Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

Transferencias del pasado

Jenaro Villamil y Fabrizio Mejía Madrid estuvieron juntos en esa “feria de la reflexión, la información y la investigación en libros” que es la FIL del Zócalo, el jueves 13 de octubre de 2022, hablando de “Los medios frente al cambio”.

“La Brigada para Leer en Libertad” reunió a Villamil, periodista especializado en medios -actual presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR)-, y a Mejía Madrid, el cronista y novelista que mejor ha descrito a los personajes conocidos y anónimos de los movimientos sociales más importantes del último medio siglo, para refutar esa efervescencia mediática que describe a la Cuarta Transformación como un Gobierno en crisis.

“Hay una estrategia mediática para impulsar una narrativa en la que el país se derrumba y donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ya no puede gobernar. Dicen del mandatario que tiene enfermedades ocultas, que espía a los periodistas o, la acusación más reciente, que es El rey del cash.”

Al presentarse a sí mismo y a Fabrizio, Jenaro dice que todos esos contenidos de los medios son resultado de una transferencia -como dirían los psicoanalistas- a la 4T de todo lo que hicieron los gobiernos de Calderón y Peña Nieto: robar, espiar, pactar con el narco y comprar a opositores, periodistas, legisladores y gobernadores, pagando en efectivo.

De lo que fue el modus operandi de Felipe Calderón y de lo cual hizo toda una escuela el Grupo Atlacomulco, los medios están haciendo una reverberación para achacar al actual régimen todo lo que los gobiernos anteriores hicieron.

Dicho eso, Villamil entra en materia al afirmar que la situación que estamos viviendo tiene que ver con el colapso en la relación Gobierno, medios y sociedad. El derrumbe del viejo modelo no se dio con la victoria de Andrés Manuel López Obrador y del movimiento que lo apoya, sino que ocurrió mucho tiempo antes de 2018. De hecho, la fractura de esa relación hizo posible el triunfo electoral que durante 12 años el aparato de poder trató de evitar.

Un trato mercantil

Durante muchos años, la relación entre medios y Gobierno fue mercantil. No fue una relación de bien público, dice el autor de más una docena de libros con ensayos sobre la transición política, los vínculos de la televisión con el poder y el papel de las audiencias en el cambio del modelo comunicacional.

“Todo era una mercancía: las entrevistas, las menciones, los reportajes e, incluso, los golpes mediáticos. Genaro García Luna y Carlos Loret de Mola no transmitieron de manera casual un montaje televisivo que, fabricado en diciembre de 2001, todavía tiene resonancias. No fue algo fortuito, fue pagado en especie (en favores) o en dinero”, expone Villamil.

“Así fue la relación prensa-poder en el 80% de los grandes medios de comunicación, en especial en la televisión privada, la radio comercial y buena parte de la prensa. En el mejor de los casos, se criticaba al gobierno en turno buscando mayor audiencia ante la crisis de credibilidad que, desde antes de 2018, ya tenían Televisa, TV Azteca, Milenio y muchísimos periódicos, incluso también algunos medios digitales.

“El derrumbe de esta relación inicia en 2009 y más señaladamente en 2010, cuando se da la ruptura de la sociedad con el gobierno de Felipe Calderón porque ensangrentó al país. Aunque ahora se les olvida, en ese año vimos a personajes como Emilio Álvarez Icaza o Javier Sicilia encabezar movimientos en defensa de las víctimas. Y aunque esas mismas figuras de la sociedad civil decidieron de repente ceder ante el Gobierno de Calderón, ya era muy fuerte y grande el movimiento cívico que se expresó en las redes sociales como No Más Sangre.

“Así, en la segunda década de este siglo fue que se produjo un quiebre en la relación de los medios y la sociedad. Los medios tradicionales (prensa, radio y televisión) tardaron en entender la ecuación, y para cuando entendieron el fenómeno ya las redes socio digitales estaban comenzando a ser intoxicadas.

“A partir de 2016, cuando triunfan Donald Trump en Estados Unidos, el Brexit en Gran Bretaña y Bolsonaro en Brasil, se dan una serie de fenómenos que se complican con la pandemia (2020-2021) y, como consecuencia, alteraron la ecuación de medios, Gobierno y sociedad (o, mejor dicho, el pueblo).

“Sucedió que el viejo poder del rating, que era el dominante en los medios electrónicos, se transformó en el poder del algoritmo. La vigilancia, el espionaje, la desinformación y la intoxicación se impusieron por encima de la libertad de información y deliberación. En ese sentido, la utopía de las redes sociales se volvió distopía: una pesadilla que aterra a todos los que interactuamos en medios digitales.”

Sin derecho a picaporte

Para Jenaro Villamil, se requería de un nuevo ecosistema mediático para propiciar en México el gran cambio político y social. “Se derrumbó en 2018 la damnificada estructura del poder político, pero se quedaron las mismas estructuras y actores mediáticos que, acostumbrados a una relación de simulación con el poder, se desequilibraron cuando ya no hubo nada qué simular. No había un presidente débil que necesitara de la legitimidad que dan los infomerciales, las entrevistas pagadas o los telemontajes, sino que hay un mandatario fuerte que llegó con 30 millones de sufragios, más del 50% de la votación, sin deberle a esos poderes mediáticos la presidencia”.

En medio de ese desequilibrio, los potentados mediáticos y otros grandes empresarios fueron desplazados y perdieron el derecho de picaporte con el poder político. El mejor ejemplo es José Antonio Fernández, dueño de la empresa Femsa -la principal embotelladora de Coca-Cola en América Latina- y quizá uno de los hombres más ricos de México. Mejor conocido como El Diablo, Fernández es dueño de los Oxxo y socio de Iberdrola, lo que explica por qué este señor financia desde hace mucho tiempo portales digitales, a periodistas y columnistas, sin que ellos mencionen su nombre ni se le vea mucho en público, apunta Villamil.

Un personaje más mediático es Claudio X. González, quien acaba de formar “El club de los blanquitos”, una oposición racializada. Con él operan “las redes de intelectuales y burócratas desplazadas del poder”. Así como PAN y PRI, “los partidos políticos humillados porque después de haber cogobernado desde la época de Salinas hasta la fecha, están reducidos a su mínima expresión”.

Estos grupos comenzaron a utilizar, después de 2019, el poder del algoritmo. Y este les dio la capacidad de intoxicar la comunicación a través de Twitter, Facebook, YouTube, Instagram o, ahora, TikTok, colocando el insulto, la infamia y el miedo como prioridad, señala el analista de medios.

Infodemia que no acaba

“Durante la pandemia, la información fue desplazada por la desinformación. De hecho, vivimos una epidemia de desinformación, la infodemia, que coincide exactamente con la pandemia de Covid. Pero aunque el potencial del coronavirus de amenazar la salud pública ha aminorado, la infodemia continúa y se ha sofisticado”, opina Villamil.

“Ya no solamente utilizan al espacio ancla, por ejemplo, a LatinUs de Carlos Loret de Mola (quien siempre ha sido un mercenario), sino que para incrementar la efectividad integran una coalición con otros medios digitales, algunos de los cuales tuvieron desgraciadamente mucha credibilidad y apoyo de la sociedad en otro tiempo.

“Actuando con nado sincronizado, estos medios aliados empiezan a hacer escándalos, sobredimensionando los hechos y hasta utilizando estrategias jurídicas. Así vimos el tema de los amparos en el caso del Tren Maya o esa campaña política y hasta académica para inflar la falsa amenaza de la militarización, cuando fueron los gobiernos del PAN y el PRI los que realmente militarizaron al país sin reformar la Constitución.”

Libros sin rigor

A la campaña periodística -sigue diciendo Villamil-, los detractores de la 4T suman ahora una estrategia de divulgación editorial, con libros que no están hechos para que la gente los lea pues son textos más bien pobres, burdos y sin rigor. “Como supuestos reportajes de investigación, no pasaron por la más elemental prueba de confirmación ni de veracidad. Literalmente, son libros no veraces”. Y lo que hacen es copiar lo que funcionó en el sexenio de Peña Nieto:

Si Aristegui lanzó un gran reportaje llamado “La casa blanca” que, en 2014, generó una crisis de imagen y legitimidad para el presidente Enrique Peña Nieto; en 2021 inventaron “La casa gris” de José Ramón López Beltrán y publicaron reportajes y hasta un libro.

“Pero resulta que la casa gris no es propiedad del hijo del presidente, sino una vivienda rentada, y no hay prueba ni confirmación documentada que el contrato de arrendamiento haya sido producto de un acuerdo ilegal. En cambio, la casa blanca sí fue un cochupo a Peña Nieto por parte del empresario Juan Armando Hinojosa Cantú (Grupo Higa), constructor de una de las terminales del aeropuerto de Toluca y contratista consentido del grupo Atlacomulco y del entonces gobernador del Estado de México.

“Si en 2017, CitizenLab, organismo encargado de fiscalizar el espionaje a los ciudadanos, destapó el escándalo porque la empresa israelí NSO Group le vendió Pegasus, un sistema de espionaje intrusivo, al Gobierno de Enrique Peña Nieto como antes se lo había vendido a Felipe Calderón; en 2022 le quieren trasladar el escándalo a la Sedena, pero sin pruebas.”

Con ese programa se espió a decenas de activistas y periodistas, incluyendo a Villamil. A Fabrizio no le pudieron implantar el malware en su teléfono celular, porque afortunadamente no abrió el correo. “Sin embargo, la misma CitizenLab dice en su dictamen forense que no pueden confirmar que Pegasus haya sido utilizado actualmente por el Gobierno ni por el Ejército mexicano, para espiar” a dos prohombres y una prócer de este país (los periodistas Gabriela Warkentin y Ricardo Raphael o Luis Fernando García de la Red de Defensa de los Derechos Digitales) como dicen quienes armaron el escándalo.

En esa polémica, los medios ya olvidaron que en el pasado hizo espionaje electrónico a través de la geolocalización hasta el Gobierno del prianista Rafael Moreno Valle, “uno de los más corruptos que ha vivido Puebla. El entonces gobernador espió hasta a su propia esposa”.

“La inquieta reportera Dolia Estévez, siempre tan acezante para perseguir la nota, descubrió que hay una agencia espacial mexicana (la cual ella describe como si fuera la NASA) que firmó un convenio de intercambio con Rusia. Ese tipo de acuerdos los hacen todas las agencias espaciales, pero Estévez sugiere que al permitir que opere en México el geolocalizador satelital Glonass, los rusos supuestamente van a descubrir todo lo que hacemos los mexicanos.”

Veracidad y credibilidad

Mejía Madrid, observa Villamil, ya tiene bien detectado que cada fin de semana inventan algo con lo que, según ellos, van a derrumbar la 4T. Para contrarrestar esa estrategia, “usamos un modelo de comunicación que apenas estamos construyendo y que surge de las ruinas de lo que quedó”.

“Tanto los medios públicos que me corresponde coordinar, como los medios digitales de esos jóvenes que participan en YouTube o en Facebook y están haciendo sus propios grupos de periodismo, resisten a esa intoxicación. En parte, gracias a estos dos aparatos mediáticos, no le han hecho mella a la popularidad del presidente ni al Gobierno.

“Luego de 30 años de estar combatiendo a López Obrador, nunca han entendido que el tema no es la persona de Andrés Manuel sino el movimiento social que representa. Están ante un fenómeno que nunca en sus vidas habían visto: AMLO no es un político de teflón ni un presidente títere de televisoras o de empresas transnacionales.”

Como no aprenden a leer eso, cada vez cometen más numerosos y más graves errores. Están perdiendo credibilidad incluso periodistas y conductores que tenían mucha. “Tengo la convicción de que la veracidad y la credibilidad, a pesar de los errores que, por supuesto se han cometido y de los problemas irresueltos, están del lado de la Cuarta Transformación”, remata Jenaro Villamil.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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