Opinión

COLUMNA: Ojo de Mar

Los partidos mueren

Por Adalberto Carvajal

“En los años 20 del siglo pasado, en la mayoría de los países europeos destacaban los llamados partidos radicales, que no eran tan radicales, sino incluso moderados –menciona Ignacio Ramonet–. Francia, durante toda la Tercera República estuvo gobernada por el Partido Radical. Y aunque existían de todo tipo, por ejemplo partidos radicales socialistas, desaparecieron pese a haber dominado la escena política”.

Al advertir el surgimiento de nuevas identidades políticas que ya no asumen discursos y análisis preconcebidos, en su conferencia “Geopolítica de la posverdad. La información en la era de las fake news”, dictada el 16 de noviembre de 2018 (https://www.youtube.com/watch?v=pCnCwvV4VJ4) en La Casa Encendida de Madrid, el director de Le Monde Diplomatique en Español señalaba:

“Ya la gente no quiere votar por partidos que tienen una tradición histórica. Lo que antes era una cualidad, ahora es un defecto. Mucha gente piensa que esos partidos bien arraigados en la tradición nacional, en realidad son partidos para momentos históricos de una época pasada”.

Para el periodista y profesor de Teoría de la Comunicación, “hoy la socialdemocracia nos da la impresión de que en muchos países se encuentra en situación agónica: ha desaparecido en Italia y en Francia”. De hecho, el actual presidente francés, Emmanuel Macron, un banquero que fue elegido en 2017, sustituyó en el mandato al presidente socialista François Hollande.

Curiosamente, cuando Hollande fue electo en 2012, el Partido Socialista controlaba la Presidencia de la República y la Presidencia del Gobierno (que ocupa el primer ministro); era mayoría en la Asamblea Nacional y en el Senado; gobernaba todas excepto una de las regiones de Francia y todas las grandes ciudades del país. Sin embargo, ya para 2018 tenía apenas el 4% de las posiciones.

De tener un poder absoluto, “como nunca en su historia lo había tenido”, en un lustro el Partido Socialista pasó a tener 4 puntos porcentuales. “Y no porque haya fracasado de manera estrepitosa. Habían gobernado relativamente mal, pero como muchos gobiernos que gobiernan mal. Lo que pasó fue que los ciudadanos dejaron de identificarse con esa marca, y empezaron a votar por algo que no tiene tradición”.

Macron ganó la Presidencia con un movimiento que ni era un partido, La Francia en Marcha. Cuando empezó se llamaba solamente ¡En Marcha!, como si fuera un club de senderistas. Pero la gente se adhiere al movimiento antes que a un partido socialista o a un partido conservador, sostiene Ramonet.

Populistas “del pueblo”

“Estamos viendo, pues, cómo estas identidades políticas van surgiendo con perfiles muy diferentes. Y los politólogos que no tienen un calificativo preciso para designarlos, les llaman populismos porque globalmente responden a lo que desea el pueblo.

“A veces son populismos de izquierda, como Syriza, una coalición de partidos de izquierda en Grecia, o Podemos en España. Pero en la mayoría de los casos son populismos de derecha: así en Hungría como en Polonia.

“En otros países de Europa la identificación izquierda-derecha que cada vez opera más difícilmente, no es tan sencilla. Por ejemplo, en Francia, Macron era un ministro socialista del Gobierno de Hollande, pero el primer ministro de Macron viene del campo conservador. En el gobierno francés están mezclados socialistas y conservadores con gente que viene de la llamada sociedad civil.

“En Italia, el movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo tiene aspectos progresistas mezclados con aspectos reaccionarios. Pero el caso más espectacular de estas nuevas identidades políticas colectivas está en Estados Unidos, es Trump.

“Estamos en un momento de dificultad para encontrar nuestra propia identificación política ante la oferta electoral que tenemos. Y no cabe duda de que el caso más espectacular es Donald Trump. Aunque fue elegido presidente en el marco del Partido Republicano, todo el mundo sabe que no es un republicano tradicional, sino un personaje que viene de afuera de la política y que encontró el vehículo del partido para llegar a la Casa Blanca.

“Durante la campaña electoral, Trump tuvo a una gran parte del Establishment republicano en contra de él. Por eso, su elección en noviembre de 2016 constituyó un verdadero traumatismo. Mucha gente en Estados Unidos y en Europa no pensaba que un personaje tan extraño, original, controvertido y exótico pudiera ser elegido presidente en un país tan importante para el destino del Mundo.

“Fue una gran sorpresa, en particular para nuestro tema de la comunicación. Trump hizo una campaña electoral teniendo en contra no solo a una parte de su propio partido (no todas las personalidades republicanas lo apoyaron) y, obviamente, al Partido Demócrata que apoyaba a Hillary Clinton, sino que también estaban contra él todos los grandes medios de comunicación: The New York Times, The Washington Post y toda la gran prensa liberal y modernista; las grandes cadenas de televisión, excepto Fox, y los grandes semanarios.

“Trump es el primer candidato elegido contra estas instituciones, no hay ejemplo precedente de alguien que haya sido electo contra la gran prensa, la bolsa, las grandes empresas de tecnología y los grandes medios electrónicos, además de una parte de su propio partido. ¿Y cómo es que alguien atacado por todos los grandes medios hegemónicos pudo ganar unas elecciones? Esa es la pregunta que se nos planteaba también con Jair Bolsonaro en Brasil.

“Trump tenía contra él a todos los grandes canales de televisión y al gran capital financiero. Wall Street no lo apoyaba sencillamente porque (el empresario inmobiliario y dueño de casinos) se presentaba como un proteccionista, y la bolsa de valores es favorable al libre cambio.

“Todos los grandes intelectuales de Estados Unidos estaban en contra de Trump; todas las grandes firmas literarias y los editorialistas; todos los hacedores de opinión, pensadores y académicos. Sin embargo, ganó.

“Igual ocurrió en Inglaterra con el Brexit. Todo lo que es inteligente en Gran Bretaña estaba en contra de salirse de la Unión Europea: los grandes periódicos, excepto los tabloides sensacionalistas; la propia City de Londres, donde se concentra la industria financiera del Reino Unido. Y, no obstante, en el referéndum ganó el Sí”.

Todos somos medios

Para el autor de Internet, el mundo que viene (1998), La tiranía de la comunicación (1999) o La explosión del periodismo (2011, revisado en 2016), entre muchos otros títulos de política, tecnología y sociedad, la pregunta es: si ya no influyen los medios, ¿quién influye entonces?

“Las cosas han cambiado con Internet, precisamente. Ya no estamos en el mundo mediático que conocimos durante mucho tiempo. Antes pensábamos que, aun cuando Internet se desarrollara, el universo mediático no iba a modificarse. Pero todo cambió. Ahora todos somos medios y podemos compararnos con los grandes canales de televisión, con los grandes medios. Es una revolución copernicana”.

Esa mañana, antes de salir para el aeropuerto, Ramonet escuchaba en la Radio Francesa de Noticias la entrevista a un youtuber cuyo canal tiene un millón y medio de seguidores. Hablaba de un manifiesto firmado por 11 vloggers que, entre todos, tienen 15 millones de seguidores en YouTube.

“La radio que le estaba haciendo la entrevista es la emisora de noticias más oída en Francia, y tiene 4 millones y medio de radioescuchas. Eso significa que frente a los 15 millones que tienen 11 youtubers, la principal radio del país tiene poco más de 4 millones de oyentes.

“Esto es lo que ha cambiado: todos podemos producir contenidos. Hasta ahora, el relato general lo imponían los grandes medios y, aunque tuviésemos un sentimiento diferente de estos grandes medios, aunque discrepásemos de los grandes medios, antes no teníamos la posibilidad de imponer un relato nuestro y diferente o de hacer nuestra crítica.

“Tampoco era posible para los ciudadanos competir con los grandes medios, sencillamente por una cuestión de recursos. Nadie tiene esa capacidad financiera. Un individuo o un grupo de amigos no tenían la posibilidad financiera de comprarse un periódico influyente, un canal de televisión o una emisora de radio.

“La dominación de los grandes medios fue muy importante hasta recientemente, que todo cambió. No solo los medios dominantes imponían el relato, sino también la moral política, la dirección política. Las élites periodísticas y los patrones de prensa eran capaces de crear una manipulación de masas, evidentemente sutil, con argumentos que parecían normales, para conducir a la sociedad hacia la dirección deseada en favor de los grandes intereses de un Estado”.

Democratización de los medios

“Es una temática bien conocida en ciencias políticas, porque es uno de los problemas de la democracia. Cuando se inventó la democracia, los que veían como un peligro a la democracia decían: ¿cómo vamos a controlar? Si cada persona vota como quiere, el país va a ser ingobernable, porque cada uno va a votar por lo que quiere y, entonces, ¿cómo vamos a ser elegidos los miembros de las élites?

“Muy pronto, en Estados Unidos particularmente, donde se elaboró la democracia moderna a finales del siglo XVIII, los poseyentes de capital pudieron controlar rápidamente la vida política gracias al dinero, y al hecho de que, en realidad, aunque cada ciudadano podría tener su propia opinión, en definitiva la opinión de 20, 30, 40 o 100 millones de habitantes se define entre 2 o 3 partidos.

“En Estados Unidos los 250 millones de habitantes votan solamente por 2 partidos y no por 250 millones de partidos como sería teóricamente posible. Es decir, la condicionalidad del funcionamiento democrático hace que la libertad teórica de cada ciudadano esté siempre más o menos limitada.

“Ese tipo de esquema se rompe con la democratización de los medios sociales. Ahora hay evidentemente más capacidad de expresar temas diferentes. Por eso hay proliferación de partidos y de organizaciones que no existían hace 4 o 5 años y que, de repente, ganan elecciones. El movimiento con el que Macron ganó la presidencia en 2017 no existía 4 años atrás. ¡En Marcha! se creó para la campaña y ganó las elecciones sin haber ejercido antes ningún puesto electoral.

“Veamos la situación en Cataluña, el auge extraordinario del independentismo que no existía antes. Existía a nivel residual, pero el cómo se ha multiplicado en una especie de contagio viral es algo solo posible hoy. Muchas cosas son posibles porque ya no funcionan los medios de la misma manera”.

Habla con la gente

“Trump, por ejemplo, hizo campaña sin dar ninguna entrevista de televisión. No fue jamás a sus programas porque él entendía y lo sigue creyendo, que los canales son el enemigo del pueblo.

“Como candidato y como presidente sostuvo lo mismo que llevamos tiempo diciendo muchos de los críticos de los medios, pero él lo afirmaba de manera brutal. Para Trump, la prensa es la enemiga del pueblo. Por consiguiente, no fue a los medios, con excepción de Fox, con la que tiene una relación más apaciguada.

“En Estados Unidos hay 4 grandes cadenas de televisión: ABC, CBS, NBC y Fox, que durante la presidencia de Trump fue el canal dominante. Si tomamos la audiencia acumulada de los telediarios que se transmiten al final de la tarde (en Estados Unidos el noticiero estelar es a las 7 de la tarde), ¿cuántos norteamericanos ven las noticias por televisión?

“De 250 millones de habitantes, ven los telediarios 29 millones de americanos. Obviamente, de esos 29 millones no todos ven un mismo telediario, sino los 4 principales. O sea, cada canal tiene como 6 o 7 millones de telespectadores.

“¿Y cuántos seguidores llegó a tener Trump en Twitter? Nada menos que 55 millones. Es decir, él solo tenía el doble de los espectadores que ven un telediario. Si va a un telediario, se va a dirigir a 6 millones de personas, pero si lanza un tuit habla directamente con 55 millones de personas que podían comentar a sus amigos y parientes: ‘Mira lo que me está diciendo el presidente’.

“Eso de que el presidente le habla a uno, no es tan común. No sé cuántas personas en España reciben mensajes de Pedro Sánchez (el presidente del Gobierno). Tener como amigo al presidente que te manda 4 o 5 o 6 tweets al día, que está comunicándose directamente contigo, obviamente tiene un gran valor. Y, aparte, Trump tiene 24 millones de seguidores en su página de Facebook. No es mucho, pero es más que los medios que están perdiendo audiencia.

“El medio dominante hoy, ya no es la televisión. Son las redes sociales. El nuevo medio dominante está fragmentado, pero la televisión también está fragmentada. Y ya no es el medio dominante, no hay ningún canal de televisión hoy, en casi ningún país, que tenga más audiencia que los influencers, esas personalidades que tienen muchos seguidores en sus redes sociales.

“Por consiguiente, la televisión ya no es el medio dominante y no podemos seguir pensando como hace 10 o 15 años. La televisión ya no tiene la misma influencia, mucha gente no ve televisión. Tiene un televisor para ver Netflix o el streaming de Amazon, mas no para ver los programas de los canales públicos o privados.

“Hoy, un individuo, mediante su propia red social puede comunicarse con más ciudadanos que cualquier gran personalidad política cuando ésta habla por un gran medio tradicional. Esto es lo que se llama una revolución comunicacional de gran envergadura”.

Y sobre este concepto abundará Ignacio Ramonet en la siguiente parte de su conferencia.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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