Opinión

COLUMNA: Paracaídas

La vida es primero: violencia, pandemia, desastres naturales

Por Rogelio Guedea

Todo nos pone a prueba solo para no dejarnos de advertir que, pese a lo vulnerables que podemos ser, la vida siempre será primero, por encima de todo. El último temblor se suma, por desgracia para los ciudadanos (y en esto no tienen la culpa los gobernantes) a una cadena de infortunios que parecen no tener fin en nuestra entidad. Lamentablemente, todavía no salimos de una cuando ya estamos entrando en otra. Primero fue la violencia desorbitada y lo poco que los gobiernos de todos los niveles han podido hacer hasta ahora para contenerla (a pesar de que llegan y llegan soldados para seguir combatiéndola). A la violencia se le unió súbitamente la pandemia, y con ella también las muertes de muchos colimenses. La pandemia puso en jaque nuestro sistema de salud (ya en jaque desde antes) y ahora tampoco hemos podido salir a flote de ello, de manera que seguimos atestiguando muchos reclamos ciudadanos en este sector por falta de medicamentos y apropiados servicios médicos. A la violencia y la pandemia se le suma ahora el temblor que, si bien no fue catastrófico, todavía se está por cuantificar los daños materiales que ha dejado en edificios de Gobierno, escuelas, propiedades privadas, en donde miles de personas corren el riesgo de sufrir una tragedia de haber otro temblor de iguales o similares dimensiones. Que esto no pase sí es responsabilidad de la clase gobernante. De estas tres tragedias vividas como una sola y gran tragedia tenemos que enfrentar la triste realidad de que no parece que vaya a haber una solución contundente. Hemos visto que la capacidad de los tres niveles de Gobierno para enfrentarlas se ha visto rebasada y que no ha sido posible que las puedan ver como un todo que se debe de enfrentar también como un todo, esto es, de manera unida tanto el Gobierno federal, estatal como los municipales. Mientras esta coordinación no exista, nuestra entidad seguirá padeciendo mayores males en el futuro, y estos males irán al mismo tiempo alejando la posibilidad de terminar con la tragedia consuetudinaria. Un poco en parte porque la clase gobernante de diferente ideología es incapaz de establecer alianzas para enfrentar una problemática de manera conjunta y un poco en parte por de la clase gobernante por sí misma es incapaz también de planear una estrategia eficaz para enfrentar sus retos, lo cierto es que estamos a la zaga siempre y con un sobrepeso de conflictos que conforme pasan los días se van convirtiendo en un lastre imposible de solucionar. La muestra está en que la violencia sigue a galope tendido, el sector salud está en picada y los desastres naturales nos ponen de cabeza, aunque sean de dimensiones modestas. Del mismo modo está el tema de las finanzas, el tema educativo, el tema del transporte, etcétera. ¿En qué momento veremos el trabajo conjunto real entre los tres niveles de Gobierno? ¿En qué momento nos mostrarán estrategias bien diseñadas para enfrentar cada una de estos grandes males? El tiempo apremia y la verdad es que los ciudadanos no vemos hasta cuándo podremos ver una mejoría en medio de tanta desolación. Por lo pronto, me parece oportuno que el Gobierno indirista se esté tomando muy en serio la revisión de los inmuebles afectados por el sismo, pues de no hacerlo así no tendríamos más remedio que sentarnos bien para esperar otra tragedia.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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