Opinión

COLUMNA: Paracaídas

“La educación futura para Colima”

Por Rogelio Guedea

En su Diario íntimo, uno de los libros más hermosos que he leído en la vida, Amiel va dejando reflexiones clave sobre la importancia de la educación en la vida. Amiel, profundo siempre en sus inquisiciones, dice que la verdadera prueba de un sistema educativo es el hombre que realmente éste forma. “Si el sistema educativo no forma la inteligencia, es malo. Si no forma el carácter, es vicioso. Si no forma la conciencia, es criminal”. Un buen sistema educativo construirá, por tanto, como consecuencia lógica, una verdadera civilización, con hombres inteligentes, virtuosos y sensibles; uno malo o deficiente, una reprochable barbarie, parecida a una selva en la que prevalecerá la ley del más fuerte. La deuda que tiene nuestra entidad con una educación que no excluya a nadie (mucho menos a los maestros, ahora que ni siquiera se les paga su salario) es más que enorme y, el pago de la misma, ya no se puede postergar. Por eso, el reto que se le presenta al recién nombrado secretario de Educación y Cultura, Adolfo Núñez González, maestro normalista y ex diputado local, es uno de los más coyunturales del próximo gobierno de Indira Vizcaíno, quien tiene a la educación –según lo mencionó en campaña- como uno de los ejes torales de su administración.  El próximo secretario del ramo no sólo tendrá que tener la habilidad de darle solución a las problemáticas más básicas de la mera administración y operatividad del sistema educativo, sino que también tendrá que, habiéndose sobrepuesto a ello (pago de salario y respaldo pedagógico a maestros,  digna rehabilitación de centros escolares, apoyo a estudiantes de escasos recursos con derecho constitucional a una educación de calidad, etcétera), planear e implementar modelos de formación adicionales a los estrictamente impuestos por la currículum nacional para poder aspirar al prototipo de hombre del que hablaba Amiel en su Diario íntimo, entre los que debería estar sin duda un programa estatal de lectura de grandes miras que incluyera tanto la capacitación docente en este ámbito como la regeneración de lo que fuera la malograda biblioteca escolar, para que cada centro o por lo menos grupos de centros cuenten con una biblioteca de libros de interés para todos los estudiantes, con acceso incluso digital. Asimismo, como la Educación ahora irá de la mano de la Cultura, un proyecto amplio de promoción de la lectura elaborado conjuntamente con el programa de lectura (que implicaría a su vez una verdadera refundación de nuestra biblioteca estatal y municipales) marcaría una impronta inédita en la educación futura de Colima y en la importancia capital que le da el gobierno indirista a la lectura, parteaguas también entre la civilización y la barbarie. El maestro Adolfo Núñez, siendo maestro normalista,  conoce muy bien las carencias y virtudes de la educación básica de nuestra entidad, además de tener una visión muy cercana del medio rural, donde ha ejercido su magisterio, así que experiencia bastará y tendrá que sobrar para poder poner la bases para un cambio de rumbo de un sistema educativo que parece haberse quedado a la zaga en prácticamente todo, especialmente en la dignificación del maestro y en el apoyo real a sus estudiantes, sobre todo con los  menos favorecidos económicamente. Creo que la verdadera transformación de nuestro estado tiene que empezar y llegarnos por esta vía, la cual irá gradualmente –como sucede en las sociedades avanzadas- todas las demás, incluidas la económica y de seguridad.

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