COLUMNA: Ojo de Mar

Narrar es entender

Por Adalberto Carvajal

Si el periodista es un contador de historias, el medio de comunicación es un narrador social, señala José Francisco Serrano Oceja en el capítulo dedicado a “Periodismo religioso” dentro del volumen Áreas del Periodismo (Cebrián Enrique, Bernardino y Mirón, Luis María, coord. Colección Periodística, 54; Comunicación Social, Ediciones y Publicaciones, Salamanca, 2013; p.p. 183-201).

Para este doctor en Ciencias de la Información y decano de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo de Madrid: “Narrarse es entenderse, el periódico se narra a sí mismo y narra lo otro: la narración de la realidad es una operación cognitiva y, por ende, social. Cuando nos preguntamos por lo trascendente en los medios, nos preguntamos por la narración de lo Otro; por las estrategias de narración de Otro y su relación con la narración de las acciones humanas”.

La vida humana tiene una estructura narrativa, y en ella coexisten impredecibilidad y un carácter teleológico (que tiene un propósito). Por eso en casi todas las culturas el medio principal de educación moral es contar historias, de ficción o reales. En ese sentido, “la Iglesia representa al sujeto narrativo de presencia de lo trascendente, y se explica en la medida que se narra”.

En su encíclica Redemptoris missio (1991), Juan Pablo II observa que las nuevas generaciones crecen en un mundo condicionado por los medios de comunicación. Sin embargo, “generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio del evangelio y para la formación cristiana, mientras los medios de comunicación social se dejan a la iniciativa de individuos o de pequeños grupos, y entran en la programación pastoral sólo a nivel secundario”. El mensaje cristiano y el magisterio de la Iglesia deben integrarse a esta nueva cultura creada por la comunicación moderna, dijo el papa Wojtyla.

Para Serrano, la narración, “o está abocada al sentido o se convierte en un ejercicio de solipsismo (creencia metafísica en que uno solo puede estar seguro de la existencia de la propia mente) humano y social, de aislamiento y, al final, de dominio y manipulación”.

En los medios hay una tendencia a establecer un criterio de normalidad como sistema generalizado de conocimiento. Pero al renunciar a desvelar la naturaleza de las cosas, la razón de sus causas, de sus consecuencias, de su sentido, los medios buscan desproporcionadamente lo anormal. “Lo extravagante se convierte en criterio de selección informativa”.

Comunicativamente trascendente

¿Puede haber un diálogo entre cristianismo y modernidad en los medios de comunicación? Serrano piensa que no, que el diálogo debe darse previamente en los presupuestos de la razón y la educación.

Para el autor, los medios han perdido su comprensión del sentido de la vida y del hombre, porque los nuevos filósofos sociales, los agentes de la comunicación, no están convencidos de que la naturaleza, la realidad que existe y que es objeto de su trabajo, sea una realidad significativa. Creen que “para que la vida sea respetada plenamente debe ser entendida y completada en el envoltorio de lo noticioso, de lo importante, de lo novedoso”.

Hoy la comunicación es el nuevo nombre del progreso. La conciencia comunicativa de la Iglesia Católica “está anclada en los referentes de cambio social, de crítica social y de evolución de la sociedad, sobre todo en la percepción pública”.

“La Iglesia que es comunicación en la medida que se define como comunión del hombre con Dios y de los hombres entre sí, se siente inmersa en esta nueva cultura que son, y crean, los medios de comunicación, en un permanente juicio de credibilidad, de viabilidad social de su mensaje y de su presencia”.

En el régimen de opinión que han favorecido los medios, se hace cada vez más difícil “establecer las diferencias entre la evidencia, la certeza y verdad”. Nuestra capacidad de comprender lo real, se pone en entredicho por la facilidad con la que se nos presenta en los medios la apariencia de realidad social.

Religión en el planeta media

“En medio de la actual crisis, el Periodismo también está en crisis. Y no precisamente por la ausencia de recursos económicos o por la explosión de lo político. La principal crisis es la nueva relación que se establece entre medio y receptor, en el uso y consumo de los medios, en la inmersión en el espacio de la Red”, escribe Serrano Oceja.

El autor señala que el nuevo paradigma del internet afecta decisivamente a todos los campos de la Información Periodística Especializada (IPE), en la medida que conforma nuevos modelos de conocimiento.

La fascinación, que llega a niveles de adicción, con la que nos acercamos a los medios, “sufre la atrofia de los fines”. La sociedad vive en dependencia mediática. El “planeta media” no resuelve el problema de lograr la dignidad y el progreso integral de la persona. Parafraseando a E. Husserl, “vivimos la incidencia de la colonización tecnológica del mundo de la vida”, sentencia Serrano Oceja.

Producción y cultura

Una identificación absoluta entre logos (mente) y techné (máquina), entre lo cultural (creación y manipulación de símbolos) y los productos materiales (bienes y servicios), diluye la capacidad de pensar sobre la cuestión del sentido, señala Serrano.

En esta sociedad de la comunicación y la información, un paso más allá de la revolución industrial, ¿es posible una IPE que contribuya a un humanismo en las sociedades de redes, un humanismo cívico?

Para el autor, un Periodismo especializado en materia religiosa que contribuye al conocimiento experto destinado al progreso de la sociedad, es parte de ese humanismo cívico: fomenta el desarrollo de lo específicamente humano en la red, y potencia en internet las virtudes sociales.

Según Serrano, los nuevos medios de la sociedad en red deben articularse en torno a las siguientes características:

1.- El “protagonismo de personas reales y concretas, que toman conciencia de su condición de miembros activos y responsables de la sociedad y procuran participar eficazmente en su configuración política”.

2.- “La consideración de las comunidades humanas como ámbitos imprescindibles y decisivos para el pleno desarrollo de las personas que las componen, superación de las actitudes individualistas”.

3.- Una especial relevancia de la esfera pública, concebida como un ámbito de despliegue de las libertades sociales, y como garantía de que las sociedades no sufrirán interferencias ni abusivas presiones de poderes ajenos a ellas.

Consumo, democracia y comunicación

El símbolo de la sociedad actual es el tríptico compuesto por la sociedad de consumo, la democracia de masas y los medios masivos de comunicación. Pero Serrano propone tener en cuenta lo siguiente:

– “El objetivo de la comunicación no es tecnológico, sino que concierne a la comprensión de las relaciones entre los individuos (modelo cultural) y entre estos y la sociedad (proyección social)”. Hay que socializar y humanizar la tecnología, no tecnificar la comunicación. “La productividad de las tecnologías no puede sustituir a la lentitud y las imperfecciones humanas”.

– “Hay que apartarse de la ideología tecnológica que reduce la comunicación a la tecnología”. La comunicación no puede ocupar el lugar de los sistemas que han pugnado por generar valores en la sociedad: la religión, la ciencia y la política.

– “El progreso no se sitúa al lado de la demanda que se realiza en las nuevas tecnologías”. El pensamiento y el humanismo deben estar por encima de la fascinación por las posibilidades exponenciales de la tecnología.

– Y, finalmente, que “no hay racionalidad común a las tres lógicas del emisor, del mensaje y del receptor”.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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