Opinión

COLUMNA: Paracaídas

Informe Rectoral 2022

Por Rogelio Guedea

Este próximo 15 de diciembre a las 11am se llevará a cabo el informe del Rector Christian Torres Ortiz Zermeño. Es parte de su segundo año de gestión al frente de nuestra Máxima Casa de Estudios. No son pocos los logros que tendrá que informar el Rector en las diferentes áreas del quehacer universitario (desde el ámbito científico hasta el de gestión o de vinculación), en donde han cristalizado importantes acciones, pero, sin duda, más allá de estas promisorias estadísticas, hay varios aspectos que no se pueden medir tan fácilmente y que, a mí, en más de un sentido, me parece que sostienen (como los cimientos a las casas) aquellos aspectos medibles a través de las estadísticas. Son estos aspectos, que a veces pasan desapercibidos, de los que quisiera hablar con el fin de completar el resto de la (igualmente importante) numeralia. Por ejemplo, yo empezaría diciendo que, en este segundo año de gestión, el Rector Torres Ortiz ha logrado consolidar a una Universidad preocupada por su aportación a las problemáticas sociales más apremiantes de nuestra entidad, y esto se ha visto reflejado en una cantidad significativa de convenios de mutua colaboración entre nuestra Casa de Estudios y el Gobierno estatal, además de algunos gobiernos municipales y la iniciativa privada. Más allá de los convenios específicos, lo que enfatizo es el patente compromiso de nuestra Universidad por contribuir al desarrollo del estado, algo que desde el inicio de la gestión del Rector Torres Ortiz quedó evidente. Otro ámbito de clara consolidación es la manera en que el propio rector ha llevado a cabo su liderazgo. En su personal estilo de conducir a la institución ha quedado también patente su sensibilidad hacia todos los miembros de la comunidad universitaria, su respeto a la pluralidad y a las diferencias, y su compromiso por mantener a una Universidad libre de violencia de cualquier tipo, especialmente hacia las mujeres. Recordemos nada más que, en las denuncias por acoso, el Rector no ha tenido reticencias en aplicar los protocolos debidos para que se castigue a los responsables de tales violaciones. Un número considerable de docentes fueron despedidos de la institución por esta causa y esto es algo inédito para nuestra institución. Algo que me ha parecido de no menor importancia es el hecho de que en estos dos años de gestión, el Rector Torres Ortiz logró hacer que la unión de la comunidad universitaria se convirtiera en una parte fundamental de la identidad institucional. La Universidad como una gran familia en la que cada uno de sus miembros cumplen una labor fundamental para la casa de estudios. El Rector mismo trae la camiseta bien puesta y él mismo promueve y reconoce, a través incluso de sus propias redes sociales, los logros conseguidos por cada uno de sus miembros y grupos, y eso, en más de un sentido, genera un fuerte sentido de pertenencia. El hecho de que el propio rector proyecte este genuino amor por la institución que dirige no hace sino estimular a todo el resto de la comunidad a que haga y sienta lo mismo. Esta es una de las grandes virtudes de la gestión rectoral actual y, como digo, es muy difícil de medir a través de los medios tradicionales. Lo que tenemos, pues, en suma, es una institución fuerte, unida, en plena madurez, sensible a las problemáticas sociales, plural y diversa, solidaria y respetuosa con las minorías, y promotora de los grandes valores humanos. Como he dicho, estos logros son poco medibles estadísticamente, pero es imposible pasar indiferente a ellos, por eso se hace necesario enumerarlos. El Rector Torres Ortiz tiene todavía por delante un camino por recorrer en su gestión y no se le desea, sino que lo siga haciendo como hasta ahora, pues de esa manera no se le quedará a deber ni a la propia comunidad universitaria ni a la sociedad colimense misma, única razón de ser de nuestra institución educativa.

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