en lengua española, más allá de la suerte política o económica de nuestros países, está escrita buena parte de la mejor literatura del mundo. Y desde hace mucho tiempo, desde Cervantes y el Siglo de Oro.”

Siglo de Oro y de las Luces

“Muchos dicen que países latinoamericanos como México o Colombia siempre han vivido en crisis, pero la lengua española no sólo se habla en América Latina”. Además, comparada con lo que fue la historia europea en el Siglo XX con dos guerras mundiales o lo que está siendo en mayo de 2022 con la guerra en Ucrania, la problemática en América Latina no es más ni menos grave. “La decadencia de las naciones no siempre tiene correlato (a veces sí, a veces no) con la decadencia de sus literaturas”.

“En el caso hispanoamericano, fue un largo proceso para que volviéramos a igualarnos con el resto de la literatura universal. En el Siglo de Oro los dramaturgos españoles alimentaban a Shakespeare, y la literatura de España era quizá la más importante del mundo. Montaigne no veía decadencia en lo que hacían los dramaturgos del Siglo de Oro, pero, luego, en el siglo de la Ilustración vino el proceso de lenta descomposición del imperio español y el traslado del eje del poder político del imperio de Carlos V (una de cuyas partes era España) hacia Francia.

“Cuando empieza el Siglo de las Luces, España está en franca descomposición política. Tan es así que los franceses le imponen una dinastía, los borbones, que hasta la fecha gobierna España. Hacia el Siglo XVIII, la incapacidad de los españoles de deshacerse de la dependencia política y dogmática de la Iglesia Católica hace que España se vuelva ajena a la Ilustración, cuyos centros estaban en Edimburgo, Londres y París. Por más que hubo ilustrados españoles, son poco relaventes frente a las grandes figuras del Siglo XVIII: Voltaire, Diderot o el Dr. Johnson. Ellos son la gran Ilustración.

“Y cuando empieza el romanticismo, la situación del mundo hispánico y luego, cuando se disuelve el imperio español, del hispanoamericano es bastante calamitosa. Nos volvemos imitadores de los imitadores: los primeros románticos latinoamericanos imitaban a los románticos españoles que, a su vez, eran imitadores de los románticos franceses.”

Los modernistas y el boom

“Esto se fue va acabando a fuerza de un par de golpes: uno, el que da Rubén Darío a finales del Siglo XIX en el terreno de la poesía, la crónica y quizá el cuento, cambiando y modernizando la literatura en español; y el segundo golpe que viene un poco después de la segunda mitad del Siglo XX con el boom latinoamericano, cuando nuestros novelistas se convierten en los novelistas más importantes del mundo.

“A fines del Siglo XX ya tenemos a la literatura en lengua española ocupando el lugar que tenía en el Siglo de Oro. Estos ciclos no deben preocupar a nadie: la historia literaria, como la historia a secas, tiene ciclos que bajan y suben.

“Hay quien dice, por ejemplo, que la literatura francesa lleva por los suelos desde hace mucho, que después de Proust o Sartre no ha tenido a nadie importante. Desde luego hay Nobel de Literatura franceses, si es que el premio sirve como baremo porque novelistas como Modiano o Le Clèzio no son gran cosa (y no es culpa de ellos sino de la academia sueca, por cierto).

“Los mismos franceses admiten que su literatura está a la baja desde hace medio siglo, pero no les importa porque cuando tienes una tradición tan rica, de Moliere a Proust, pasando por Balzac, Stendhal, Flaubert, Baudelaire, George Sand o quienes ustedes quieran, eso te da para vivir tres o cuatro siglos. En cualquier momento volverán a sugir esas individualidades que parece le dan sentido a una literatura.”

México, país de genios

“La literatura mexicana es muy importante, está llena de genios, hay grandes escritores, poetas como Eduardo Lizalde que murió ayer. Y está el conjunto muy rico que es la literatura en lengua española, sobre todo la latinoamericana.

“América Latina, por la distancia que tenía de los centros del poder literario en el Siglo XX (París, Nueva York, San Francisco, Madrid) quedó en la periferia. Esa condición tiene desventajas, pero tambien sus ventajas porque nos da una distancia de comprensión de lo que pasa en el centro. Y porque las olas que van llegando a nosotros, lo hacen de una manera menos estruendosa y más calmada. Así podemos leer mejor lo que allá son modas.

“En mi condición de crítico literario mexicano, me siento muy cómodo y orgulloso. Y transmitir ese orgullo es uno de los motivos por los cuales me satisface dar charlas como esta.”

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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