COLUMNA: Ojo de Mar

De oficio a profesión

Por Adalberto Carvajal

En su doble papel de Estado soberano y de Santa Sede de la Iglesia católica, el Vaticano fue pionero en el establecimiento de medios de comunicación institucional.

Cuando ya contaba con servicio postal y estampillas propias, la Ciudad del Vaticano fundó su periódico oficial, L’Osservatore Romano, en 1861. La estación de Radio Vaticano nació en 1931, aunque hubo que esperar hasta 1983 para ver nacer el Centro Televisivo Vaticano, hoy Vatican Media que tiene su propio canal de YouTube y transmisión online.

La diplomacia vaticana todavía se comunica con la Secretaría de Estado mediante telegramas, pero empiezan a ser comunes los correos electrónicos. Sin embargo, la Curia Romana debe saber que el servicio telefónico no garantiza que las conversaciones sean privadas, según revela el periodista Frédéric Martel en su libro Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano (Roca Editorial, 2019).

En Occidente, la Iglesia católica fue determinante para la profesionalización de los periodistas. En México se empezaron a ofrecer estudios escolarizados de Periodismo en planteles como el que ahora lleva el nombre de Carlos Septién García, en Ciudad de México, fundada en 1949 bajo los auspicios de la Acción Católica Mexicana o, en 1962, el Instituto Pio XII en Guadalajara, que luego se transformaría en la Universidad Católica del Valle de Atemajac (Univa). Por su parte, la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México abrió en 1960 la primera licenciatura en Ciencias de la Comunicación en el país y en América Latina.

Uno de los jesuitas que tuve como profesor en el Iteso reconocía que, uno de los móviles para fundar la carrera, fue ofrecer una salida profesional a los estudiantes de Teología que no llegaban a ordenarse sacerdotes algo más allá del magisterio en Filosofía y Humanidades a nivel bachillerato. La comunicación social resultó entonces una apropiación laica del carisma evangelizador.

Tipos de periodismo

En el reconocimiento de una especificidad del periodismo religioso, hay que partir de una tipología del periodismo lo más amplia y categorizada posible.

Al periodismo se le reconoce, entre otras características, por los géneros que se practican, por el lenguaje que utiliza y por los medios a través de los que se difunde.

Por su género, hablamos de periodismo informativo y periodismo de opinión, en función del propósito que persiguen.

Entre los géneros informativos, tradicionalmente, se ubican la “noticia” y, en su forma más ampliada, el “reportaje”. Y entre los géneros de opinión, el “editorial” que refleja la línea o postura del medio, el “artículo de opinión” y la “columna”. Hay además una serie de géneros que podemos considerar mixtos, como son la “entrevista” y la “crónica”. Mientras algunos textos hablan del “perfil” como otro género híbrido.

En el contexto del Nuevo Periodismo, estos nuevos géneros se nutren de todas las herramientas de la narrativa de ficción. Al grado que se habla ya de un periodismo literario, esto es, del periodismo como una forma de la literatura.

Hablamos de la literatura como una de las bellas artes o literatura de creación como también se le dice, porque en tanto “literatura ancilar” como la describe Alfonso Reyes en El Deslinde (1944), el periodismo ha sido considerado desde siempre texto, material de lectura, cultura letrada.

Más allá de su origen funcional, algunos textos periodísticos han llegado a ser considerados obras literarias, y sus autores escritores en toda la extensión de la palabra, desde Truman Capote hasta Ryszard Kapuscinski, por no hablar de los premios Nobel: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Svetlana Aleksievich.

El Blanco Móvil

En cuanto a los géneros periodísticos, Miguel Ángel Bastenier en El Blanco Móvil. Curso de Periodismo (Ediciones El País, 2001; p.p. 32-33), el libro de texto de la escuela de ese periódico español, habla de tres troncales: a) Seco o informativo puro, b) Crónica y c) Reportaje; “de manera que a medida que vamos avanzando en la generificación del material informativo, irá aumentando también la personalización del mismo, la atribución creciente… de la propiedad intelectual, del dominio sobre el texto que posea el autor. Paralelamente, como un derivado o subgénero de la crónica, se halla el análisis, …y del reportaje, la entrevista, con todas sus eventuales variantes”.

Para Bastenier, el género seco expresa el punto de mínima personalización, “pasando por el género intermedio de la crónica, para llegar al grado máximo de intervención personal, allí donde el autor es más propietario de lo que escribe, que se da en el reportaje”.

Y si dibujamos la relación que tienen entre sí los géneros en forma de círculos concéntricos sucesivos, a partir de un núcleo central que sería la información seca, en un círculo exterior estaría la crónica y, en uno más amplio, el reportaje: “…la crónica incorpora todo lo que contiene el género seco, y el reportaje, a su vez, está integrado por todos los recursos expresivos que encontramos en los dos anteriores”. El análisis pertenece al planeta-crónica y, la entrevista, al planeta-reportaje.

Esta centralización que hace Bastenier del trabajo periodístico en los géneros que implican la gestión directa de información, y no sólo la opinión a manera de glosa de la información generada por otros, explica por qué muchos colegas se enorgullecen de ser periodistas que reportean, distinguiéndose así de los comentócratas que simplemente opinan.

Por cierto, el viejo debate entre los periodistas profesionales que tuvieron una formación empírica y los que egresaron de las universidades, ha derivado en una polémica acerca de las diferencias entre los periodistas-periodistas y los simples informadores: una categoría que, según los primeros, abarca desde los llamados “periodistas ciudadanos” a los perfiles emergentes del influencer y el youtuber.

Hablado o escrito

Por sus lenguajes, hablamos de periodismo escrito y periodismo hablado, de periodismo gráfico y periodismo audiovisual.

Concretamente, en el periodismo gráfico encontramos diversas categorías y funciones de la imagen, desde el fotoperiodismo hasta el cartón (también llamado viñeta o caricatura política), pasando por todas las posibilidades del relato audiovisual.

Por el medio que lo difunde, hablamos de periodismo impreso, periodismo radiofónico y periodismo televisivo. Hubo un tiempo en que se hizo también periodismo cinematográfico, con noticieros y documentales, pero estos formatos fueron absorbidos por la televisión.

De hecho, la nueva televisión a través de canales Premium como HBO y de las plataformas como Netflix y Amazon Prime, se han convertido en el refugio del documental, ya que estas producciones fueron excluidas de las salas cinematográficas.

Desde la masificación del internet, distinguimos a los anteriores medios analógicos de sus equivalentes digitales que, por efecto de la convergencia tecnológica, constituyen hoy una multimedia.

Hablamos, entonces, de medios tradicionales y medios digitales. Y dentro de este último ciberperiodismo, es importante distinguir la prensa digital de los usos informativos que se les dan a las redes sociales.

En ese gran debate que se da en la industria de medios y el gremio periodístico con respecto a los influencers, periodistas ciudadanos o informadores de las redes sociales, la primera complicación teórica es que muchas veces estos blogueros o youtuberos, estrellas del Twitter, Facebook e Instagram, cuentan con los mismos recursos tecnológicos de un medio tradicional que migró al ciberespacio. Por eso, es fácil en el universo del ciberperiodismo confundir a los periodistas profesionales con quienes técnicamente no lo son.

La gran diferencia entre unos y otros, dijo el español Francisco Rosell, director del diario madrileño El Mundo en un foro de periodistas en la Universidad Complutense celebrado el 9 de octubre de 2019, es que los verdaderos periodistas dan la cara, responden de su información ante los demás. Igualmente, los auténticos medios de comunicación, ya sea tradicionales o digitales, son los que se encargan de verificar, jerarquizar y contextualizar la información. Una labor que “hoy es más necesaria que nunca”.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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