El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Paracaídas

“Guerra sucia contra la UdeC“

Por Rogelio Guedea

Pocos días después de que el gobernador Nacho Peralta declarara que no tenía dinero para pagar los salarios de los trabajadores al servicio del Gobierno del estado ni tampoco dinero para cubrir los adeudos a organismos autónomos y descentralizados, el Rector de la Universidad de Colima, Christian Torres Ortiz, ofreció un comunicado a la comunidad universitaria y a la población en general mediante el cual dio pormenores del adeudo del Gobierno estatal a nuestra Máxima Casa de Estudios y de las consecuencias que acarrearía el incumplimiento del mismo. Este comunicado fue claro y preciso y mostró la dimensión del problema financiero que esto le estaba generando a nuestra institución desde hace ya varios meses en virtud de la falta de puntualidad y certeza de esta partida presupuestal. Desde la administración del rector Hernández Nava y lo que va de la actual, la comunidad universitaria y la población en general han estado al tanto de estos adeudos del Gobierno de estado a nuestra Máxima Casa de Estudios y de que, en efecto, estos cubren un porcentaje del total del presupuesto universitario, pues el resto (la mayor parte) lo cubre el Gobierno federal. Esto lo volvió a explicar en la última entrevista pública el propio Rector Christian Torres Ortiz, quien además volvió a confirmar que con respecto a la partida presupuestal federal no había ningún problema (toda se cubría en tiempo y forma), pero no así con la estatal. Como es obvio, en las últimas semanas se ha utilizado esta información de manera sesgada por parte de algunos intereses adversos a nuestra casa de estudios para demeritar la legítima exigencia hecha de parte del Rector Torres Ortiz con respecto a los más de 260 millones que le adeuda el Gobierno estatal a nuestra institución, todo lo anterior con el argumento de que teniendo la partida correspondiente al gobierno federal le basta y sobra a nuestra casa de estudios para realizar sus funciones sustanciales. Lo anterior, por supuesto, me parece de una animosidad pendenciera. No se va a debatir aquí cuánto es el presupuesto justo para una universidad, porque en sentido estricto no habría nunca presupuesto que alcance para la generación y transmisión del conocimiento (lo que hace en esencia una universidad), pero basta decir que si se estableció ese presupuesto anual bipartito (federal y estatal, en sus debidos porcentajes) fue porque se consideró que era lo necesario y justo para que la universidad pudiera cumplir sus objetivos como institución. Por eso es que ponderar que el Rector Torres Ortiz está exagerando la nota al exponer las graves consecuencias que acarrearía no cumplir con el pago de este adeudo por parte de gobierno del Estado no hace sino inferir (maliciosamente, a su vez) de que el dinero que se pide es para fines o intereses personales aviesos y no para realmente el fin expuesto. No es así y quien así lo ha inferido no hace sino evidenciar su animadversión a la justa causa universitaria. El Rector Torres Ortiz, ya lo dije, ha manejado con mucha civilidad lo del impago universitario, cuidando siempre no exponer a la comunidad universitaria y fungiendo el liderazgo que estos casos ameritan, pero esto no quiere decir que el escenario no tenga la dimensión que él mismo ha descrito en sus comunicados ni que la universidad no tenga la fuerza para hacerlo notar con mayor contundencia. Dada la situación que impera en la gestión del gobernador Nacho Peralta, me queda claro que el adeudo a nuestra Máxima Casa de Estudios no cristalizará en esta administración por termina, de ahí que sea imperativo escuchar en su momento de propia voz de la todavía gobernadora electa Indira Vizcaíno, quien se ha mostrado sensible a esta problemática, cómo resolverá no momentáneamente sino para siempre ya está deuda (incluida la moral) que tiene el Gobierno estatal con nuestra Máxima Casa de Estudios, toda vez que no se trata de sino de un altísimo caso de estado pues con ello se afectan a miles de familias colimenses e, incluso, se pone en riesgo el propio desarrollo y bienestar de nuestra entidad.

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