Opinión

COLUMNA: Ojo de mar

Por Adalberto Carvajal

Twitter y el periodismo

¿Cómo afectaría al poder mediático y a la libertad de información un hipotético cierre de Twitter?, se pregunta Manu Levín en La Base, el podcast de diario Público que en su emisión del 21 de noviembre de 2022 (https://www.youtube.com/watch?v=j9WGZJL3f6Y&t=630s) fue dedicado a responder a preguntas como: ¿Tiene Twitter las horas contadas?

Bajo la conducción de Pablo Iglesias, el elenco de La Base (Sara Serrano, Manu Levín e Inna Afinogenova, con Gerardo Tecé como invitado especial) dedicó todas sus secciones a analizar el porvenir de Twitter.

Ya en su sección “Titulares al banquillo”, Levín hizo una excepción en la dinámica habitual de analizar cabezas y cortes de televisión y de radio, para reflexionar un poco sobre las consecuencias que podría tener en el periodismo, en el poder de los grandes medios de comunicación y en el derecho a la información de la ciudadanía que Twitter cerrara definitivamente.

“Twitter se ha convertido en una red muy importante para el mundo del periodismo. De hecho tiene una dimensión clave, casi principal, de ser una suerte de espacio de comunicación entre periodistas y políticos. Muchos portavoces de partidos, diputados y responsables políticos en general usan Twitter como canal privilegiado de comunicación, para hacer todo tipo de anuncios, difundir sus mensajes o tratar de instalar determinadas ideas en la prensa y en la sociedad. Y viceversa, muchos periodistas dedican gran atención a lo que sucede en esa red social y, es más, algunos pasan más tiempo tuiteando que escribiendo piezas periodísticas en los medios donde trabajan.

“A veces, para entender por qué un determinado periodista dice ciertas cosas en sus piezas y por qué las dice como las dice, es útil echar un vistazo a su timeline en Twitter, a las cosas que retuitea y a las que da like. Eso aporta información respecto a qué es lo que piensa ese periodista y, por tanto, cuál es la línea ideológica que imprime en su propio trabajo periodístico. Pese a que hay algunos a los que les encanta decir, con cierta soberbia, que ellos sólo se limitan a contar lo que pasa, a describir la realidad tal cual es frente a los relatos de los demás, ya sabemos que la objetividad es un unicornio. Detrás de cualquier crónica siempre hay una línea editorial determinada, desconfíen de un periodista que rechace que se le atribuya una intención y que diga que él simplemente cuenta lo que sucede”, sostiene Manu Levín.

Los medios mienten más

“Comparto en términos humanos y emocionales lo que planteaba Pablo Iglesias en el editorial de La Base, acerca de la toxicidad que hay en Twitter y cómo eso nos afecta a todos. Estoy de acuerdo también en que no hay que hacer un fetiche de las redes sociales en general, ni de Twitter en particular, porque es cierto que el avance tecnológico per se no significa necesariamente que vivamos en un mundo mejor ni y más democrático. La clave no es la máquina sino el uso que se hace de ella.

“En Twitter, efectivamente, hay cuentas falsas, fake news, discursos de odio y es un escaparate para difundir ideas de ultraderecha. Tampoco es que es que esas redes sean del pueblo, sino que son propiedad de grandes compañías privadas y de multimillonarios que son dueños de esas plataformas y pueden hacer con ellas lo que quieran: eliminar cuentas, favorecer a otras o, incluso, acabar con esas herramientas, liquidarlas. Lo que está pasando en los últimos días con Twitter, muestra precisamente eso, así que no debemos fetichizar la red.

“Sin embargo, tampoco comparto ese discurso de estigmatización de las redes sociales y de Twitter, sobre todo cuando ese discurso se enuncia desde el periodismo y desde un corporativismo de la profesión”, apunta Levín.

Ese discurso sostiene que Twitter y las otras redes degradan y dañan la información, o que el periodismo de verdad es el que está en los medios, acota Sara Serrano.

“Hay un discurso desde el poder mediático tradicional, retoma Manu, que viene a plantear eso: que los medios convencionales, bien, y, Twitter, mal; que en la prensa seria y en las televisiones está la verdad, la información veraz y confiable, mientras en las redes está la mentira, la toxicidad y las fake news. Un discurso que presenta a las televisiones y a los periódicos como los guardianes de la verdad y de las esencias de la información fiable, frente a la degradación de todo eso que representarían las redes sociales. Con base en ese discurso, y en relación a lo que está pasando con Musk y Twitter, esos medios tradicionales vienen a decir que sin Twitter viviríamos mejor y que, si cierra la red social, sería una mala noticia para las fake news y para la toxicidad, y una buena noticia para la información veraz.

“No comparto ese planteamiento en absoluto, más bien al contrario, por muchos defectos que puedan tener y que tienen las redes sociales, si cierra Twitter será una mala noticia para la libertad de expresión de la ciudadanía, y una buena noticia para los grandes poderes mediáticos; además de una buena noticia para las noticias falsas porque, desde los grandes medios de comunicación convencionales, los de toda la vida, se miente tanto o más que en Twitter y, a mi modo de ver, se miente de una forma mucho más grave porque los medios convencionales conservan un cierto sello de oficialidad del discurso dominante, frente al carácter subalterno del discurso en las redes sociales”, señala Levín.

Newtral no es neutral

Para Iglesias, es mucho más grave que te esté mintiendo el telediario de máxima audiencia, como ocurre de hecho en España, a que te mienta un tuitero cualquiera.

“Exactamente, retoma Manu, las mentiras en los grandes medios hacen mucho más daño a la democracia que lo que pueda decir cualquier tuitero o participante de un random chat desde su cuarto, y muchas veces son las mentiras que se fabrican en las grandes redacciones las que acaban permeando hacia las redes y no al revés.

“En España, por ejemplo, los grandes bulos que han sido determinantes en la historia de este país fueron difundidos por los grandes poderes mediáticos y no por las redes. ¿O desde dónde se le dijo a todo este país, a pocas semanas de unas elecciones generales, mostrando documentos falsos a cámara fabricados por una cloaca policial, que Nicolás Maduro había pagado 270 mil dólares a Pablo Iglesias, depositándolos en una cuenta creada en el paraíso Fiscal de Granadinas a nombre de su señora madre?

“Ese famoso pero muy burdo bulo, no pasó por Twitter sino que se difundió desde la prensa y desde la televisión. Lo sacó Antonio García Ferreras en su tertulia de La Sexta y, después de él, lo sacaron todos los grandes medios de comunicación mostrando esos falsos documentos a cámara.

“Eso no surgió en las redes sociales ni tampoco se desmintió, en un primer momento, en los grandes medios ni siquiera en las llamadas agencias de verificación. Newtral, por ejemplo, la agencia que montó Ana Pastor, jamás ha hecho verificación de una noticia falsa de Okdiario o de Eduardo Inda. Julián Macías ha estado investigando y acaba de confirmar que, efectivamente, no hay ninguna pieza de Newtral desmintiendo a Okdiario y, por el contrario, muchas veces son las redes sociales el espacio desde el que se consiguen desmentir muchas patrañas que se vierten desde las grandes tribunas del poder mediático.”

Hay muchos ejemplos de esto, interviene Serrano, como todo lo que ha sucedido estos días respecto al Ministerio de Igualdad y a la ley del “solo sí es sí”.

“Toda la campaña de violencia mediática basada en mentiras contra la ley de libertad sexual, se lanza desde las grandes cabeceras de la derecha y la progresía mediática, en connivencia una vez más con una cloaca judicial; no desde las redes. Al contrario, mientras prácticamente todos los medios participaban en esa campaña y atacaban a Irene Montero y a la legislación feminista, las redes sociales han sido prácticamente el único espacio en el que se ha podido enterar uno de las mentiras que se estaban diciendo en los medios convencionales, y desde el que se han ido aportando argumentos que desmontaban toda la campaña machista contra la ley”, sentencia Levín.

Socializar a Twitter

Esto es importante, tercia Iglesias, al fin y al cabo las redes sociales pueden tener defectos y vicios, pero muchas veces son el único contrapoder al gran poder mediático de la televisión, la radio y la prensa convencional. A pesar de los pesares, y aunque las tripas nos digan otra cosa, sería una mala noticia que Twitter dejara de existir.

“Así lo pienso, sin idealizar y sin hacer fetiche. Pero cuando escucho ese discurso hecho desde el corporativismo periodístico que se arroga la representación de la fiabilidad frente a la comunicación en redes, me convenzo más que, sin Twitter y las otras redes sociales, no habría menos fake news de las que hay sino, al contrario, habría más impunidad para las mentiras de los grandes medios de comunicación.

“Lo que está pasando con Twitter demuestra varias cosas: en primer lugar, que, al final, son los trabajadores los que hacen funcionar todo y no los millonarios. Por eso, la plantilla de Twitter puede echarle al tipo más rico de la historia como es Elon Musk el pulso que le está echando.

“En segundo lugar, demuestra que sería deseable otro modelo de propiedad de los medios, pero también de las redes sociales que, en todo caso, son propiedad de grandes compañías y de tipos como Musk. Una infraestructura crítica como es Twitter no debería estar bajo control de un único gran empresario, ni depender de las decisiones y de los caprichos de un multimillonario.

“Y, en tercero, contra lo que decían estos días honorables periodistas como el exdirector de El País, Antonio Caño, respecto a que las redes han hecho mucho daño al periodismo, que en Twitter todo muy mal y que la verdad está en los medios como en los que él escribe mientras la mentira está en las redes, yo no lo veo así.”

Para Iglesias la solución es socializar los medios de producción y, en este caso, socializar Twitter.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com

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