COLUMNA: Ojo de Mar

Gestión de la incertidumbre

Por Adalberto Carvajal

Para José Francisco Serrano Ocejo, la política del conocimiento se ha convertido en un asunto de ciudadanía. Y en un espacio sobrecargado como es internet, “la principal acción política hoy es la organización y gestión de la incertidumbre. La Red representa un desafío cognitivo de primer orden. Y en la gestión de la incertidumbre, la (información periodística especializada) IPE juega un papel fundamental”.

En el capítulo dedicado a “Periodismo religioso” dentro del volumen Áreas del Periodismo (Cebrián Enrique, Bernardino y Mirón, Luis María, coord. Colección Periodística, 54; Comunicación Social, Ediciones y Publicaciones, Salamanca, 2013; p.p. 183-201), Serrano cita a Daniel Innerarity cuando deduce que, más que en una sociedad del conocimiento que nos exige una gestión de nuestra ignorancia, vivimos en una sociedad de la desinformación y del desconocimiento.

“Nuestra ignorancia es consecuencia de tres propiedades que caracterizan a la sociedad: 1) el carácter no inmediato de nuestra experiencia del mundo; 2) la densidad de la información; y 3) las mediaciones tecnológicas a través de las cuales nos relacionamos con la realidad”.

Yo sólo sé que sé poco

Desglosemos esas tres propiedades sociales de la información:

1.- “Si sólo supiéramos lo que sabemos por nosotros, sabríamos poco”. Nuestro conocimiento es mediado, de segunda mano. Está edificado sobre la confianza y la delegación. Por lo demás, “la sociedad en red está agudizando el contraste entre lo que se puede saber y lo que se debe saber”. Avanzamos hacia la sociedad del desconocimiento. En otros momentos de nuestra cultura los seres humanos conocían poco, pero eso era todo lo que podían y debían conocer. El saber transforma la información en complejidad y, en una sociedad de la complejidad, aumentan los retos y los desafíos a los que dar respuestas. “¿Cuánto más sabemos como especie, más se aleja nuestro mundo del sentido común?”

2.- La información es densa. Y “la especialización y fragmentación del conocimiento han producido un incremento de información que no va paralelo a nuestra comprensión del mundo. El saber de la humanidad se duplica cada cinco años”. Con internet tenemos más noticias, pero “somos menos sabios en relación con el saber disponible. El saber exige visiones de conjunto que son cada vez más difíciles”. Sabemos que todo está vinculado con todo, pero no sabemos por qué. Y “la información no orienta”, no distingue entre lo que tiene sentido y no lo tiene. No hay información sin interpretación: no está más informado el que tiene acceso a muchos datos, “sino el que aprende y sabe interpretar, filtrar”.

3.- La humanidad es cada vez más inteligente, y la sociedad es más inteligente que cada uno de nosotros. Pero en un mundo de expertos, el saber ya no es una experiencia directa, “el rumor es el entramado general del saber mediático” y los dispositivos electrónicos “prótesis de lo que ya no se comprende”, declaraciones de capitulación de la experiencia personal. Como en la economía y la política, en el uso de la tecnología “la comprensión ha sido sustituida por la aceptación”. Vivimos una esclavitud voluntaria, el usuario es un cliente de la simplicidad. En ese sentido, los niños son más competentes que sus padres en el universo de los nuevos medios, porque la competencia no se adquiere mediante la lectura de los manuales e instructivos sino mediante el placer del uso. Lo cual no es bueno ni malo. El progreso no es potenciado por lo que los humanos piensan sino por lo que les ahorra el pensar. “La civilización avanza en la medida que haya aparatos que nos permitan actuar sin tener que reflexionar”.

Entre los medios y la Iglesia

El principal escollo a la hora de desarrollar los fundamentos de una información religiosa especializada (IRE), que es como llama Serrano Oceja al periodismo especializado en religión, “es la carencia de un acuerdo o consenso teórico, que no práctico, respecto a la definición, contexto y proceso de la información de las relaciones entre Iglesia y medios”. La IRE como síntesis de la dialéctica entre la lógica mediática y la lógica eclesial.

Doctor en Ciencias de la Información y decano de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, Serrano señala que la Iglesia y los medios no siempre han mantenido buenas relaciones.

Citando a Antonio Montero, catedrático de la Escuela de Periodismo de la Iglesia, Serrano menciona que paralela a la historia de los periódicos de masas, en España discurre la preocupación de los católicos por el “apostolado de la prensa”. Teólogos escribieron tratados metodológicos sobre la difusión de las buenas lecturas y la neutralización de las malas. Les interesaban más los aspectos ideológicos que los informativos. Y no había “mayor urgencia por descubrir a los hombres la vida de la Iglesia”. Esta labor la hacían las revistas religiosas de circulación intraeclesial, y aún en estas perdura la preponderancia de lo formativo sobre lo propiamente noticioso.

Aunque una publicación es católica y la otra antitrinitarista, medio informativo es hasta cierto punto un boletín de la orden de los Misioneros de Guadalupe que llega a mi casa, mientras que ideológicas e intemporales son los cuadernillos que distribuyen los Testigos de Jehová: La Atalaya y ¡Despertad!

El informador religioso

Pero el principal problema para el desarrollo de una IRE, sigue diciendo Serrano Ocejo, radica en la lógica de la naturaleza y proceso de la producción de la información, tal como hoy la entendemos.

En una cita distinta del mismo Antonio Montero, señala que para “el recto ejercicio” de la información religiosa, hay que sortear los escollos comunes a la labor informativa en cualquier campo (política, sucesos, deportes, tribunales): “Conocer los hechos con precisión, enjuiciarlos con criterio recto, difundirlos con intrepidez y buen oficio periodístico. Todo ello con la rapidez reclamada por el cliente y constitutiva de la actividad periodística”.

Pero el informador religioso, sigue citando a Montero, puede dar pasos en falso si adopta las siguientes orientaciones:

  1. a) “Aplicar a la información y opinión en el seno de la Iglesia los módulos que rigen, por ejemplo, en la información política de una sociedad democrática, dando por supuesto que Estado e Iglesia son dos instituciones análogas, aunque con diferente contenido”.
  2. b) “Excluir por principio a la información y a la opinión en el seno de la Iglesia de las leyes intrínsecas del fenómeno informativo, olvidando la naturaleza visible, histórica y social de la religión cristiana”.

El valor noticioso

Para Serrano, los medios suelen comprender la realidad como un proceso de superación de conflictos, en búsqueda del orden democrático y el bienestar social. Pero a la hora de abordar la vida interna de la Iglesia, donde según el autor la categoría fundante no es el conflicto sino la comunión, se da un desfase interpretativo que suele generar un clima de sospecha.

Al aplicar nuestra concepción de periodismo e información en el campo religioso, se corre “el riesgo de ofrecer una visión parcial, artificial y superficial de la realidad, efecto de un proceso de simplificación, mediante la acumulación de hechos sin sentido, redundantes, heterogéneos, trivializados, fragmentarios, en un contexto de idolatría de la actualidad o presentismo, en el que, además, se sacraliza la opinión y se construye un marco idóneo para la verificación del poder ideológico y económico dominante”.

Serrano cita al argentino Diego Contreras que, en un estudio cuantitativo de la información religiosa en varios periódicos internacionales realizado en 1998, detectó “algunos mecanismos a los que se suele recurrir para producir o incrementar el valor noticioso de determinados eventos, declaraciones”, etcétera:

La “yuxtaposición forzada (crear una relación entre elementos que no están relacionados), la focalización forzada (en los casos en que se fija la atención en un aspecto marginal, que no sirve para explicar el conjunto), la amplificación (exagerar un aspecto) y la descontextualización (presentar un hecho sin las claves que ayudan a su comprensión, tal vez por temor a que esas claves quiten ‘impacto’ a la noticia)”.

El lunes, la conclusión de esta serie sobre Periodismo Religioso. 

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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