Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

Medios del aparato

Cuando hablamos de periodismo militante nos referimos al que se hace desde una militancia, es decir, cuando el periodista forma parte de un proceso de cambio, de un movimiento social o de una corriente de pensamiento y, en esa medida, informa desde cierto punto de vista, dice Arturo Rodríguez.

El reportero de Proceso moderó la mesa redonda sobre Periodismo Militante que, con la participación de Alina Duarte y Témoris Grecko, se celebró dentro de la XII Feria Internacional del Libro del Zócalo el sábado 8 de octubre de 2022 (https://www.youtube.com/watch?v=_ONJkQrqSgY).

Ahí dijo que el tema es polémico y hay poca literatura al respecto, incluso sigue siendo objeto de discusión, porque hemos asumido a lo largo de aproximadamente un siglo en el caso concreto de México que el periodismo debe estar ajeno a una causa, corriente o ideología, tratando siempre de mantener la neutralidad.

Para los mexicanos la discusión es particularmente intensa -dice Rodríguez García-, porque esa concepción histórica del periodismo esconde una simulación. Si pensamos en el último siglo, al menos durante 80 años la mayor parte del periodismo en México estuvo al servicio y formó parte de un aparato de Estado, con partido único y falsedad en el resto de los pilares de la democracia, añade el autor de El regreso autoritario del PRI (Grijalbo, 2015) y de Ecos del 68 (Ediciones Proceso, 2019).

Salvo algunas excepciones pendientes de revisar, no sólo Proceso sino incluso antes del semanario algunas otras expresiones de libertad e independencia frente al Estado que casi siempre fueron reprimidas, la prensa mexicana ha ocultado desde dónde se está escribiendo, a quién le está escribiendo y, sobre todo, cómo se está financiando.

El financiamiento de los medios es el gran problema administrativo y también de la discusión. El papel que han jugado y la posición de los medios de comunicación, necesariamente, están relacionados con el financiamiento. Es fundamental en las definiciones de un periodismo militante, establecer de dónde vienen los recursos que están financiando las expresiones que militan en una corriente o en una orientación. Si un medio es auténticamente independiente y vive de su público, debe destacarlo, resume Arturo Rodríguez.

No hay manual

Alina Duarte reconoce que no hay un manual para hacer o no hacer periodismo militante. Y si no hay una definición, mucho menos hay un manual de procedimientos para ser un periodista militante. Sin embargo, podemos esbozar algunos factores:

“El tema del financiamiento es crucial, son contados los medios que permiten libertad editorial para, sin quitar puntos ni comas, decir lo que quieras. Gracias a mi trabajo y al respaldo de mi barrio, he podido difundir en los medios públicos mis reportajes de América Latina sin restricciones de contenido o forma. Y no sólo en Canal 14, escribo y hago fotografía y video para otros medios. Pero las coberturas de procesos políticos y movimientos sociales que tanto disfruto son gracias a la gente.

“Hacer periodismo es ir a contracorriente. Y las dificultades empiezan por encontrar esa línea editorial que te permita publicar aun cuando estás en contra de los grupos que históricamente han tenido el poder. Las editoriales o los grandes medios corporativos no van a pagar viáticos para un reportaje contra las transnacionales. Sin embargo, existen otras posibilidades para costear una cobertura.”

Por lo demás, dice Alina, hay mucha criminalización y estigma contra los periodistas con causa. “No entramos todavía en México a un debate amplio respecto a dónde va el periodismo militante. Pero sí tengo claro que no tiene que ver con una posición respecto al gobierno, sino con una postura respecto a los derechos humanos, la democracia, la verdad, la justicia y con el establecimiento de garantías de no repetición”.

En el sur del continente es muy visible la injerencia estadounidense. Está comprobado cómo la CIA financió golpes de Estado y toda clase de intentos de desestabilización para, por ejemplo, derrocar en 1973 a Salvador Allende en Chile u operar, en 2009, el golpe de Estado en Bolivia. Los actuales movimientos sociales no están exentos de esta infiltración. Pero eso no significa que el objetivo del feminismo (una de las causas en las que milita Duarte) sea la desestabilización.

El asunto es cómo socializamos esos debates. El periodismo no tendría que decir si las feministas rompieron algo sino qué es el feminismo. Se presenta a las feministas como algo maligno, cuando el feminismo consiguió desde el voto a las mujeres hasta darles voz y representación política, incluso parlamentos y gabinetes paritarios.

“El feminismo no es salir a la calle con un martillo sino, justamente, luchar para seguir abriéndonos espacios, tener los mismos sueldos, ser representadas, no sólo votar sino ser votadas”, concluye Duarte, periodista independiente que -formada académicamente en Relaciones Internacionales- ha sido activista de diversas causas, entre ellas la consulta popular para llevar a juicio a los expresidentes.

Más papistas que…

Por su parte, Témoris Grecko coincide en que regularmente se cuenta lo que rompió el feminismo pero no lo que es el feminismo, y se relatan las protestas de las feministas como una molestia para la sociedad.

La cobertura de una causa en la que el periodista milita no está exenta de crítica. En Sudáfrica, por ejemplo, se estableció un programa público para el empoderamiento económico de los negros que, al final, acabó beneficiando sólo a los cuatro o cinco liderazgos del Congreso Nacional Africano que entraron a los consejos directivos de las principales empresas del país. El programa no transformó la manera como vivía la población excluida durante décadas por el régimen del apartheid, ni les dio a los negros mayor acceso a la educación o a las oportunidades, ni puso, como se proponía, un énfasis en las mujeres. Pero los periodistas blancos que señalaron eso fueron acusados de racistas y, los periodistas negros, de traicionar a la causa y a su raza.

Algo similar pasa en México con el tema de la militarización: hasta julio de 2018, sacar al ejército de las calles y crear una o varias fuerzas civiles de seguridad pública fue una bandera fundamental en todos los proyectos de la izquierda y, especialmente, en el de Morena. Pero al llegar López Obrador a la Presidencia tomó una decisión que uno puede entender o no: crear una Guardia Nacional cuyo personal es mayoritariamente militar, cuyos mandos son militares de carrera y que, ahora, quedó oficialmente bajo el control de la Sedena.

Eso no es lo que había prometido Andrés Manuel, pero algunos intelectuales y periodistas militantes se dedicaron a decir que, antes de ser presidente, López Obrador nunca estuvo a favor de retirar a los militares de las calles, que simplemente “no entendimos su posición”. Estuvieron machacando con ese argumento hasta que, hace unas semanas, el presidente reconoció que sí cambió de opinión y explicó por qué. “Uno puede estar de acuerdo con sus razones, pero el problema es que tardó tres años y medio en aclararlo, tiempo durante el cual los periodistas orgánicos insistían en que no había dicho lo que dijo”.

Es un tipo de periodismo militante que no es crítico, y esa falta de crítica, de perspectiva e independencia intelectual, acabó llevándolos “al ridículo”, señala Témoris Grecko.

No es lo mismo, la causa…

Y en el caso Ayotzinapa -otro ejemplo que da el director del documental Matar, morir. El Ejército en la noche de Iguala (2015), y autor del reportaje en libro Mentira histórica: Estado de impunidad, impunidad de Estado (2016)- también estamos viviendo un momento de quiebre.

Se trata de una ruptura gravísima porque el presidente ha tenido que elegir entre su apuesta por los militares como casi únicos garantes de su legado, o llegar al fondo en el caso. Sacaron al fiscal especial y están a punto de correr al GIEI de la misma forma en que lo hizo Peña Nieto, mediante la no renovación del acuerdo que permite su trabajo. Alejandro Encinas está aislado en la Subsecretaría de Gobernación y el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, empoderado.

(El 14 de octubre se anunció que Alejandro Encinas Nájera, hijo del subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, fue nombrado por la flamante secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, subsecretario de Comercio Exterior en sustitución de Luz María de la Mora. La designación supone un desagravio político para Encinas padre).

Según Grecko, el Fiscal General es una de las peores desgracias para nuestro país, y el presidente lo respaldó al casi acusar de golpismo al Fiscal Especial del Caso Ayotzinapa, porque Omar Gómez Trejo insistió en responsabilizar al Ejército mexicano de estar involucrado con el imperio criminal de Iguala, Guerrero. La nueva versión oficial es que son culpables unos cuantos militares, no la institución castrense.

Los periodistas militantes que son críticos reconocen este quiebre, pero hay otros que ya están acusando al comité de madres y padres de los 43 desaparecidos de servir a la mafia del poder, siguiendo la misma ruta de difamaciones que hicieron los peñanietistas para ensuciar y criminalizar a las víctimas.

Ese periodismo no milita con las causas ni con la gente sino con quien en cierto momento tiene el poder y, más o menos, representa o controla una causa. Uno de los dilemas que tiene el periodismo militante es si estás con la causa o con quienes dicen representarla, porque no siempre es lo mismo. A veces, los supuestos representantes no están realmente trabajando por la causa, remata Témoris.

Mi correo electrónico: carvajalberber@anabel

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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