Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

Amenazas globales

Sostiene Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en Español, que las tres grandes amenazas a la sociedad contemporánea son el cambio climático, los desplazamientos migratorios masivos y los efectos incontrolados de las nuevas tecnologías.

Al dictar el 16 de noviembre de 2018 (https://www.youtube.com/watch?v=pCnCwvV4VJ4) la conferencia “Geopolítica de la posverdad. La información en la era de las fake news”, en La Casa Encendida de Madrid y bajo los auspicios de Le Monde Diplomatique y la Fundación Mondiplo, Ramonet señalaba:

“El peligro número uno del Mundo es lo que llamamos el recalentamiento general, que se manifiesta como una crisis del agua, desertificación y desastres meteorológicos extremos (lluvias excesivas o sequías prolongadas), crisis alimentaria y de la biodiversidad.”

La problemática que ese mismo 2018 se discutió en Katowice, Polonia, durante la COP24 (conferencia internacional de Naciones Unidas sobre el cambio climático), “es una gran preocupación central en la medida en que el cambio climático no es una amenaza sino una realidad que estamos viendo ya, tanto en los inviernos como en los veranos. El cambio climático está produciéndose”.

Caravana migrante

“La segunda gran amenaza el planeta son los desplazamientos migratorios masivos” que se estaban viendo ese año en América Latina con las caravanas de centroamericanos, esencialmente hondureños que decidieron ponerse en marcha abiertamente. Sin clandestinidad y sin sistemas para tratar de burlar la vigilancia, frontalmente quisieron atravesar la frontera de México con Estados Unidos tras recorrer miles de kilómetros. “Ha sido la manifestación más clara de estos movimientos masivos, que también se producen en el Mediterráneo o en el estrecho de Gibraltar pero con otras características”.

Tales desplazamientos, en parte, “están causados por el cambio climático pero también por las desigualdades y por las guerras. En el caso de Honduras, por el reconocimiento del verdadero resultado de las elecciones y la instauración de un régimen dictatorial”. Detrás de las migraciones están “las crisis económicas, la pobreza y obviamente los problemas sociales y demográficos. Son, en todo caso, el efecto del neoliberalismo y la globalización. Y esto añadido al cambio climático, produce un efecto desestabilizador.

“Es verdad que estos movimientos masivos migratorios no van a reducirse. Si pensamos en particular en los que tienen a Europa como destino, cabe recordar que África tendrá más de dos mil millones de habitantes de aquí a 20 años, y la mayoría de ellos tendrán menos de 25 años. Entonces, los movimientos migratorios van a seguir produciéndose”, apunta Ramonet.

Mundo sin rumbo

Para el autor de Un mundo sin rumbo (1997) y La catástrofe perfecta (2009), entre más de una veintena de ensayos y grandes reportajes sobre sociología, periodismo, televisión e internet, sin olvidar sus entrevistas biográficas a Fidel Castro y Hugo Chávez, “el tercer problema y que nos concierne un poco más esta noche son los efectos incontrolados de las nuevas tecnologías.

“Cuando aparecieron con lo que llamamos el ecosistema internet, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, dichas tecnologías de la información parecían aportar una serie de soluciones absolutamente fantásticas a muchos de los deseos de comunicación que teníamos.

“Sin embargo, hoy nos estamos dando cuenta que esos aspectos positivos del internet en particular, y de todos los elementos derivados de la red, son menos fascinantes o más preocupantes de lo que pensábamos. Y lo serán hasta que consigamos resolver, si es que lo conseguimos, el efecto de la inteligencia artificial, los big data en particular, las nanotecnologías, la nueva biología sintética, la ciberseguridad o el robo de los datos informáticos y toda clase de ciberataques que se están produciendo.”

Problemas globales

“En todo caso, aunque mi opinión no va más allá de un borrador o de unas notas simplemente, estos tres problemas centrales tienen una característica en particular y es que ningún Estado, por poderoso que sea (trátese de Estados Unidos, Rusia, China o la India), puede enfrentarlos solo.

“Son problemas globales, un solo país no puede arreglar el cambio climático ni resolver el problema de las migraciones ni, evidentemente, controlar los efectos de las nuevas tecnologías. Sólo se pueden afrontar colectivamente, en un momento en que lo comunitario y lo integrador se está desarticulando paradójicamente.

“No hay solución individual, ningún país, nación o Estado puede hacer frente a estas amenazas globales que, por lo demás, ya están produciendo cambios políticos, precisamente en términos de gobernanza.

“Son cambios políticos de gran envergadura, antes inimaginables. Están apareciendo nuevas formas de gobierno. Desde hace más de un siglo, los gobiernos en el Mundo democrático eran conservadores o progresistas, así como también había gobiernos de una alianza entre progresistas y conservadores. Pero desde hace unos años estamos viendo surgir organizaciones políticas que ganan las elecciones y que no corresponden a ninguna casilla de las familias políticas que conocíamos desde hace una centuria.

“Por ejemplo, en varios países europeos como Polonia, Hungría o, recientemente, en Italia han surgido democráticamente, es decir, gracias a las urnas, mediante elecciones libres, los llamados gobiernos populistas que nos hacen entrar en una nueva etapa política”, adelantaba Ramonet en 2018.

Democracia indeseada

“En Europa, la cuestión de las migraciones y la cuestión de las nuevas tecnologías tienen una importancia considerable en el surgimiento de esta nueva etapa política.

“Es curioso que un concepto tan respetado como la democracia, sea relativamente reciente en la historia política de la humanidad. Hace apenas un siglo, cuando terminó la Primera Guerra Mundial, el número de las democracias en el Mundo se contaba con los dedos de las manos: no había más de diez.

“Hoy día, evidentemente, la democracia es el sistema más generalizado aunque haya gobiernos que no sean democráticos. Sigue habiendo dictaduras, pero la democracia es un régimen que se ha extendido con consenso general, y en los países donde no hay democracia hay una aspiración a la democracia.

“Empero, lo que está ocurriendo con este concepto actualmente es que el funcionamiento de la democracia está en crisis. Estamos entrando en una nueva era política en el que las reglas de juego que han funcionado durante dos siglos no funcionan más. Esto es radicalmente nuevo: hay una crisis de confianza en la democracia.

“Muchos sondeos y encuestas en los países desarrollados y democráticos tradicionales indican que un número cada vez mayor de personas, en particular los más jóvenes, creen cada vez menos en la democracia.

“Para hablar de América Latina, recientemente se hizo una encuesta en varios países sobre cómo se valoraba la democracia, y la mayoría de los encuestados respondió que, entre un Gobierno autoritario que garantiza empleo y un Gobierno democrático que no lo garantiza, prefieren al régimen autoritario siempre y cuando garantice empleo.

“O sea, la democracia no es un criterio discriminador positivo. Y eso lo estamos viendo ahora en Europa”, señala Ramonet.

El fin de la historia

A principios de los años noventa el ensayista Francis Fukuyama, después de la caída del Muro de Berlín en 1989, sostuvo la muy controvertida tesis de El fin de la Historia.

Ramonet recuerda cómo el politólogo norteamericano defendía la idea de que el colapso de la Cortina de Hierro se debía al hecho de que las sociedades de Europa del Este estaban reclamando la instalación de un sistema político basado en la democracia liberal y la economía de mercado. Con eso se demostraba, según Fukuyama, que la aspiración de la humanidad tiende hacia esos dos objetivos: democracia electoral y libre mercado.

“Una sociedad perfecta, sentenció Fukuyama, es aquella que tiene una democracia representativa, elecciones libres y partidos políticos variados, donde cada ciudadano puede escoger la formación que lo representa, junto a una economía de mercado basada en la oferta y la demanda.

“Para Fukuyama, cuando un país alcanza estos dos objetivos ya no da marcha atrás. Son logros inamovibles, no hay regresión posible. La historia se termina. Puede haber, evidentemente, conatos de regresión pero, en realidad, las sociedades volverán a su cauce, a una democracia parlamentaria con economía de mercado.

“Por otra parte, la mayoría de los economistas clásicos decían que cuando una sociedad democrática y con economía de mercado alcanzaba cierto nivel de vida, en particular cuando alcanzaba una renta per cápita de 15 mil dólares al año, esa democracia lograba ser definitivamente estable y permanente. Ya no había que temer golpes de Estado o involuciones de ningún tipo. No había marcha atrás.

“Pues bien, estas dos afirmaciones que se han repetido a lo largo de los últimos 30 años ya no están funcionando. Hoy día vemos cómo una gran parte de la sociedad ya no cree en la economía neoliberal, mientras otra parte de la sociedad ya no cree en la democracia ni vota más por partidos democráticos.”

Los indignados

“La crisis de 2008 fue un traumatismo brutal para muchas sociedades, en particular para la española. Esa crisis financiera, económica y social, obviamente provocó una desconfianza traumática sobre la economía capitalista de mercado tal como funcionaba.

“Es decir, la idea que se había desarrollado después de la caída del Muro de Berlín de que la globalización liberal era la solución para el planeta, resultó ser lo que algunos críticos ya habían anunciado: un proceso que generó mayor enriquecimiento de los ricos y un mayor empobrecimiento de los pobres.

“Con el regreso de las desigualdades masivas, con las nuevas pobrezas que aparecieron y el paro generalizado en economías que pensaban que ya habían dejado atrás esa etapa de marginalización de partes importantes de la sociedad, países como España, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda y hasta Francia vieron cómo los ricos seguían enriqueciéndose en medio de la crisis.

“Por ello, muchos ciudadanos están dejando de creer en la democracia. Evidentemente aún hay mucha gente que cree en la democracia, pero en España misma durante el 15 M una de las frases más repetidas era: ‘No nos representan’. Ese movimiento fue una puesta en causa de la representatividad de los parlamentarios que habían sido elegidos democráticamente. Los Indignados decían: ‘Lo llaman democracia, pero no lo es’.

“Hay la idea, entonces, de que la democracia tal como ha venido funcionando no es democracia. El problema es que la democracia funciona según reglas constitucionales, y vemos hoy que ni el liberalismo tradicional ni el marxismo más ortodoxo ni la socialdemocracia han sabido responder a los nuevos problemas de esta sociedad cambiante.

“Por eso surgen estas nuevas identidades políticas que ya no asumen discursos y análisis preconcebidos. Ya la gente no quiere votar por partidos que tienen una tradición histórica. Lo que antes era una cualidad ahora es un defecto. Mucha gente piensa que esos partidos bien arraigados en la tradición nacional, en realidad son partidos para momentos históricos de otra época pasada. Y los partidos desaparecen. Tienen un ciclo: nacen, crecen y mueren.”

De eso hablará Ignacio Ramonet en la siguiente parte de su conferencia.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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