COLUMNA: Ojo de Mar

Redes no dan la cara

Por Adalberto Carvajal

¿Cómo afectan las fake news al ejercicio responsable del periodismo?

A la pregunta respondieron Francisco Rosell, Bieito Rubido, Marius Carol y Encarna Samitier, directores de los medios españoles El Mundo, ABC, La Vanguardia y 20minutos.

Todos ellos participaron el miércoles 9 de octubre de 2019 en una mesa de debate sobre “Periodismo y posverdad” en la Universidad Complutense de Madrid, moderada por el director general de Servimedia, José Manuel González Huesca.

Rosell alertó a los futuros periodistas del peligro que implica confundir las redes sociales con medios de comunicación, un equívoco muy extendido, sobre todo entre los más jóvenes:

“Nosotros damos la cara; respondemos de nuestra información ante los demás”, sentenció. Y valoró el trabajo profesional de los auténticos medios de comunicación que son los que se encargan de verificar, jerarquizar y contextualizar la información. Una labor que, según dijo, “hoy es más necesaria que nunca”.

En la reseña que publicó El Mundo, “Periodismo profesional contra las fake news”, se recogen las palabras de su director: “Las redes sociales son instrumentos de transmisión, pero no medios de comunicación”.

Según subrayó Rosell, “las redes sociales son entidades de las que no sabemos quién está detrás de ellas”, lo que las convierte en vehículos propicios para que prosperen las noticias falsas. “El periodismo es un mecanismo de control para asegurar que la información se ajusta a los hechos”.

Lectores, no ingresos

El coloquio entre los directores de medios que nacieron como impresos y transitaron a la edición digital, se celebró en la Facultad de Ciencias de la Información ante un público muy numeroso.

Bieito Rubido advirtió a los asistentes que determinados poderes están interesados en acabar con la “intermediación periodística”, para poder trasladar sus mensajes directamente y sin control. “La conciencia crítica no la quieren”, aseguró el director de ABC, quien animó en cambio a los futuros periodistas a no perderla nunca.

También Marius Carol recomendó poner vigilancia sobre los contenidos que inundan las redes sociales. “En Twitter, como en muchas cloacas, circula de todo”, dijo. “Puede aparecer un anillo que se le ha caído a alguien, pero normalmente por las cloacas no circulan joyas”. Durante su intervención, el director de La Vanguardia apuntó que la proliferación de fake news en la sociedad no es algo gratuito: “Desde el poder siempre se ha intentado utilizar la mentira para conseguir sus fines”.

Encarna Samitier, por su parte, admitió que el sector vive momentos difíciles en los que “hay más lectores que nunca, pero también hay menos ingresos que nunca”. No obstante, apeló al valor de la profesionalidad: “Cualquiera con un móvil no es un periodista, Wikipedia no puede sustituir a un buen profesor ni Google es lo mismo que un médico”, dijo la directora de 20minutos.

A modo de anécdota ilustrativa, Rosell contó cómo recientemente un taxista reconoció que ni leía periódicos ni escuchaba informativos, y que ahora se informaba sólo a través del chat que compartía con sus amigos en el celular. “Los ciudadanos creen que están bien informados, pero no lo están”, lamentó el director de El Mundo: “Se les informa de todo pero no se les entera de nada”.

Por ello Rosell reivindicó el papel que cumple el periodismo cuando, como ocurre en la actualidad, “se expande el virus de la desinformación”. Y recalcó: “Cuando el periodismo falla y no ejerce su labor decaen las instituciones y el sistema de libertades democráticas”.

Cierra el Newseum

Por cierto, es imposible no ver el inminente cierre del Museo de la Prensa (Newseum) en la ciudad de Washington, D. C., programada para el 31 de diciembre de este año a poco más de una década de haber sido inaugurado, “como una metáfora del declive de una industria que un tiempo fue no sólo un próspero negocio que repartía poder y dinero, sino un pilar imprescindible de la democracia liberal”.

La reflexión la hace Antonio Caño en un texto que publicó en El País Semanal el 22 de junio de 2019: “El cierre del Museo de la Prensa de Washington y la crisis del periodismo”.

El cronista lamenta que esa institución naufrague por falta de ingresos, “malamente mantenida con la venta de gorras rojas de Make America Great Again -el eslogan de la campaña presidencial de Donald Trump- y camisetas con la leyenda You Are Very Fake News, porque parece que lo que más atrae a los actuales visitantes de todo ese mundo del periodismo son las fake news; es lo que más les suena, lo que más gracia les hace”.

El Newseum tiene un muro en honor a los dos mil 344 periodistas que han muerto en la labor de informar desde 1836: el Journalists Memorial. Cada año se incorporaban los nombres de reporteros, fotógrafos y conductores fallecidos, los últimos 21 fueron añadidos el 3 de junio.

“Entre ellos estaba el del saudí Jamal­Khashoggi, asesinado por agentes de su propio país. El resto eran prácticamente desconocidos, como lo son casi todos los nombres inscritos, modestos profesionales de periódicos locales -muchos desaparecidos-, porque, en contra de lo que se cree, el periodismo no es la actividad rutilante de ciertas estrellas, ni siquiera los relatos grandilocuentes de algunos corresponsales, sino el duro oficio del buscador de la noticia, casi siempre por una exigua paga. O esa era”, evoca Antonio Caño.

¿Quién se acuerda de Jacobo?

El recinto ubicado en la avenida Pensilvania atrajo a más de 10 millones de visitantes desde el 11 de abril de 2008, con exhibiciones que muestran la historia del periodismo impreso y en radio, televisión e internet. Hay exposiciones de ABC News, The New York Times, Bloomberg y NBC, así como una galería de los ganadores del premio Pulitzer, detalla Pamela Benítez en su nota para El Universal.

En el Newseum se proyectan regularmente videos sobre las coberturas en la Guerra de Vietnam, investigaciones sobre el Holocausto y hemerografía sobre el asesinato de Abraham Lincoln, los atentados del 11 de septiembre y otros hechos históricos.

En el mármol de la fachada fueron plasmadas las 45 palabras de la Primera Enmienda de la Constitución, donde se garantiza la libertad de expresión y de prensa en Estados Unidos. Afuera también se exhiben digitalmente las primeras planas de 60 medios de todo el mundo, y esa exposición se mantendrá activa tras el cierre del museo.

Una vez que el edificio sea entregado a la Universidad John Hopkins (que pagó 372 millones de dólares por un inmueble donde instalará su campus principal en Washington), el acervo se trasladará a un centro con tecnología para mantenerlos en buenas condiciones. Cuando sean requeridos, los artefactos y ejemplares se prestarán a programas educativos, eventos públicos y otras exposiciones.

“Freedom Forum, la organización que actualmente gestiona el museo, aún no ha dicho qué va a hacer con su contenido. Hay restos del muro de Berlín y otros símbolos de la larga lucha del ser humano por su libertad, en la que la prensa ha sido muchas veces un instrumento imprescindible para derribar tiranías y defender la verdad, y con ella, el progreso y la civilización misma”, apunta a su vez Antonio Caño.

El museo no ayudó a preservar en la memoria colectiva el elenco de la información. Hace algunos años “casi cualquiera podía recitar de memoria los nombres de los conductores de los telediarios nocturnos de los tres principales canales (estadounidenses) de televisión: Tom Brokaw, Peter Jennings y Dan Rather”, escribe Caño. Hoy en México muchos jóvenes no tienen idea quién fue Jacobo Zabludovsky.

“El periodismo que conocimos se ha ido para siempre. Queda la esperanza de que sea posible generar una nueva industria en torno a las nuevas tecnologías, con otro tipo de periodismo, más accesible, más rápido, quizá mejor. No sé. Como periodistas, es nuestra obligación intentarlo. Como ciudadanos, es nuestro interés conseguirlo, si es que queremos seguir viviendo en sociedades democráticas”, remata Caño.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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