COLUMNA: Paracaídas

¿En este basurero inmoral se convirtió Morena en Colima? 

Por Rogelio Guedea

El movimiento del actual presiente López Obrador tuvo su gran fundamento en la creación de un nuevo paradigma en la forma de hacer política y de ser político: la transformación moral. Con esta bandera (que incluía los mandamientos de no robar, no mentir y no traicionar) logró conquistar la conciencia de millones de mexicanos y, gracias a ello, llegó hace dos años al poder. Aunque al día de hoy su bandera personal ha sufrido varios desgarrones (el más actual el caso de Félix Salgado Macedonio en Guerrero), todavía no pierde por completo su autoridad moral. Sin embargo, más allá de él mismo o de su círculo más cercano, Morena es una cosa distinta, sobre todo en las entidades federativas, a donde no llega el ojo inquisidor central o desde donde se hace de la vista gorda. El líder llegó a evolucionar, pero muchos de sus fieles o simpatizantes no. En Colima, por ejemplo, Morena se ha convertido en uno de los basureros inmorales más pestilentes del movimiento. Para empezar, la candidata de Morena a la gubernatura, Indira Vizcaíno, ha sido sistemáticamente señalada por actos de corrupción desde que se convirtió en superdelegada del gobierno federal en la entidad, lo anterior en virtud del desaseo que llevó a cabo en el uso de los programas sociales que suministraba (situación que en su momento se le denunció) y por otras acusaciones anteriores a éstas, entre ellas la del caso Altozano, la más sonada. Pero, por encima de esto, está un asunto que me parece todavía un peor lastre pues con éste se puede evidenciar mejor la inmoralidad de una persona, y más si ésta va a ocupar una responsabilidad de tan alto rango. Me refiero a aquellas fotos en las que Indira Vizcaíno, mujer casada y con hijos, aparecía tomada de la mano del ahora notario público Rogelio Rueda, también casado y con hijos, en un restaurante de la Ciudad de México. En algún momento señalé este acto como una traición a la moral impulsada por el lopezobradorismo, que enfatiza la rectitud y honestidad de los Siervos de la Nación, pero en este momento me parece todavía más propicia su alusión pues es precisamente esta transgresión a la probidad lo que está poniendo en aprietos la candidatura del mencionado Salgado Macedonio en Guerrero, porque nadie puede negar que el daño psicológico causado a sus presumibles víctimas de acoso sexual no es directamente proporcional al causado a las presuntas víctimas de adulterio. Siendo así, ¿por qué no debió constituir esto para el caso de Indira Vizcaíno un impedimento para la obtención de su candidatura? ¿a ninguna de las feministas listas le indignó lo que vivió la mujer de Rueda o el esposo de Vizcaíno con la violencia pública que esto ocasionó en su contra?  Por si esto no fuera poco, y para corroborar el pisoteo a la moral lopezobradorista con actos como estos, hace poco se registró para la candidatura a la diputación local por el distrito 14 la joven Andrea Naranjo, quien cuenta con una larguísima trayectoria de subordinación laboral ligada al mencionado priista Rogelio Rueda, lo que ha causado indignación entre propios y extraños. De esta misma forma inmoral (esto es deshonesta: esto es corrupta) es como también se han venido haciendo el resto de los registros a los diferentes cargos de elección popular, todos ellos prácticamente impuestos o con el visto bueno de Indira Vizcaíno y sin mayor requisito que ser sus aduladores. Pero si bien ya habrá momento de hablar de algunos de ellos (los más evidentemente perniciosos para el movimiento lopezobradorista), lo que sí resulta claro es que la candidata morenista a la gubernatura ha configurado su proyecto político tal como se configura una mafia, ese tipo de mafia que tanto criticó el presidente López Obrador de sus adversarios políticos. Indira Vizcaíno y su mafia están convencidos de que la autoridad moral lopezobradorista les va a ajustar para llegar sin ningún problema al poder (legislativo y ejecutivo), como sucedió en la elección pasada, pero yo no estaría tan seguro de que esto sea así si sigue imponiendo perfiles no sólo con poca o nula rentabilidad electoral sino, lo que es peor, también con un historial de ineptitudes y corruptelas que no harán sino hundir el barco cuatrotransformista colimense. La única ventaja que todavía le queda a este grupo es que, desafortunadamente, la oposición sigue medio en la luna y muchos de los candidatos que impulsa son igual o peores que sus contrincantes electorales, situación que también lamentarán de no dar pronto un viraje radical. Tal como se está configurando el panorama electoral, no me cabe ya la menor duda: el final del camino, por lo visto, da a un precipicio. Desafortunadamente, como siempre, es la sociedad la que terminará yéndose de bruces primero.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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