COLUMNA: Ojo de Mar   

Por culpa de internet

Por Adalberto Carvajal

Contra la idea de que en internet “no cuidamos ni la ortografía ni la puntuación”, el aserto de que “es mejor comunicarse en persona” o que “cada vez escribimos y leemos menos y peor” al usar la tableta o el teléfono inteligente, la lingüista canadiense Gretchen McCulloch asegura que “cuando enviamos WhatsApps y publicamos tuits, nos fijamos cada vez más en lo que queremos decir y en cómo queremos decirlo”.

Así lo resume Jaime Rubio Hanckok en su reseña de Because Internet (Porque internet), el libro de McCulloch que cuestiona esos tópicos de la relación de lengua e internet y propone casi lo contrario.

Para la lingüista canadiense, todo es una cuestión de registros. Estábamos acostumbrados al lenguaje oral formal (el de un discurso, por ejemplo) y al informal (una charla con un amigo). También a leer textos formales (artículos, libros). Pero lo que ha crecido con internet es el lenguaje escrito informal, que hasta la aparición de chats, redes sociales y apps de mensajería estaba confinado a notas, cartas y diarios. “Internet no inventó la escritura informal -dice McCullock-, sino que la hizo más común”.

En pocas palabras, ahora escribimos muchos textos informales y eso es bueno, señala Rubio Hanckok en el texto que publicó en Verne, el suplemento electrónico de El País: “Internet ha cambiado la lengua, pero no para mal”.

Cito en extenso al reseñista cuando advierte que el hecho de que sean textos informales no quiere decir que se descuiden, porque cuando escribimos un tuit o enviamos un WhatsApp seguimos una serie de normas más o menos conscientes y cuyo objetivo es que nos entiendan. Estas son algunas de las características de estos textos, enlista Rubio Hanckok:

Menos no siempre es más

1.- Menos no siempre es más. McCulloch recuerda que, por lo general, tendemos a ser lo más eficientes posibles con el lenguaje. Es decir, a intentar transmitir el máximo significado con el mínimo esfuerzo. Pero el principio de la economía no es lo único que tenemos en cuenta: a menudo hacemos un esfuerzo extra y es precisamente ese paso más lo que aporta otro significado a nuestros mensajes.

Por ejemplo, si usamos más palabras podemos transmitir cierta voluntad de ser más educados y no molestar a nuestro interlocutor innecesariamente, con expresiones como “si no es molestia”, “perdona si interrumpo”, además de los siempre bienvenidos “gracias” y “por favor”. McCulloch explica que cada vez hay menos malentendidos por ese motivo: algunos rasgos que se han atribuido a los textos por internet, como la frialdad y distancia, han sido fruto, según la lingüista, “de una curva de aprendizaje” y eran más propios de hace dos décadas que de ahora.

Esto no quiere decir que nuestras intenciones siempre se entiendan. McCulloch recuerda, por ejemplo, que muchos padres escriben mensajes con punto y final a sus hijos. Los más jóvenes interpretan ese punto como un mensaje pasivo agresivo.

No se trata de una manía sin sentido: cuando escribimos de modo informal a menudo queremos subrayar que estamos en un espacio, precisamente, informal, con lo que ayudamos a que nuestro interlocutor se sienta cómodo. Cuando añadimos ese punto, estamos haciendo un esfuerzo extra, por pequeño que sea, que se considera innecesario en este contexto. “Estamos creando nuevas reglas para el tono de voz tipográfico”, subraya McCulloch.

Medio en serio

2.- <Modo serio on>. La ironía se puede entender. La propia lengua de internet también evoluciona: LOL se empezó a usar en los años 80 para expresar que algo nos había hecho reír (son las siglas de laughing out loud). Luego pasó a expresar simplemente que algo nos había hecho cierta gracia, para pasar a reservarse a un uso irónico. Aunque pasó unos años olvidado, el acrónimo se vuelve a utilizar, pero en otros contextos: cuando se quiere suavizar un mensaje o se busca cierta complicidad o simpatía.

Los acrónimos anticuados son solo una de las formas mediante las que se puede expresar la ironía, en ausencia de rasgos como el tono de voz o los gestos. A veces se usan mayúsculas para enfatizar y se repiten vocales, por ejemplo. En ocasiones se usan métodos más explícitos, como marcar la ironía igual que si se tratara de código <modo ironía on>. También con las clásicas comillas, que se pueden usar a su vez de modo irónico, como en este artículo metairónico de la web de humor McSweeney’s, en el que el autor confiesa ser “adicto” a la ironía. </modo serio off>

Formal o informal

3.- Identificamos y usamos bien los registros. Sabemos cuándo hablar de forma más formal (ante el consejo de administración de nuestra empresa) o informal (con un amigo). Con la lengua escrita pasa lo mismo. Como dice la autora, en las tesis doctorales no se escriben textos como “la mecánica cuántica es un poco wtf 😲”.

Incluso puede haber diferentes registros dentro de lo informal. McCulloch recuerda cómo cada vez más se usan diferentes plataformas para diferentes contextos: no es lo mismo un tuit, rastreable y recuperable en una futura entrevista de trabajo, que una historia de Instagram, que desaparece a las 24 horas.

Otros cambios vienen dados por la tecnología: WhatsApp y los teclados predictivos han desterrado los mensajes propios de los sms con limitación de caracteres y un puñado de teclas para todas las letras. Ya nadie escribe “dnd stas?”, a pesar de que estas abreviaciones iban a terminar con el español tal y como lo conocemos, según los más agoreros.

Carita feliz

4.- Los emojis y emoticonos son gestos. A menudo, cuando enviamos un whatsapp o publicamos un tuit, intentamos usar la tecnología para “reconstruir nuestros cuerpos en la escritura”, escribe McCulloch. Cuando hablamos podemos encogernos de hombros, sonreír o llevarnos las manos a la cabeza. Los emojis de caras y manos cumplen precisamente la función de estos gestos en la comunicación no verbal, llamados emblemas. Encajan dentro de frases y si no se entienden bien, pues ¯\_(ツ)_/¯.

5.- Todo esto ya lo hacían nuestros abuelos. Aunque muchos de esos recursos nos parezcan nuevos, ya habíamos usado herramientas similares hace décadas. En las notas que dejábamos en la nevera y en las postales que enviábamos desde la playa a menudo dibujábamos caras sonrientes, por ejemplo.

También hay dibujos y garabateos en manuscritos, diarios personales y cartas. De hecho, el móvil no ha inventado los corazones en los textos: la imprenta los eliminó porque añadir cualquier carácter era caro. ☞ Con alguna excepción, como la manecilla, el carácter con forma de mano que señalaba fragmentos de interés, concluye la reseña.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

 

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